Por qué abandonamos el ejercicio y cómo lograr constancia según la ciencia


La presión por la perfección como principal obstáculo


Redacción Mundo de la Salud


Abandonar una rutina de ejercicio físico es una experiencia común, incluso entre personas que comienzan con una fuerte motivación. Un análisis reciente, difundido por Infobae, recoge los resultados de un estudio desarrollado por la Universidad de Michigan, que ofrece una explicación clara y respaldada por evidencia científica: los estándares rígidos y la búsqueda constante de la perfección son factores clave que llevan a muchas personas a dejar de entrenar.

Lejos de la idea de falta de fuerza de voluntad, la investigación señala que el problema suele estar en la manera en que se concibe la actividad física. Cuando el ejercicio se asocia exclusivamente con metas estrictas, rutinas inflexibles o resultados ideales, cualquier interrupción —una sesión perdida, menos tiempo disponible o un rendimiento inferior al esperado— puede generar frustración y, finalmente, abandono.

El impacto de los estándares rígidos en la motivación

El estudio citado por Infobae explica que muchas personas se imponen objetivos poco realistas desde el inicio. Programas exigentes, entrenamientos diarios o comparaciones constantes con modelos de rendimiento “ideal” crean una presión psicológica que resulta difícil de sostener en el tiempo. En este contexto, el ejercicio físico deja de percibirse como una práctica beneficiosa para la salud y pasa a convertirse en una fuente de estrés.

Los investigadores de la Universidad de Michigan observaron que esta rigidez favorece una lógica de “todo o nada”. Si no se cumple exactamente con lo planificado, la persona tiende a interpretar el desvío como un fracaso, lo que debilita la motivación y aumenta la probabilidad de abandonar la rutina por completo.

La constancia como proceso, no como resultado perfecto

Uno de los aportes centrales del trabajo es redefinir el concepto de constancia. En lugar de asociarla con la repetición perfecta y sin interrupciones, los expertos proponen entenderla como un proceso flexible, adaptado a las circunstancias personales. Según el análisis, mantener el hábito de moverse de forma regular es más importante que cumplir con un plan rígido de entrenamiento.

La investigación destaca que aceptar pausas, ajustes y variaciones en la intensidad del ejercicio permite sostener la práctica a largo plazo. Esta visión reduce la presión interna y favorece una relación más saludable con la actividad física, especialmente en personas que retoman el ejercicio después de períodos de inactividad.

Estrategias científicas para mantener la constancia

El artículo de Infobae recoge varias estrategias propuestas por los especialistas para evitar el abandono. Una de las más relevantes es establecer objetivos flexibles y alcanzables. En lugar de centrarse en metas ambiciosas, como entrenar todos los días o lograr cambios rápidos en el cuerpo, se recomienda priorizar la regularidad y la adaptación progresiva.

Otra estrategia clave es redefinir el éxito. Desde esta perspectiva, una sesión breve o una actividad de baja intensidad también cuentan como ejercicio físico válido. Este cambio de enfoque ayuda a reducir la autocrítica y refuerza la sensación de logro, elementos fundamentales para sostener la motivación.

El papel de la autoexigencia y la autocompasión

El estudio también subraya la importancia de la autoexigencia moderada. Cuando la práctica deportiva está dominada por la culpa o la comparación constante, el riesgo de abandono aumenta. En cambio, los investigadores destacan el valor de la autocompasión, entendida como la capacidad de reconocer las propias limitaciones sin descalificarse.

Según los expertos de la Universidad de Michigan, las personas que adoptan una actitud más comprensiva frente a los altibajos de su rutina muestran mayor constancia a largo plazo. Esta actitud permite retomar el ejercicio después de una pausa sin experimentar la sensación de haber “fallado”.

Adaptar el ejercicio a la vida cotidiana

Otro punto destacado en el artículo es la necesidad de integrar el ejercicio en la vida real, en lugar de intentar adaptar la vida a un plan de entrenamiento idealizado. Las responsabilidades laborales, familiares y personales influyen directamente en la disponibilidad de tiempo y energía, y no tenerlas en cuenta suele conducir a la frustración.

Los especialistas recomiendan ajustar las rutinas a las condiciones concretas de cada persona. Caminar, realizar sesiones cortas o variar el tipo de actividad son formas válidas de mantener el hábito activo. Esta adaptación favorece la constancia y reduce el abandono, especialmente en personas que recién comienzan.

Una mirada científica que cambia el enfoque tradicional

El análisis difundido por Infobae pone en cuestión la narrativa tradicional que asocia el éxito en el ejercicio físico con disciplina extrema y resultados rápidos. La evidencia presentada por la Universidad de Michigan sugiere que este enfoque puede ser contraproducente para la mayoría de las personas.

En cambio, la ciencia propone una relación más flexible y sostenible con la actividad física, donde la motivación se construye a partir de experiencias positivas y realistas. Este cambio de perspectiva no solo ayuda a mantener la práctica en el tiempo, sino que también mejora el bienestar general y la percepción del ejercicio como una herramienta de salud, y no como una obligación.

Referencias

Infobae. Por qué abandonamos el ejercicio y cómo mantener la constancia según la ciencia.
https://www.infobae.com/salud/2026/01/09/por-que-abandonamos-el-ejercicio-y-como-mantener-la-constancia-segun-la-ciencia/

Universidad de Michigan. Estudio sobre motivación, estándares rígidos y adherencia a rutinas de ejercicio.