Un estudio liderado por la Universidad de Oxford plantea que la eyaculación más frecuente se asocia con espermatozoides de mejor calidad, menos daño genético y mejores perspectivas en tratamientos de fertilidad, especialmente en contextos de reproducción asistida.
Redactor: Abel Bolivar
Editado por: Eduardo Schmitz
Durante años, la recomendación de mantener varios días de abstinencia antes de una muestra seminal o de un procedimiento de fertilidad se ha repetido como una regla casi automática. Sin embargo, una investigación liderada por la Universidad de Oxford vuelve a poner esa práctica bajo revisión al mostrar que el almacenamiento prolongado del esperma en el aparato reproductor masculino puede deteriorar su calidad y aumentar el daño en su ADN.
El hallazgo central es claro: en los hombres, los periodos más largos sin eyaculación se relacionan con mayor estrés oxidativo, más fragmentación o daño del ADN espermático y una reducción de la motilidad y la viabilidad de los espermatozoides. En otras palabras, aunque la abstinencia prolongada pueda elevar la cantidad de semen o el número de espermatozoides, no necesariamente mejora su estado biológico. Para la fertilidad, la calidad también importa, y mucho.
La investigación fue publicada el 25 de marzo de 2026 y estuvo encabezada por especialistas del Departamento de Biología de la Universidad de Oxford. El trabajo se apoyó en un metaanálisis amplio: reunió 115 estudios en humanos, con un total de 54.889 hombres, y además integró 56 estudios en 30 especies no humanas. Esa revisión permitió observar un patrón repetido en diferentes animales: el esperma almacenado envejece y pierde rendimiento con el paso del tiempo, un fenómeno que los investigadores describen como senescencia espermática postmeiótica.
Según explicó la investigadora Rebecca Dean, coautora del estudio en Oxford, los espermatozoides son células especialmente vulnerables porque cuentan con reservas energéticas limitadas y con poca capacidad de reparación. Esa fragilidad ayuda a entender por qué el tiempo de almacenamiento puede resultar dañino. El estudio sostiene que la eyaculación regular, ya sea mediante relaciones sexuales o masturbación, puede aportar una mejora pequeña pero clínicamente relevante a la fertilidad masculina al reducir el tiempo durante el cual el esperma permanece acumulado y expuesto a deterioro.
Uno de los puntos más delicados del trabajo es su choque con la práctica habitual en medicina reproductiva. Las guías de la Organización Mundial de la Salud suelen recomendar entre dos y siete días de abstinencia antes de obtener una muestra seminal para análisis o para técnicas de reproducción asistida. Pero el equipo de Oxford advierte que ese margen fue concebido sobre todo para maximizar el recuento espermático, no necesariamente para obtener los espermatozoides más sanos desde el punto de vista funcional y genético.
El planteamiento no significa que la abstinencia sea siempre perjudicial ni que una frecuencia muy alta sea la respuesta universal para todos los casos. Lo que emerge es un matiz importante: si una clínica o una pareja solo priorizan cantidad, guardar varios días de abstinencia puede seguir teniendo lógica; pero si el objetivo es mejorar la calidad espermática, especialmente en fecundación in vitro o en ICSI, un periodo más corto podría ser más útil. El propio equipo investigador subraya que lo importante es reconsiderar la idea de que “más abstinencia” equivale automáticamente a “mejor fertilidad”.
La publicación también enlaza sus conclusiones con evidencia clínica reciente en reproducción asistida. En un ensayo con 453 parejas sometidas a fecundación in vitro, la tasa de embarazo fue del 46% cuando los hombres llevaban menos de 48 horas de abstinencia antes de entregar la muestra, frente al 36% en quienes habían seguido periodos más largos, de entre dos y siete días. Ese dato no sustituye la evaluación médica individual, pero sí sugiere que el uso de esperma más “fresco” podría traducirse en mejores resultados reproductivos en determinados tratamientos.
Otro aspecto interesante del trabajo es que no se limita a los seres humanos. Al comparar múltiples especies, los autores detectaron que las hembras de varias de ellas parecen conservar mejor la calidad del esperma almacenado que los machos. Los investigadores creen que esto podría estar relacionado con adaptaciones biológicas específicas, como órganos de almacenamiento con mecanismos protectores y antioxidantes. Ese punto abre una línea de interés adicional para el desarrollo futuro de tecnologías de conservación espermática y de reproducción asistida.
Para la salud reproductiva masculina, el mensaje no es simplista ni debe convertirse en una consigna aislada. El estudio no propone que todos los hombres deban eyacular con una frecuencia idéntica ni reemplaza el diagnóstico de infertilidad. Lo que sí hace es desplazar el foco hacia la integridad genética del esperma. Si el ADN espermático se daña durante periodos largos de almacenamiento, la discusión sobre fertilidad deja de depender solo del volumen de la muestra o del número total de espermatozoides y pasa a considerar la calidad celular real de ese material biológico.
En el caso de parejas que intentan concebir de forma natural, los investigadores y expertos citados consideran que probablemente deba buscarse un equilibrio. Un lapso excesivamente corto podría no favorecer la concentración o maduración suficiente de los espermatozoides, mientras que uno demasiado largo puede incrementar el deterioro. Por eso, el impacto de esta investigación apunta más hacia una revisión clínica de los protocolos rígidos que hacia una regla absoluta para todos los casos.
La relevancia de este hallazgo, liderado desde Reino Unido por la Universidad de Oxford, radica en que propone una mirada más fina sobre un factor cotidiano que muchas veces se daba por resuelto. La frecuencia eyaculatoria, vista durante años como un detalle secundario o meramente conductual, aparece ahora vinculada con la conservación del ADN espermático, la calidad de la muestra y las posibilidades de fecundación. En reproducción humana, ese cambio de enfoque puede tener consecuencias importantes tanto para las parejas como para los protocolos de laboratorio.
Referencias
El Nacional: https://www.elnacional.com/2026/03/reducir-periodos-de-abstinencia-protege-el-adn-del-esperma/
University of Oxford: https://www.ox.ac.uk/news/2026-03-25-new-study-finds-stored-sperm-deteriorates-across-animal-kingdom
The Guardian: https://www.theguardian.com/society/2026/mar/25/more-frequent-ejaculations-men-fertility-research
