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La obesidad antes de los 40 años se asocia con mayor riesgo de cáncer


Un estudio de 6,3 millones de adultos en Corea del Sur encontró que el exceso de peso y la grasa abdominal se relacionan con una mayor incidencia de tumores de aparición temprana, incluso después de considerar otros factores de riesgo.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


La obesidad durante los primeros años de la vida adulta podría tener consecuencias oncológicas que se prolongan hasta la mediana edad. Una investigación nacional realizada en Corea del Sur, publicada en octubre de 2026 en la revista científica Annals of Internal Medicine, encontró que los adultos de entre 20 y 39 años con obesidad presentaban una mayor incidencia posterior de cáncer de aparición temprana. La asociación fue especialmente importante entre quienes también acumulaban grasa en la región abdominal.

El estudio, encabezado por investigadores vinculados a la Universidad Soongsil de Seúl, analizó información sanitaria de aproximadamente 6,3 millones de personas sin antecedentes de cáncer. Los participantes fueron seguidos durante una media de 11,2 años, período en el que se registraron 151.893 diagnósticos oncológicos.

Los resultados muestran que el riesgo aumentaba progresivamente con el índice de masa corporal (IMC), aunque la circunferencia de la cintura aportó información adicional. Los investigadores consideran que la evaluación temprana de la obesidad podría contribuir a mejorar las estrategias de prevención, pero advierten que el carácter observacional del trabajo no permite establecer una relación directa de causa y efecto.

Más de seis millones de adultos permitieron estudiar el riesgo a largo plazo

El equipo investigador, en el que participó Kyungdo Han, de la Universidad Soongsil, utilizó registros sanitarios de Corea del Sur para examinar la relación entre el peso corporal en la juventud y los diagnósticos posteriores de cáncer.

Los participantes tenían entre 20 y 39 años cuando ingresaron en el estudio. Fueron clasificados según cinco categorías de índice de masa corporal, utilizando los criterios establecidos para poblaciones asiáticas.

Los científicos también evaluaron la circunferencia de la cintura para identificar obesidad abdominal, una condición que no siempre puede distinguirse mediante el peso y la altura.

Durante el seguimiento se identificaron 151.893 casos de cáncer. La incidencia acumulada a diez años fue del 1,84 % entre las personas con peso normal y del 2,62 % entre quienes presentaban obesidad de clase II, definida en este estudio como un IMC igual o superior a 30.

Esto equivale aproximadamente a 184 diagnósticos por cada 10.000 personas con peso normal y 262 por cada 10.000 personas con obesidad de clase II durante ese período.

La diferencia absoluta fue de 0,78 puntos porcentuales. Aunque el incremento relativo resultó significativo, los investigadores y especialistas externos destacaron que el riesgo absoluto de cáncer durante la adultez joven continúa siendo relativamente bajo.

El riesgo aumentó progresivamente con el índice de masa corporal

Los investigadores calcularon estimaciones de riesgo después de considerar variables como tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, lugar de residencia, ingresos económicos y enfermedades coexistentes.

En comparación con los participantes de peso normal, el riesgo relativo ajustado fue de 1,10 entre quienes tenían sobrepeso, 1,22 en personas con obesidad de clase I y 1,43 entre quienes presentaban obesidad de clase II.

Estas cifras representan asociaciones con incrementos relativos aproximados del 10 %, 22 % y 43 %, respectivamente. No significan que esos porcentajes de participantes desarrollaran cáncer.

El patrón observado sugiere una relación gradual entre el aumento del IMC y la incidencia de tumores durante los años posteriores.

Sin embargo, el índice de masa corporal tiene limitaciones. No permite distinguir directamente la cantidad de grasa, la masa muscular ni la distribución del tejido adiposo.

Esta diferencia también se ha observado en investigaciones sobre la clasificación clínica de la obesidad más allá del IMC, que muestran cómo personas con valores semejantes pueden presentar condiciones metabólicas y riesgos sanitarios distintos.

La grasa abdominal aportó información adicional sobre el cáncer

Uno de los hallazgos más relevantes fue que la obesidad abdominal se relacionó con un aumento del riesgo oncológico incluso al comparar personas dentro de una misma categoría de IMC.

