Por qué la gripe y el COVID-19 pueden ser más graves en mayores de 65 años


Un estudio de la University of California, San Francisco, en Estados Unidos, identificó que el pulmón envejecido puede amplificar la inflamación y prolongar el daño respiratorio incluso después de controlar la infección


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz


Durante años, la mayor gravedad de infecciones respiratorias como la gripe y el COVID-19 en personas mayores de 65 años se explicó principalmente por el debilitamiento del sistema inmune. Esa lectura sigue siendo importante, pero ahora aparece un mecanismo más preciso: el pulmón envejecido no solo pierde capacidad de defensa, sino que puede reaccionar de manera desregulada, exagerar la inflamación y prolongar el daño en el tejido respiratorio.

La investigación fue realizada por la University of California, San Francisco, y publicada en la revista científica Immunity. El trabajo analizó por qué los cuadros respiratorios pueden escalar con más facilidad en adultos mayores, incluso cuando la infección viral ya ha sido controlada. El hallazgo central es que el envejecimiento modifica el comportamiento de células pulmonares que normalmente ayudan a sostener y reparar el tejido, pero que en este contexto terminan alimentando una respuesta inflamatoria más intensa.

El foco está en los fibroblastos, células estructurales del pulmón que cumplen un papel esencial en el mantenimiento del tejido. En un pulmón joven, la respuesta frente a virus respiratorios suele activarse, cumplir su función defensiva y luego disminuir. En adultos mayores, ese equilibrio puede romperse. Los fibroblastos cambian su comportamiento con la edad y pasan de colaborar en la contención del daño a favorecer una inflamación persistente.

El investigador Tien Peng, integrante del equipo de la University of California, San Francisco, explicó que uno de los aspectos más llamativos fue observar cómo los fibroblastos pulmonares colaboran estrechamente con células inmunitarias para impulsar la inflamación asociada al envejecimiento. Esa interacción celular ayuda a entender por qué, en algunos pacientes mayores, el problema no termina cuando baja la carga viral: el tejido pulmonar puede continuar bajo una respuesta inflamatoria dañina.

El estudio identificó una relación específica entre fibroblastos, macrófagos y un grupo de células inmunitarias asociadas al gen GZMK. Estas células, conocidas como GZMK+, forman parte del sistema defensivo, pero en el pulmón envejecido no actúan como una respuesta útil y limitada. En lugar de frenar el daño, contribuyen a mantener activa la inflamación.

Este proceso se vincula con la llamada inflamación asociada a la edad, un estado en el que el organismo permanece en alerta incluso cuando no existe una amenaza activa clara. En infecciones respiratorias, esa condición puede convertirse en un factor decisivo. La causa y el resultado quedan conectados de forma directa: el envejecimiento altera la respuesta celular del pulmón, esa alteración atrae y activa células inflamatorias, y el resultado es un daño respiratorio más persistente y grave.

Otro elemento central es la vía molecular NF-kB, relacionada con la respuesta inflamatoria. Los investigadores observaron que, cuando esta vía se activa en pulmones envejecidos, favorece la llegada de células GZMK+ al tejido. En teoría, esas células deberían ayudar al organismo a responder ante la infección. En la práctica, dentro de este mecanismo, terminan intensificando la lesión pulmonar.

Para comprobar el funcionamiento de este circuito, el equipo trabajó con modelos animales. Al activar señales propias del envejecimiento en pulmones jóvenes, los científicos lograron reproducir el patrón inflamatorio observado en personas mayores. El resultado fue la acumulación de células inflamatorias y el aumento de células GZMK+, en un cuadro semejante al de neumonías graves.

La parte más relevante del experimento apareció cuando los investigadores eliminaron esas células específicas. Al retirar las células GZMK+, el daño pulmonar disminuyó de manera significativa, incluso frente a infecciones severas. Ese resultado refuerza la idea de que la gravedad no depende únicamente del virus, sino de la forma en que el pulmón envejecido responde al ataque.

El trabajo también incorporó análisis en humanos. Al examinar tejido pulmonar de adultos mayores con cuadros graves de gripe y COVID-19, los investigadores detectaron estructuras inflamatorias similares a las observadas en los modelos animales. Esos cúmulos celulares se asociaron directamente con la gravedad clínica: cuanto mayor era su presencia, más comprometido se encontraba el paciente. En pulmones de personas jóvenes, ese patrón no aparecía de la misma forma.

Tien Peng describió una situación observada durante la pandemia: pacientes que ya no tenían virus activo, pero seguían con una inflamación pulmonar persistente y devastadora. Ese punto ayuda a explicar por qué algunos adultos mayores continúan con síntomas respiratorios severos aun después de superar la fase infecciosa. El virus puede haber sido controlado, pero la respuesta inflamatoria queda encendida.

El aporte práctico de este hallazgo es importante para la medicina respiratoria. Si la gravedad en adultos mayores no se explica solo por la presencia del virus, los tratamientos futuros podrían apuntar también a modular la respuesta inflamatoria del propio organismo. Entre las opciones mencionadas se encuentran bloquear la acción de las células GZMK+ o regular la vía NF-kB para evitar una activación excesiva.

Esto no significa abandonar el enfoque antiviral, sino complementarlo. En cuadros de gripe o COVID-19 en mayores de 65 años, la atención médica podría beneficiarse de estrategias que controlen tanto la infección como la inflamación desregulada del pulmón envejecido. La investigación abre una línea de trabajo orientada a reducir el daño durante la infección y favorecer una recuperación más rápida.

El descubrimiento cambia la manera de interpretar la vulnerabilidad respiratoria en la vejez. No se trata únicamente de un sistema inmune más débil, sino de un sistema que puede responder de forma desproporcionada y afectar sus propios tejidos. En ese escenario, el pulmón envejecido deja de ser un órgano pasivo frente al virus y pasa a ser parte activa del proceso que agrava la enfermedad.

Para la salud pública, el hallazgo también refuerza la necesidad de prestar atención temprana a los adultos mayores con infecciones respiratorias. La gripe y el COVID-19 pueden tener un comportamiento más complejo en este grupo poblacional porque el daño no depende solo de la infección inicial. La inflamación persistente, los cambios celulares asociados a la edad y la activación de vías moleculares específicas forman parte de una misma cadena biológica.

La investigación de la University of California, San Francisco, aporta una explicación concreta y verificable: fibroblastos envejecidos, células GZMK+, macrófagos y la vía NF-kB participan en una respuesta inflamatoria que puede agravar el daño pulmonar. Esa relación entre envejecimiento, inflamación y lesión respiratoria ayuda a entender por qué los mayores de 65 años enfrentan mayores riesgos ante virus respiratorios y por qué los tratamientos del futuro podrían mirar más allá del virus para proteger mejor al tejido pulmonar.

Referencias

Infobae. Constanza Almirón. “Descubren por qué las infecciones respiratorias son más graves en los mayores de 65 años”. Publicado el 30 de marzo de 2026.
https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/03/30/descubren-por-que-las-infecciones-respiratorias-son-mas-graves-en-los-mayores-de-65-anos/