Pescado: beneficios de incluirlos en la alimentación


Tiene tantas proteínas como la carne, rico en vitaminas y minerales, pero además algunas variedades son también una importante fuente de Omega 3, ácidos grasos beneficiosos para la salud cardiovascular.


El pescado es un alimento con propiedades nutricionales que favorecen la salud cardiovascular en todas las edades. Posee proteínas de alto valor biológico o “completas”, es decir contienen todos los aminoácidos esenciales, vitaminas (A y D), minerales (yodo, zinc, selenio, fósforo) y ácidos grasos, principalmente Omega-3, destacando el DHA (docosaexaenoico) y EPA (eicosapentaenoico). A su vez, aquellas variedades que se consumen con su esqueleto (como las sardinas o la caballa) son una buena fuente de calcio.

En Argentina, a pesar de considerarse un país pesquero, el consumo de pescado es bajo, y se estima en 5 kg per cápita por año, valor muy inferior al promedio mundial que es de 20 kg per cápita por año. Los productos pesqueros provienen principalmente de pesqueras ubicadas en Mar del Plata, y la merluza representa el 56% de la venta, seguida por el calamar (9%) y el salmón rosado proveniente de Chile (6%).

Las Guías Alimentarias para la población Argentina (GAPA) recomiendan que los adultos consuman pescado al menos dos veces por semana. En el caso de los niños se puede incluir a partir de los 9 meses de edad, retirando las espinas con especial cuidado. Si existen antecedentes de alergia se debe retrasar la introducción hasta los 3 años de edad.

Pescado y alimentación
Foto GCBA

En relación a su consumo durante el embarazo, en algunos países con un fuerte consumo pesquero como España, se lo limita debido a su contenido en mercurio, un metal que puede causar daño neurológico durante la etapa de gestación y en los niños pequeños. Sin embargo, se sabe que en nuestro país el contenido de mercurio de los pescados destinados al consumo es bajo, por lo que se recomienda incluirlo en la alimentación, dada la importancia de la incorporación de Omega 3 en esta etapa. Se aconseja a las embarazadas consumir hasta 350 gr. de pescado a la semana (lo que equivale a 2 filetes medianos).

Los pescados pueden clasificarse según su procedencia en marinos (de mares y océanos), de agua dulce (ríos y lagos) y migratorios (viven en mares y desovan en ríos o viceversa). También pueden clasificarse según su contenido de grasa en magros (hasta 2% de grasa), semimagros (2-8% de grasa) y grasos (más de 8%). Entre las variedades de pescados grasos se encuentran el arenque, la caballa, bagre, salmón, surubí, etc. Entre los semimagros se encuentran el atún, bonito, pejerrey, dorado, trucha, salmón rosado, sardina, etc. Los peces magros son la merluza, el mero, la trucha, lenguado, bacalao, abadejo, pescadilla, corvina, entre otros. Las variedades de río o lago, por lo general presentan un sabor más suave que los de mar y su carne suele ser más blanda. Los pescados de agua fría como la caballa, arenque, salmón, atún, bacalao, etc., son ricos en ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega 3. Los peces de río, por el contrario, no aportan este tipo de ácidos grasos.

Los ácidos grasos omega 3 del pescado, EPA y DHA, son muy importantes para el desarrollo del cerebro y tienen efecto neuro-protector. Por otro lado, cada vez existe mayor evidencia científica de que estas grasas reducen el riesgo de desarrollo y progresión de afecciones oculares como la enfermedad del ojo seco y la degeneración macular relacionada con la edad. Además son beneficiosos para la salud cardiovascular: disminuyen los niveles de triglicéridos y de colesterol malo (LDL), aumentan el colesterol bueno (HDL), disminuyen la agregación plaquetaria, la presión arterial y la incidencia de arritmias. El EPA y el DHA no son ácidos grasos esenciales, es decir, pueden ser sintetizados en el organismo a partir del ácido graso alfa linoleico, presente en alimentos de origen vegetal como el lino, la soja o el aceite de canola, sin embargo, la eficiencia de esta conversión es baja (alrededor de 10-14%) y depende de la proporción en la dieta con los ácidos grasos de la serie omega-6, muy abundantes en la alimentación occidental. Idealmente, la proporción de omega 6 / omega 3 de la dieta debería mantenerse entre 1/5 y 1/10.

A la hora de comprar pescados se deben verificar las características de frescura: no debe tener olor desagradable, la carne debe ser firme y elástica, las escamas deben estar bien adheridas, las agallas deben ser rojas y brillantes, los ojos no deben estar hundidos, y la carne debe presentar un color blanco o bien rojo suave (no amarillo). En el punto de venta, debe estar conservado sobre escamas de hielo. El pescado que se compra entero debe lavarse y eviscerarse antes de refrigerar. También se sugiere quitar la cabeza y las escamas.

El pescado fresco puede conservarse de 1 a 2 días en la parte más fría de la heladera y hasta tres meses en freezer (-18º C), en recipiente tapado o en bolsas con cierre hermético. Para descongelar, hacerlo en heladera o microondas y nunca a temperatura ambiente. Una vez descongelado se deben consumir en el día y no volver a congelarse. No se recomienda consumir pescado crudo ni mal cocido.

Algunas ideas para incluir pescado en la alimentación pueden ser: escabeches, guisados, a la plancha o parrilla, en papillote, milanesas, albóndigas, croquetas, en rellenos, empanadas y tartas, pizza marina.

Debido a las medidas establecidas en relación a COVID-19 (coronavirus), algunas Estaciones Saludables permanecen cerradas y otras abiertas con un cronograma especial. También podes encontrarnos con actividades de asesoría nutricional de manera virtual.

Fuente: https://www.buenosaires.gob.ar/desarrolloeconomico/gastronomia/noticias/pescado-beneficios-de-incluirlos-en-la-alimentacion