Convivir con animales domésticos mejora la salud mental y física en todas las etapas de la vida

La evidencia científica confirma beneficios emocionales, sociales y corporales asociados a las mascotas


Redacción Mundo de la Salud


La relación entre las personas y los animales domésticos va mucho más allá del afecto o la compañía cotidiana. En los últimos años, un creciente cuerpo de investigaciones científicas ha confirmado que convivir con mascotas, especialmente con perros, tiene un impacto positivo y medible sobre la salud mental, la salud física y el bienestar general de personas de todas las edades. Estos beneficios abarcan desde la reducción del estrés y la ansiedad hasta mejoras en la actividad cardiovascular, el desarrollo emocional infantil y la calidad de vida en la vejez.

Especialistas en neuropsicología, como Lucía Crivelli, han destacado que el vínculo humano-animal actúa como un potente modulador emocional y social. Lejos de tratarse de una percepción subjetiva, los efectos observados están respaldados por estudios que analizan variables fisiológicas, cognitivas y conductuales en niños, adolescentes, adultos y adultos mayores.

Mascotas y salud mental: un apoyo emocional comprobado

Uno de los beneficios más estudiados de la convivencia con animales es su impacto en la salud emocional. La presencia de una mascota puede disminuir los niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos, en parte gracias a la liberación de oxitocina, una hormona vinculada al apego y al bienestar emocional.

Interactuar con un perro o un gato —acariciarlo, jugar o simplemente compartir el espacio— contribuye a regular el sistema nervioso, reduciendo la respuesta al estrés crónico. Este efecto resulta especialmente relevante en contextos de soledad, duelo o aislamiento social, donde los animales actúan como una fuente constante de contención afectiva y rutina diaria.

En adolescentes, por ejemplo, la convivencia con mascotas se asocia a una mayor estabilidad emocional y a mejores habilidades para manejar situaciones de tensión. En adultos, puede funcionar como un amortiguador frente a las exigencias laborales y familiares, mientras que en personas mayores ayuda a prevenir el deterioro del estado de ánimo y la apatía.

Impacto positivo en la salud física y cardiovascular

Más allá del plano psicológico, tener un animal doméstico también incide directamente en la salud física. En el caso de los perros, la necesidad de pasearlos fomenta una mayor actividad física, lo que se traduce en beneficios para el sistema cardiovascular, el control del peso corporal y la movilidad general.

Estudios observacionales han mostrado que las personas que conviven con perros presentan, en promedio, niveles más bajos de presión arterial, menor riesgo de enfermedades cardíacas y una mayor adherencia a hábitos saludables. Incluso en personas con patologías crónicas, la presencia de una mascota puede favorecer la constancia en rutinas diarias y mejorar la percepción subjetiva de la salud.

En adultos mayores, estos efectos son particularmente relevantes. Mantenerse activos, aunque sea a través de caminatas moderadas, contribuye a preservar la autonomía, reducir el riesgo de caídas y mejorar la capacidad funcional a largo plazo.

Beneficios en la infancia y el desarrollo social

En niños, la convivencia con animales domésticos desempeña un papel significativo en el desarrollo emocional y social. Las mascotas pueden convertirse en figuras de apego seguro, favoreciendo la empatía, la responsabilidad y la regulación emocional.

La interacción cotidiana con un animal ayuda a los más pequeños a reconocer emociones, desarrollar habilidades sociales y fortalecer la autoestima. Además, algunos estudios sugieren que crecer con mascotas puede contribuir a una mejor adaptación social y a una menor incidencia de trastornos de ansiedad infantil.

Desde el punto de vista físico, también se ha observado que la exposición temprana a animales puede influir positivamente en el sistema inmunológico, reduciendo la probabilidad de ciertas alergias y fortaleciendo las defensas del organismo durante etapas clave del desarrollo.

Adolescencia, compañía y regulación emocional

La adolescencia es una etapa marcada por cambios emocionales intensos y desafíos en la construcción de la identidad. En este contexto, las mascotas pueden actuar como un factor de estabilidad emocional. A diferencia de las relaciones humanas, los animales ofrecen una compañía sin juicios, lo que facilita la expresión emocional y reduce sentimientos de incomprensión o aislamiento.

Para muchos adolescentes, cuidar de una mascota implica asumir responsabilidades y establecer rutinas, aspectos que contribuyen al desarrollo de la autonomía y la autoeficacia. Estos elementos son claves para una transición saludable hacia la vida adulta.

Adultos mayores: compañía, propósito y calidad de vida

En la vejez, la convivencia con animales domésticos adquiere un valor especial. La jubilación, la pérdida de seres queridos o la disminución de la red social pueden aumentar el riesgo de soledad y depresión. En este escenario, una mascota proporciona compañía constante, estructura diaria y un sentido de propósito.

Diversas investigaciones han señalado que los adultos mayores que conviven con animales muestran mejores indicadores de calidad de vida, menor consumo de ciertos medicamentos y una actitud más activa frente al envejecimiento. Además, el vínculo afectivo con el animal puede estimular funciones cognitivas y emocionales, retrasando el deterioro asociado a la edad.

Un vínculo que requiere responsabilidad y conciencia

Si bien los beneficios son numerosos, los especialistas subrayan que la decisión de incorporar un animal al hogar debe tomarse con responsabilidad. El bienestar de la mascota y de la persona deben ir de la mano. Factores como el tiempo disponible, el espacio, los recursos económicos y las condiciones de salud son determinantes para que la convivencia sea positiva y sostenible.

Cuando estas variables se tienen en cuenta, el vínculo humano-animal se convierte en una relación mutuamente beneficiosa, capaz de mejorar la salud integral y el bienestar emocional a lo largo de toda la vida.

Una herramienta complementaria para el bienestar integral

La evidencia científica refuerza la idea de que los animales domésticos no solo son compañeros afectivos, sino también aliados en la promoción de la salud mental y física. Su influencia positiva atraviesa generaciones y contextos sociales, aportando beneficios tangibles en un mundo cada vez más marcado por el estrés y la desconexión.

Integrar a las mascotas como parte de una estrategia de bienestar no reemplaza otros cuidados médicos o psicológicos, pero sí constituye un complemento valioso, accesible y profundamente humano.

Referencias

Infobae. Tener un animal doméstico impacta positivamente en la salud mental y física de las personas de cualquier edad.
Crivelli, Lucía. Aportes en neuropsicología sobre vínculo humano-animal y bienestar emocional.
Estudios científicos internacionales sobre salud mental, actividad física y convivencia con mascotas.


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.