El frío despierta el hambre: cómo cuidar la alimentación sin aumentar de peso en invierno


Nutricionistas advierten que el cuerpo no necesita tantas calorías adicionales como suele creerse y recomiendan priorizar comidas calientes, nutritivas y equilibradas


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.

La llegada de las bajas temperaturas suele modificar los hábitos alimentarios. Muchas personas sienten que el cuerpo les pide platos más abundantes, calientes y calóricos, como guisos pesados, pastas, chocolates, panificados, frituras o comidas rápidas. Sin embargo, especialistas en nutrición advierten que el organismo no necesita tantas calorías adicionales como se cree, especialmente cuando la mayor parte del día transcurre en ambientes calefaccionados.

El aumento del apetito durante el invierno no responde a una sola causa. Intervienen factores biológicos, culturales y emocionales. El frío puede generar una búsqueda de alimentos que aporten sensación de saciedad y bienestar, pero también influye la menor actividad física, la vida social alrededor de comidas más pesadas y la costumbre de asociar el invierno con preparaciones de alto aporte energético.

Por qué el frío parece aumentar el apetito

La licenciada en Nutrición María Eugenia Castro, jefa del Servicio de Alimentación del Hospital Italiano, explicó que durante el invierno el organismo tiende a buscar alimentos que generen mayor saciedad y confort. Esa tendencia se vincula con una memoria biológica asociada a conservar el calor corporal, aunque en la vida actual ese gasto energético extra suele ser limitado.

La nutricionista Laura Romano también señaló que el frío puede aumentar algo el gasto energético, pero aclaró que ese incremento suele ser mucho menor de lo que muchas personas imaginan. Para quienes viven y trabajan en ambientes calefaccionados, la necesidad real de sumar calorías no justifica un aumento descontrolado de alimentos densos en energía.

Comidas calientes sin perder calidad nutricional

El problema no está en comer platos calientes, sino en cómo se preparan. Un guiso puede ser una comida equilibrada si incluye legumbres, verduras, proteínas magras y carbohidratos de buena calidad. En cambio, puede convertirse en una opción muy calórica si se carga con embutidos, panceta, salsas cremosas o exceso de grasas.

Castro recomendó elegir sopas caseras, guisos con legumbres, verduras cocidas, tortillas, soufflés, salteados o preparaciones al horno. También destacó la importancia de incorporar proteínas en cada comida para aumentar la saciedad, como carnes magras, huevos y legumbres.

Los carbohidratos no deben eliminarse, pero sí conviene elegir opciones de mejor calidad. Avena, papa, batata, arroz integral y legumbres pueden formar parte de una alimentación invernal equilibrada si se combinan con verduras y proteínas suficientes.

Frutas, verduras e hidratación también importan en invierno

Durante los meses fríos suele bajar el consumo de ensaladas, frutas, yogures y bebidas frescas. Algunas personas sienten que los alimentos con alto contenido de agua generan más sensación de frío, pero eso no significa que deban desaparecer de la dieta.

Las frutas pueden mantenerse a temperatura ambiente para facilitar su consumo diario. Naranjas, mandarinas, manzanas y bananas son alternativas prácticas durante el invierno. Las verduras, por su parte, pueden incorporarse cocidas en sopas, guisos, tortillas, salteados o preparaciones al horno.

La hidratación también se descuida cuando baja la sensación de sed. Las especialistas recordaron que el agua sigue siendo necesaria y que las infusiones calientes, el café o el mate pueden contribuir al consumo de líquidos, siempre que no se carguen con exceso de azúcar o edulcorantes.

Menos movimiento y más calorías: una combinación de riesgo

Durante el invierno suele disminuir la actividad física y aumentar el sedentarismo. Esa reducción del gasto energético, combinada con mayor consumo de alimentos calóricos, favorece el aumento de peso.

Las especialistas recomiendan sostener la actividad física de manera regular incluso en días fríos. No se trata necesariamente de entrenamientos intensos, sino de mantener el cuerpo en movimiento, caminar, realizar ejercicios en casa o adaptar la rutina para no abandonar por completo el gasto energético habitual.

La clave está en no usar el frío como excusa para perder el control alimentario. Comer platos calientes puede ser saludable y placentero si se planifica con equilibrio, se evitan excesos de ultraprocesados y se mantiene una rutina de movimiento.

Cómo evitar el aumento de peso sin dietas extremas

Para cuidar el peso en invierno, las nutricionistas recomiendan organizar las comidas, no saltear platos principales y evitar llegar con hambre excesiva a la noche. También conviene limitar snacks, facturas, chocolates, frituras y comidas rápidas, que suelen concentrar muchas calorías en porciones pequeñas.

Una sopa de verduras puede ser una entrada o acompañamiento, pero para convertirse en comida completa necesita incorporar proteína y algún carbohidrato. Puede incluir pollo, huevo, queso en cubos, arroz, fideos o legumbres, además de una buena cantidad de verduras.

Romano destacó que las verduras enteras o cortadas aportan más textura y saciedad que las preparaciones totalmente procesadas. La fibra sigue presente aunque se licúe, pero la digestión suele ser más rápida cuando todo está triturado, por lo que una sopa con trozos puede ayudar mejor a sostener la saciedad.

El invierno no exige abandonar los hábitos saludables. Exige adaptarlos. Comer caliente, mantener frutas y verduras, hidratarse, evitar ultraprocesados y sostener la actividad física permite atravesar los meses fríos sin caer en aumentos de peso evitables ni en restricciones innecesarias.

Fuente(s) referenciales

Infobae. El frío despierta el hambre: qué dicen nutricionistas y cómo evitar el aumento de peso. Publicado el 16 de mayo de 2026.

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