Un entorno oyente que no escucha es una barrera para las personas con pérdidas auditivas


Celia Teira Serrano, Universidad Pontificia de Salamanca


En el 2025 la audición ha tenido un papel protagonista en la cultura con películas como Sorda y el documental El Canto de las Manos, que visibilizaron las continuas violaciones de derechos de la comunidad sorda y de las personas con pérdidas auditivas por parte del entorno mayoritario oyente. En ambos casos, los protagonistas utilizan las lenguas de señas o signos como código comunicativo, despertando de su letargo un antiguo debate entre oralismo y lengua de signos que encubre numerosos prejuicios.

Las personas con deficiencias auditivas constituyen un grupo muy heterogéneo en función del grado y localización de su pérdida, el momento de su aparición, las ayudas técnicas personales, el entorno familiar y la educación recibida, entre otros aspectos. Bajo términos como “sordera”, “hipoacusia” o “discapacidad auditiva”, se encuentran múltiples realidades, por lo que la identificación entre sí de personas con esta misma condición es a menudo compleja.

Sin embargo, en un estudio sobre barreras comunicativas realizado desde el Grado en Logopedia de la Universidad Pontificia de Salamanca, en colaboración con la Asociación de personas con discapacidad auditiva postlocutiva de Salamanca (SADAP) y con la Asociación de padres de niños sordos de Salamanca (ASPAS), las personas entrevistadas coincidían ampliamente en que algunas de las principales barreras comunicativas eran sus propios interlocutores oyentes.

En un mundo en el que los avances de la investigación y la tecnología se dirigen a mejorar las ayudas técnicas personales (audífonos e implantes) o a erradicar la sordera (terapias génicas), es decir, en el que se sigue poniendo el foco del problema y de la solución en las personas con capacidades diferentes, ¿qué podemos hacer los interlocutores oyentes para favorecer una comunicación eficaz?

Oralismo y audismo

Para entender muchas de las situaciones que viven las personas con pérdida auditiva en entornos educativos, profesionales, sanitarios, culturales o de ocio, es necesario familiarizarse con el oralismo y audismo imperantes. Estos remiten al privilegio del habla y la audición sobre cualquier otro sistema de comunicación.

La mayoría no solemos sentir el impacto de estas cuestiones precisamente porque no atentan contra nuestra identidad.

Lejos de querer hacer una especie de ablesplaining, explicando la experiencia de la discapacidad como si la tuviera, recojo aquí algunos de los ejemplos proporcionados por las personas entrevistadas: cuando te llaman en voz alta por tu nombre en cualquier sala de espera médica dando por hecho que los vas a oír, cuando los simulacros de incendios de tu entorno laboral solo cuentan con alarmas sonoras o cuando te atienden máquinas por teléfono que solicitan respuestas orales y no reconocen las características de tu habla.

La sordera es una discapacidad invisible, incluso para las familias. Numerosos entrevistados nos comentaban el síndrome de la mesa del comedor, espacio social por excelencia que se convierte en un lugar de intercambios comunicativos espontáneos donde apenas pueden participar las personas con pérdidas auditivas. Esto se debe al solapamiento de turnos o los continuos movimientos de cabeza que impiden la lectura labial, entre otros obstáculos.

Por otro lado, muchas personas con pérdidas auditivas postlocutivas, aquellas que se presentan tras haber adquirido el habla (por diferentes causas como la exposición a ruidos muy intensos o repentinos, el envejecimiento…), señalaban que sus familias no habían realizado un duelo con su imagen de persona oyente y seguían llamándoles desde otras habitaciones a gritos o hablándoles de espaldas.

Desde el modelo biopsicosocial de la discapacidad, la persona puede tener cualquier tipo de deficiencia, pero solo cuando no es funcional ante determinados entornos, por la existencia de barreras en los mismos, se habla de discapacidad. Una persona sorda signante no será discapacitada en un medio signante; una persona con pérdida postlocutiva no sentirá la discapacidad si existe accesibilidad y las personas alrededor incorporan los ajustes necesarios. La comunicación es bidireccional e interactiva. Los oyentes deberíamos asumir responsabilidades y no constituir una barrera más.

Comunicación eficaz

¿Eficaz? Que logre el objetivo. ¿O efectiva? Que no solo se logre sino que además se optimicen recursos y tiempo. Nuevamente, va a depender de la persona emisora o receptora de la comunicación. El National Deaf Center de Estados Unidos utiliza de forma intercambiable comunicación eficaz y comunicación efectiva. Comunicarse de manera efectiva con personas sordas o con discapacidad auditiva implica asegurarse de que puedan participar en la conversación en igualdad de condiciones que las personas oyentes.

Los recursos y estrategias que se recomiendan tienen que ver con partir de preguntar a las personas sus necesidades particulares en cuanto a la comunicación, porque, efectivamente, cada persona cuenta con unos recursos, pero también con una historia previa de éxitos y fracasos comunicativos que solo ella conoce.

Otra de las sugerencias consiste en evitar los cambios bruscos conversacionales, debido al esfuerzo continuo que realizan las personas sordas y con pérdida auditiva por anticipar o suplir partes de la conversación. Con todo ello, lo que se pretende es una participación significativa que redunde en el establecimiento de interacciones positivas, de forma que refuerce sus identidades y genere un mayor bienestar general.

La Asociación de Personas con Discapacidad Auditiva Poslocutiva (SADAP) distribuye desde marzo de 2025 un díptico de comunicación eficaz con recomendaciones para los interlocutores oyentes. Estas son el resultado de las entrevistas anteriormente mencionadas y sugieren estrategias corporales y de habla relativamente sencillas, junto al cuidado de aspectos como la iluminación, el ruido, la importancia de los silencios o no anticiparse a las respuestas.

Es importante tener en cuenta que todas las personas podemos llegar a perder audición por diferentes motivos, pero uno ineludible es la edad. Cuanto antes empecemos a sensibilizarnos e incorporar los recursos, mejor, porque seguramente lleguemos a necesitarlos.

Ayer, 3 de marzo se celebró el Día Mundial de la Audición. Con el lema “De las comunidades a las aulas: cuidado de la audición para todos los niños”, tiene como fin prevenir las pérdidas auditivas a las que se estima que unos 2 500 millones de personas nos veremos abocadas hacia el año 2050, según la OMS.

No en vano, la Confederación española de familias de personas sordas (FIAPAS) ha lanzado una campaña específicamente dirigida a la población más joven: la generación marcada por el ruido.

Celia Teira Serrano, Profesora Contratada Doctora. Grado en Logopedia. Facultad de Cc. de la Salud, Universidad Pontificia de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.