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¿Tener el virus del papiloma humano significa enfermar de cáncer?

Imagen microscópica de un carcinoma invasivo de células escamosas de la vagina, relacionado con el virus del papiloma humano (VPH). Shutterstock / David A Litman

El virus del papiloma humano (VPH) es un virus cuya familia está constituida por más de 100 tipos. De ellos, hay al menos 14 que se consideran agentes causales de diversos tipos de cáncer que afectan tanto a hombres como a mujeres.


Marta del Pino, Universitat de Barcelona


Globalmente, el VPH es el causante de uno de cada veinte casos de cáncer en humanos (uno de cada diez en mujeres). Es el responsable de la prácticamente totalidad de los cánceres de cuello uterino, así como de una proporción variable de cánceres de vagina, vulva, ano, pene y orofaringe: alrededor del 60 % de las neoplasias de vagina, el 40 % de los cánceres de vulva y pene, hasta el 85 % de los cánceres de canal anal y entre el 30 % y 70 % de los carcinomas de orofaringe.

De las implicaciones del VPH con los diferentes cánceres, la mejor definida es la del cáncer de cuello uterino. El cancer de cuello de útero es el cuarto tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres.

En el mundo se diagnostican anualmente más de 550 000 nuevos casos de cáncer de cuello de útero y mueren más de 300 000 mujeres por esta enfermedad. La historia natural de la infección VPH en las otras regiones anatómicas diferentes al cuello del útero es menos conocida.

¿Cómo se contagia el VPH?

La infección genital por el VPH es tremendamente frecuente. Los VPH se transmiten principalmente por contacto sexual. Se estima que aproximadamente entre el 50 y el 80 % de las mujeres sexualmente activas entran en contacto con el VPH en algún momento de su vida.

A pesar de que la mayoría de las personas adquiere este virus poco después de iniciar su vida sexual, la infección puede producirse en cualquier momento de la vida. Diversos factores, como el inicio precoz de las relaciones sexuales o el número de parejas sexuales, aumentan el riesgo de infección, mientras que otros, como la vacuna frente al VPH o la utilización de preservativo, lo reducen.

De la infección por VPH al cáncer

La infección por el VPH no causa síntomas y, en general, se elimina espontáneamente. Las defensas de cada individuo se encargarán de eliminar el virus. Por tanto, la mayoría de las infecciones durarán solo unos meses (o unos pocos años) y muchas de ellas pasarán desapercibidas.

Sin embargo, entre un 10 y un 15 % de los casos el VPH no se eliminará y persistirá durante décadas. La persistencia viral es la condición necesaria para que aparezcan lesiones premalignas. Si estas lesiones no se diagnostican precozmente y no se tratan, puede aparecer un cáncer.

La capacidad de persistencia del VPH depende de múltiples factores: factores virales (el tipo de VPH o la carga viral), factores del individuo infectado (si este tiene alguna enfermedad o toma medicación que debilite su sistema de defensas) y factores ambientales (como el tabaco, el tipo de anticonceptivos que utiliza, el número de parejas sexuales…).

Herramientas de prevención

La prevención primaria (vacunas) y secundaria (cribado) son las principales herramientas que tenemos para evitar la infección y el desarrollo de lesiones premalignas y cáncer.

En el año 2006, se empezaron a comercializar dos vacunas capaces de prevenir la infección por los tipos de VPH 16 y 18, los dos tipos de VPH responsables del 70 % de los cánceres de cuello de útero y de la mayoría de los cánceres relacionados con el VPH en otras localizaciones (vagina, vulva, pene, canal anal y orofaringe). Actualmente, existen tres vacunas comercializadas para prevenir el VPH que han demostrado una altísima seguridad y eficacia (próxima al 100 %) en prevenir la infección y, por tanto, también la aparición de lesiones.

Con ellas, es posible impedir el desarrollo de cerca del 90% de los cánceres causados por este virus. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la administración sistemática de vacunas frente al VPH y la mayoría de los países, siguiendo sus directrices, han incorporado la vacuna en sus programas de inmunización.

De hecho, en España está incluida en el calendario vacunal de las niñas y de adultos considerados “de riesgo” (hombres y mujeres con infección por VIH, varones que tienen sexo con varones, hombres y mujeres que han recibido un trasplante de médula ósea, mujeres tratadas por una lesión premaligna de cuello uterino, etc.).

Vacunas y cribado, herramientas para la eliminación del cáncer

En el caso del cáncer de cuello uterino, además, existe una prevención secundaria (cribado) cuyo objetivo es disminuir el número y la mortalidad de esta neoplasia mediante la detección de lesiones premalignas.

El tratamiento de estas lesiones (habitualmente mediante la extirpación de una parte del cuello de útero o conización) permite prevenir su progresión y el desarrollo del cáncer. Hasta la actualidad, el cribado del cáncer de cuello de útero se ha basado en la citología.

Sin embargo, recientemente, las pruebas de detección del VPH en el cuello de útero han demostrado ser más útiles en la prevención del cáncer que la citología. Por eso, actualmente se están organizando estrategias de cribado basadas en la detección del VPH en lugar de en la citología. No existen programas de prevención secundaria para otras neoplasias relacionadas con el VPH.

Combinar una correcta prevención primaria y secundaria, es decir, obtener una elevada cobertura vacunal y un adecuado cribado de la población, es requisito indispensables para alcanzar el objetivo futuro que se ha marcado la OMS: la eliminación del cáncer de cuello del útero a nivel mundial.

Además, recientemente, la Organización Europea contra el Cáncer (ECO) se ha propuesto ir un paso más allá y, dentro del plan europeo de lucha contra el cáncer, se ha lanzado la iniciativa conseguir la eliminación de todos los cánceres relacionados con el VPH en Europa.

Marta del Pino, Profesora asociada. Consultora en Unidad de Ginecología Oncológica del Hospital Clínico de Barcelona, Universitat de Barcelona

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.



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