En Buenos Aires, especialistas del Hospital Alemán aplican una cirugía de estimulación cerebral profunda que mejora funciones motoras cuando los medicamentos ya no logran controlar bien la enfermedad
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Para muchas personas con Parkinson avanzado, llega un momento en el que los medicamentos dejan de ofrecer la misma respuesta que al inicio. Los temblores reaparecen con más frecuencia, los movimientos se vuelven más lentos, aparecen bloqueos al caminar y la vida diaria empieza a depender de horarios estrictos de medicación que ya no alcanzan para sostener una buena calidad de vida. En esa etapa, el desafío médico deja de ser solo aliviar síntomas: pasa a ser recuperar autonomía, reducir fluctuaciones y devolver estabilidad.
En ese contexto, la estimulación cerebral profunda, conocida popularmente como “marcapasos cerebral”, se ha consolidado como una de las alternativas más avanzadas para determinados pacientes. Esta técnica, que se realiza en el Hospital Alemán de Buenos Aires, permite intervenir sobre circuitos cerebrales específicos para reducir síntomas motores y mejorar el funcionamiento diario. Lejos de ser una solución general para todos los casos, se trata de un procedimiento cuidadosamente indicado y diseñado de forma personalizada. (infobae.com)
Una técnica que actúa sobre las señales eléctricas del cerebro
La estimulación cerebral profunda consiste en la colocación de electrodos en zonas precisas del cerebro que están involucradas en el control del movimiento. Estos electrodos se conectan a un dispositivo implantado en el cuerpo, similar a un marcapasos, que envía impulsos eléctricos para modular la actividad neuronal.
El objetivo no es curar la enfermedad ni detener su avance, sino reducir síntomas que afectan de manera severa la vida cotidiana. Entre ellos están los temblores resistentes al tratamiento, la rigidez, la lentitud motora y los períodos de bloqueo o pérdida de respuesta a la medicación.
Esta intervención permite estabilizar mejor los movimientos y disminuir los altibajos que muchos pacientes experimentan a lo largo del día. Esa mejora, en muchos casos, se traduce en una recuperación concreta de actividades básicas: caminar con más seguridad, vestirse, comer o realizar tareas sin tanta dependencia. (infobae.com)
No reemplaza la medicación, pero puede cambiar el día a día
Uno de los puntos que remarcan los neurólogos es que esta cirugía no sustituye completamente el tratamiento farmacológico. La estimulación cerebral profunda forma parte de un abordaje integral y suele complementar el manejo clínico ya existente.
Sin embargo, en los pacientes adecuados puede marcar una diferencia importante. La reducción de fluctuaciones motoras, la menor intensidad de los síntomas y la posibilidad de disminuir ciertas dosis permiten una vida más previsible y menos limitada por los ciclos de empeoramiento.
Esto tiene un impacto directo en la autonomía. Recuperar estabilidad en el movimiento significa también recuperar confianza para salir, socializar, planificar actividades o sostener rutinas sin el temor constante a una crisis motora inesperada. (infobae.com)
La selección del paciente es una parte central del éxito
La estimulación cerebral profunda no está indicada para cualquier persona con Parkinson. El proceso previo requiere una evaluación detallada del estado general del paciente, la evolución de la enfermedad, la respuesta a los medicamentos, el perfil cognitivo y las condiciones emocionales.
Los especialistas insisten en que el éxito del procedimiento depende en gran parte de una correcta selección. No se trata de una cirugía estándar, sino de una intervención que debe adaptarse al momento clínico y a las necesidades de cada persona.
Por eso, el trabajo en equipo entre neurólogos, neurocirujanos, especialistas en imágenes y rehabilitación es fundamental. La personalización del tratamiento es una de las claves para obtener buenos resultados y evitar expectativas poco realistas. (infobae.com)
La recuperación va más allá del quirófano
El procedimiento no termina con la cirugía. Tras la implantación del dispositivo, comienza una etapa de ajustes y seguimiento que resulta decisiva para optimizar los resultados.
Los especialistas deben calibrar la intensidad y frecuencia de los impulsos eléctricos según la respuesta del paciente. Este proceso requiere controles, observación y una adaptación progresiva. Además, la rehabilitación y el acompañamiento clínico posterior ayudan a consolidar los beneficios funcionales.
En muchos casos, esta etapa permite que la persona recupere seguridad en movimientos que había perdido o que realizaba con gran dificultad. Más que un cambio brusco, suele tratarse de una mejora progresiva que devuelve calidad de vida. (infobae.com)
Tecnología al servicio de una vida más digna
La estimulación cerebral profunda representa uno de los ejemplos más claros de cómo la tecnología médica puede cambiar la experiencia de vivir con una enfermedad crónica. En Parkinson avanzado, donde el desgaste físico y emocional suele ser alto, mejorar el movimiento significa también recuperar tiempo, independencia y bienestar.
Los especialistas del Hospital Alemán destacan que esta técnica debe entenderse como una herramienta de precisión dentro de un tratamiento más amplio, centrado en la persona. La meta no es solo controlar síntomas, sino preservar dignidad, funcionalidad y calidad de vida durante más tiempo.
En enfermedades neurodegenerativas, donde cada avance cuenta, intervenciones como esta muestran que la medicina moderna no solo prolonga tratamientos: también puede devolver espacios de libertad que parecían perdidos. (infobae.com)
