El científico estadounidense, galardonado con el Nobel de Medicina en 1962, deja un legado central en la biología moderna y una vida marcada por la genialidad y la controversia
Redacción Mundo de la Salud
James Dewey Watson, uno de los descubridores de la estructura del ADN y figura clave en la historia de la genética, falleció a los 97 años de edad, según confirmaron fuentes académicas y científicas vinculadas a su trayectoria. Su muerte marca el final de una era en la biología molecular, una disciplina que transformó radicalmente la medicina y las ciencias de la vida en el siglo XX.
El descubrimiento que cambió la biología
Watson, junto a Francis Crick, presentó en 1953 el modelo de doble hélice del ácido desoxirribonucleico (ADN), el material genético que contiene la información necesaria para el desarrollo y funcionamiento de todos los seres vivos. Aquel hallazgo, publicado en la revista Nature, permitió comprender por primera vez cómo se almacena y transmite la herencia genética.
El descubrimiento fue el resultado de una intensa carrera científica que involucró a varios laboratorios europeos y estadounidenses. Watson y Crick se basaron en gran parte en los datos experimentales obtenidos por la cristalógrafa británica Rosalind Franklin, cuyo trabajo con difracción de rayos X resultó esencial para identificar la estructura helicoidal de la molécula.
En 1962, Watson, Crick y Maurice Wilkins recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por su contribución decisiva al entendimiento de la estructura del ADN. Franklin, fallecida en 1958, no fue incluida en el reconocimiento, lo que más tarde originó un amplio debate sobre el papel de las mujeres en la ciencia y la falta de equidad en el reconocimiento de sus aportes.
De la biología a la revolución genética
El modelo de Watson y Crick cambió para siempre el rumbo de la biología. A partir de su trabajo, fue posible descifrar el código genético, desarrollar técnicas de ingeniería molecular y dar origen a la biotecnología moderna. La secuenciación del genoma humano, la clonación, las pruebas de ADN y la edición genética con tecnologías como CRISPR derivan directa o indirectamente de esa comprensión inicial del ADN como un código universal de la vida.
Durante su carrera, Watson se desempeñó en instituciones científicas de primer nivel, como la Universidad de Harvard y el Laboratorio de Biología Molecular de Cambridge. En 1968 publicó La doble hélice, una obra autobiográfica que ofreció una mirada personal y controvertida sobre el proceso del descubrimiento. Su estilo franco y, a veces, polémico, convirtió el libro en un clásico tanto de la divulgación científica como de la cultura intelectual del siglo XX.
Posteriormente, Watson dirigió el Laboratorio Cold Spring Harbor, en el estado de Nueva York, uno de los centros de investigación genética más influyentes del mundo. Bajo su liderazgo, la institución contribuyó significativamente al desarrollo de la biología molecular y a la formación de nuevas generaciones de científicos.
Genio brillante y figura polémica
Más allá de sus logros científicos, Watson fue una figura controvertida. En los últimos años de su vida se vio envuelto en críticas por declaraciones sobre temas de raza e inteligencia que fueron ampliamente condenadas por la comunidad científica. Estas afirmaciones llevaron a que Cold Spring Harbor suspendiera sus responsabilidades honorarias y se distanciara públicamente de él.
Aun así, su legado científico es indiscutible. Watson simbolizó la transición de la biología descriptiva a una ciencia basada en la estructura, la información y el código molecular. Sus contribuciones, pese a la controversia personal, siguen siendo fundamentales para entender cómo la información genética determina la vida.
Un legado que trasciende generaciones
La muerte de James Watson ocurre en un momento en que la genética vive una nueva revolución, impulsada por la inteligencia artificial, la medicina personalizada y la edición genética. Los principios que ayudó a descubrir siguen siendo la base de los mayores avances biomédicos actuales: desde la detección de enfermedades hereditarias hasta el desarrollo de terapias génicas y vacunas de nueva generación.
El hallazgo del ADN también abrió dilemas éticos que aún acompañan a la ciencia moderna. La posibilidad de manipular el material genético humano plantea preguntas sobre los límites del conocimiento, la responsabilidad de los investigadores y la necesidad de una regulación global. En ese sentido, el legado de Watson no solo pertenece a la historia, sino al debate contemporáneo sobre el futuro de la humanidad.
En la comunidad científica, su fallecimiento ha sido recibido con una mezcla de reconocimiento y reflexión. Colegas y exalumnos destacan su inteligencia extraordinaria, su impulso competitivo y su visión transformadora. Su vida, marcada por luces y sombras, deja una huella imborrable en la ciencia moderna.
La doble hélice que unió a la humanidad con su código
Más de siete décadas después de aquel histórico artículo en Nature, la doble hélice del ADN continúa siendo un símbolo universal del conocimiento científico y del poder de la curiosidad humana. James Watson dedicó su vida a comprender los secretos más profundos de la biología, y con ello contribuyó a revelar la arquitectura íntima de la vida.
Su nombre quedará inscrito junto a los grandes pioneros de la ciencia moderna, no solo por el descubrimiento que transformó la genética, sino también por abrir una puerta a un nuevo modo de entender qué somos, cómo evolucionamos y cómo podemos cuidar el patrimonio biológico que compartimos.
Referencias
“Geneticist James Watson, who co-discovered the structure of DNA, dies at 97.” Chemistry World, noviembre de 2025. Disponible en: https://www.chemistryworld.com/news/geneticist-james-watson-who-co-discovered-the-structure-of-dna-dies-at-97
