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¿A qué edad una persona es “grande” para correr? Lo que dice la ciencia sobre el running a lo largo de la vida


Correr no tiene fecha de vencimiento, pero sí requiere ajustes


Redacción Mundo de la Salud


La pregunta aparece con frecuencia en consultas médicas, conversaciones informales y foros deportivos: ¿existe una edad a partir de la cual correr deja de ser recomendable? La ciencia y los especialistas en salud, actividad física y medicina del deporte coinciden en una respuesta clara: no hay una edad límite universal para correr. Sin embargo, el running sí exige adaptaciones específicas a medida que el cuerpo envejece, si el objetivo es preservar el bienestar, evitar lesiones y sostener el hábito a largo plazo.

El artículo de referencia recoge la mirada de expertos que analizan cómo cambian las capacidades físicas con el paso de los años y qué estrategias permiten seguir corriendo de forma segura y beneficiosa en cada etapa de la vida.

Edad biológica versus edad cronológica

Uno de los primeros puntos que subrayan los especialistas es la diferencia entre edad cronológica y edad biológica. Mientras la primera se mide en años, la segunda refleja el estado real del organismo, influido por factores como el nivel de actividad física, la alimentación, el descanso y la presencia de enfermedades.

Desde esta perspectiva, una persona de 60 años activa y entrenada puede estar en mejores condiciones para correr que alguien de 40 con una vida sedentaria. La ciencia del ejercicio señala que el envejecimiento no es uniforme y que la capacidad de adaptación del cuerpo se mantiene durante décadas si se estimula de manera adecuada.

Qué cambia en el cuerpo con el paso del tiempo

A partir de la adultez, el organismo experimenta transformaciones progresivas. Los expertos explican que se produce una disminución gradual de la masa muscular, la densidad ósea y la elasticidad de los tejidos, además de cambios en la capacidad cardiovascular.

Estas modificaciones no implican que correr sea perjudicial, pero sí que el cuerpo responde de manera distinta al esfuerzo. La recuperación suele ser más lenta y el riesgo de lesiones aumenta si no se respetan los tiempos de descanso y la progresión adecuada del entrenamiento.

Por este motivo, la ciencia no habla de una edad en la que una persona sea “demasiado grande” para correr, sino de la necesidad de ajustar la intensidad, el volumen y la frecuencia del ejercicio.

Correr en la juventud y la adultez temprana

En las primeras décadas de la vida adulta, el cuerpo suele tolerar mejor cargas de entrenamiento elevadas. Sin embargo, los especialistas advierten que esta etapa también conlleva riesgos si se abusa de la exigencia física o se ignoran señales de fatiga.

La ciencia destaca que una base sólida de técnica, fortalecimiento muscular y hábitos saludables en esta etapa puede marcar la diferencia en la capacidad de seguir corriendo con el paso de los años. La prevención temprana de lesiones es clave para una vida activa a largo plazo.

El running a partir de los 40 y 50 años

Con la llegada de la mediana edad, muchos corredores comienzan a notar cambios en su rendimiento. Según los expertos citados, esta etapa no implica abandonar el running, sino replantear objetivos y expectativas.

A partir de los 40 o 50 años, la ciencia recomienda prestar mayor atención al calentamiento, al entrenamiento de fuerza y a la calidad del descanso. Incorporar días de recuperación activa y reducir la obsesión por marcas personales permite sostener el hábito sin comprometer la salud.

Los especialistas destacan que correr en esta etapa aporta beneficios claros para la salud cardiovascular, el control del peso y el bienestar mental, siempre que se respeten las señales del cuerpo.

Correr en edades avanzadas: beneficios y precauciones

En personas mayores, correr sigue siendo posible y beneficioso, pero requiere una planificación aún más cuidadosa. La evidencia científica muestra que la actividad aeróbica regular ayuda a preservar la movilidad, la independencia funcional y la salud del corazón.

Los expertos señalan que, en esta etapa, es fundamental adaptar el ritmo y la duración de las sesiones, priorizando la regularidad sobre la intensidad. En algunos casos, alternar la carrera con caminatas rápidas puede ser una estrategia eficaz para reducir el impacto sin perder beneficios.

La clave, según la ciencia, está en mantener el movimiento sin forzar estructuras que ya no se recuperan con la misma rapidez que en etapas anteriores.

El papel de la prevención y el seguimiento profesional

Otro aspecto central es la prevención de lesiones. A cualquier edad, pero especialmente con el paso del tiempo, los especialistas recomiendan realizar controles médicos periódicos y, cuando sea posible, contar con orientación profesional.

El seguimiento permite detectar factores de riesgo, ajustar cargas de entrenamiento y adaptar el running a condiciones individuales como problemas articulares o cardiovasculares. La ciencia insiste en que correr no debe entenderse como una actividad aislada, sino como parte de un enfoque integral de salud.

Ajustes clave para correr a lo largo de los años

El artículo destaca que los ajustes no son señales de debilidad, sino de inteligencia deportiva. Reducir la velocidad, aumentar los días de descanso o modificar la superficie de entrenamiento son decisiones que prolongan la vida deportiva.

Los expertos explican que escuchar al cuerpo es una de las habilidades más importantes que se desarrollan con la experiencia. Ignorar dolores persistentes o señales de agotamiento aumenta el riesgo de lesiones que sí pueden obligar a abandonar la actividad.

Correr como herramienta de bienestar a cualquier edad

Más allá del rendimiento, la ciencia resalta el valor del running como herramienta de bienestar integral. Correr contribuye a la salud mental, reduce el estrés y favorece el equilibrio emocional, aspectos especialmente relevantes a medida que avanza la edad.

Desde esta perspectiva, la pregunta no debería ser cuándo una persona es demasiado grande para correr, sino cómo adaptar la carrera para que siga siendo una fuente de salud y disfrute a lo largo del tiempo.

Lo que dice la ciencia en síntesis

Los expertos coinciden en que no existe una edad universal que marque el final del running. La ciencia del ejercicio demuestra que el cuerpo humano conserva la capacidad de adaptarse al movimiento durante toda la vida, siempre que se respeten sus tiempos y limitaciones.

Correr a los 30, a los 50 o a los 70 años no es lo mismo, pero en todos los casos puede ser una práctica saludable si se realiza con criterio. El mensaje central es claro: la edad no es una barrera, sino una variable más a tener en cuenta en el camino hacia una vida activa y saludable.

Referencias

Infobae – ¿A qué edad una persona se considera grande para correr, según la ciencia?
https://www.infobae.com/salud/ciencia/2025/12/27/a-que-edad-una-persona-se-considera-grande-para-correr-segun-la-ciencia/


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.