La profesora Trish Lalor, de la Universidad de Birmingham, explica por qué el cuerpo ya “desintoxica” de forma continua y qué problemas pueden traer las limpiezas extremas y ciertos suplementos
Redactor: Abel Bolivar
Editor Eduardo Schmitz
Las promesas de “limpiar” el organismo reaparecen con fuerza cada año bajo fórmulas que suelen incluir jugos, tés, ayunos y suplementos. Se presentan como un “reinicio” del cuerpo después de excesos alimentarios y se difunden con facilidad en redes sociales y en el mercado del bienestar. Pero, desde la hepatología, el mensaje es distinto: el cuerpo ya cuenta con mecanismos para procesar y eliminar sustancias nocivas, y muchas dietas detox no solo resultan innecesarias, sino que pueden traer efectos indeseados.
La profesora Trish Lalor, especialista en Hepatología Experimental de la Universidad de Birmingham (Reino Unido), revisó el tema y señaló que las dietas detox no cumplen lo que prometen. Su análisis pone el foco en el funcionamiento real del organismo y en los límites de estas prácticas, sobre todo cuando se basan en restricciones prolongadas, “limpiezas” extremas o productos herbales con control variable de calidad y dosis.
El hígado, el riñón y el intestino ya hacen el trabajo todos los días
En el lenguaje popular, “desintoxicación” suele significar que el cuerpo acumula toxinas y que una dieta breve puede eliminarlas. Sin embargo, desde la fisiología, el proceso es continuo. El organismo transforma sustancias químicas para poder usarlas o eliminarlas de manera segura, principalmente por vías como la orina y las heces. En esa tarea, el hígado cumple un rol central, junto con el riñón y el intestino.
Lalor remarca que, en personas sanas, no hay necesidad de activar un mecanismo extra con dietas de pocos días, porque la desintoxicación ya ocurre de forma permanente. La idea de que puede “encenderse” con productos o regímenes cortos contradice cómo funciona el cuerpo. Lo que sí importa, en cambio, es reducir o evitar factores que sobrecargan al hígado y sostener hábitos consistentes, más que recurrir a atajos de corta duración.
Alcohol: el ejemplo más claro de cómo se sobrecarga el sistema
Para entender por qué el concepto comercial de “detox” no encaja con la biología, Lalor usa un ejemplo cotidiano: el metabolismo del alcohol. Cuando se consume alcohol, el organismo lo transporta al hígado y allí se descompone en etapas. En ese proceso aparece acetaldehído, una sustancia tóxica asociada a síntomas típicos de la resaca, y luego se transforma en acetato.
El problema surge cuando el consumo se vuelve excesivo o prolongado. En ese escenario, el hígado recurre a vías metabólicas alternativas que generan más sustancias nocivas y aumentan el estrés oxidativo. Con el tiempo, ese entorno puede provocar daño celular, inflamación y fibrosis (acumulación de tejido cicatricial). Si la progresión continúa, puede derivar en cirrosis, con alteración de la estructura y la función del órgano, elevando el riesgo de insuficiencia hepática y cáncer de hígado.
En este punto, la idea de “compensar” excesos con una dieta detox breve queda desmentida por el propio ejemplo: lo que protege al hígado no es una limpieza puntual, sino la moderación y el espaciado del consumo, sostenidos en el tiempo.
Por qué algunas personas “se sienten mejor” con una limpieza
Una razón por la que las dietas detox se vuelven atractivas es que muchas personas reportan sensación de bienestar durante o después de realizarlas. Lalor señala que esa mejoría suele tener explicaciones más simples y menos mágicas.
En algunos casos, el cambio se asocia a una menor ingesta calórica, a la reducción de alimentos ultraprocesados, a un mayor consumo de líquidos y, a veces, a un aumento de fibra. Esos ajustes pueden mejorar la percepción general, sin que exista una “eliminación de toxinas” adicional o un supuesto lavado hepático.
El punto crítico es que el efecto subjetivo puede llevar a interpretar que la dieta “funcionó” como detox, cuando en realidad el beneficio proviene de cambios dietarios básicos que podrían mantenerse sin necesidad de regímenes extremos. Lalor advierte, además, que una limpieza breve quizá no provoque efectos graves en adultos sanos, pero los riesgos aumentan cuando el plan se vuelve restrictivo o se prolonga, especialmente si incluye ingredientes herbales sin regulación adecuada.
Suplementos “detox”: calidad variable, dosis inciertas y riesgos reales
El mercado detox suele apoyarse en suplementos presentados como “naturales”. Lalor advierte que su calidad, dosis y composición pueden variar considerablemente, lo que eleva la probabilidad de efectos adversos.
La especialista menciona que algunos compuestos, como la vitamina D, la vitamina E o la N-acetilcisteína, tienen usos clínicos específicos bajo supervisión médica. Sin embargo, no funcionan como herramientas generales de desintoxicación ni “compensan” conductas perjudiciales sostenidas.
Además, incluso productos considerados naturales pueden causar daño. Lalor refiere estudios sobre extractos concentrados, como el extracto de té verde, que se han vinculado con inflamación hepática y elevación de enzimas en sangre, señales compatibles con estrés o lesión celular.
Cardo mariano, cúrcuma y carbón activado: lo popular no siempre es lo seguro
Entre los productos más difundidos en el mundo detox aparecen el cardo mariano y la cúrcuma, promocionados por sus propiedades antioxidantes. Lalor señala que existen investigaciones sobre su uso en afecciones hepáticas, pero los resultados son inconsistentes y no justifican su utilización generalizada como “limpieza” del organismo.
En el caso de la cúrcuma, un punto de preocupación es que algunos suplementos incluyen concentraciones elevadas de curcumina para mejorar su absorción, lo que puede aumentar el riesgo de efectos secundarios e interacciones. En el Reino Unido, autoridades sanitarias han advertido sobre posibles riesgos vinculados a estos productos.
El carbón activado es otro ejemplo de confusión frecuente. Se utiliza en contextos médicos para tratar intoxicaciones específicas, porque puede unirse a distintas sustancias. Pero Lalor advierte que no es apropiado para el consumo cotidiano: su mecanismo también puede interferir con la absorción de medicamentos, lo cual lo vuelve especialmente delicado para personas bajo tratamiento.
Qué enfoque tiene más sentido si el objetivo es “cuidar el hígado”
El argumento central de Lalor es claro: si una persona está sana, el cuerpo ya realiza la desintoxicación de forma continua y no necesita dietas especiales para “activar” ese proceso. Si el objetivo es mejorar la salud, el camino más sólido pasa por hábitos sostenidos y por reducir aquello que realmente sobrecarga al hígado.
En la práctica, esto implica prestar atención a conductas de riesgo —como el consumo excesivo de alcohol— y evitar atajos basados en restricciones prolongadas o suplementos con promesas amplias y respaldo limitado. Cuando hay dudas, síntomas o condiciones preexistentes, el enfoque prudente es consultar con profesionales de salud, en lugar de experimentar con limpiezas extremas.
Referencias
Infobae (30/03/2026). “Una profesora de hepatología advirtió que las dietas detox son innecesarias y explicó sus riesgos”. https://www.infobae.com/salud/2026/03/30/una-profesora-de-hepatologia-advirtio-que-las-dietas-detox-son-innecesarias-y-explico-sus-riesgos/
The Conversation (republicación en Yahoo News UK, 20/01/2026). “The truth about detoxes – by a liver specialist”. https://uk.news.yahoo.com/truth-detoxes-liver-specialist-180953734.html