Entre los participantes con obesidad de clase I, la incidencia acumulada de cáncer a diez años fue del 2,45 % en quienes también tenían obesidad abdominal, frente al 2,13 % entre aquellos sin esa característica.

Los investigadores observaron asimismo una incidencia del 2,20 % entre las personas con obesidad de clase II que no presentaban obesidad abdominal.

Estas diferencias sugieren que la localización de la grasa corporal puede aportar información relevante sobre el riesgo, aunque no deben interpretarse como una comparación causal entre grupos.

La grasa visceral, acumulada alrededor de los órganos abdominales, se relaciona con procesos metabólicos e inflamatorios que pueden diferir de los asociados con la grasa subcutánea.

La importancia de evaluar la distribución del tejido adiposo también ha quedado reflejada en estudios sobre la circunferencia de la cintura y la predicción del riesgo cardiovascular, donde las mediciones abdominales aportaron información que el IMC no identificaba por sí solo.

El nuevo estudio amplía esta perspectiva al campo de la oncología y plantea que la evaluación del exceso de grasa corporal podría beneficiarse de indicadores complementarios.

Los hombres presentaron asociaciones más intensas que las mujeres

El análisis identificó diferencias entre hombres y mujeres en la magnitud de las asociaciones observadas.

Entre los hombres, las estimaciones de riesgo relativo fueron de 1,13 para el sobrepeso, 1,29 para la obesidad de clase I y 1,58 para la obesidad de clase II.

En las mujeres, los valores correspondientes fueron de 1,08, 1,15 y 1,28.

Estos resultados indican que, dentro de la población estudiada, la asociación entre obesidad y cáncer de aparición temprana fue más pronunciada en los participantes masculinos.

Los datos no demuestran que la obesidad tenga necesariamente el mismo comportamiento en todas las poblaciones ni explican por completo las diferencias observadas entre sexos.

Factores hormonales, metabólicos, conductuales y relacionados con la distribución de la grasa podrían participar en estas variaciones, pero su contribución específica requiere investigaciones adicionales.

Tiroides, endometrio y ovario destacaron entre los tumores registrados

La investigación también examinó cómo variaban las asociaciones según el tipo de cáncer.

Entre los tumores con mayores tasas acumuladas a diez años figuraron los de tiroides, endometrio y ovario. También se observaron asociaciones relevantes en cáncer colorrectal, renal, hepático y pancreático.

El comportamiento no fue uniforme para todos los diagnósticos. En particular, las tasas de cáncer de mama fueron inferiores entre las participantes con obesidad en comparación con las mujeres jóvenes de peso normal.

Este resultado debe interpretarse considerando la edad de la población, las características de los tumores y las diferencias biológicas entre los cánceres de mama diagnosticados antes y después de la menopausia.

La diversidad de asociaciones confirma que el cáncer no constituye una sola enfermedad y que los factores metabólicos pueden relacionarse de manera diferente con cada localización tumoral.

Los resultados se incorporan a una línea de investigación más amplia sobre el envejecimiento biológico y la aparición de cáncer a edades tempranas, donde también se han identificado vínculos entre alteraciones del tejido adiposo, metabolismo y determinados tumores.

Qué mecanismos podrían relacionar la obesidad con el desarrollo tumoral

La relación entre obesidad y cáncer es objeto de numerosas investigaciones debido a los cambios fisiológicos que puede producir el exceso de tejido adiposo.

Entre los mecanismos propuestos se encuentran la inflamación crónica de bajo grado, la resistencia a la insulina, las alteraciones en determinadas hormonas y los cambios en las señales celulares relacionadas con el crecimiento y la proliferación.

El tejido adiposo no funciona únicamente como reserva de energía. También participa en la producción de moléculas que intervienen en la regulación del metabolismo y de las respuestas inflamatorias.

Cuando existe un exceso de adiposidad, algunas de estas señales pueden modificarse y contribuir a un ambiente biológico asociado con determinadas enfermedades crónicas.

Los científicos también investigan la interacción entre obesidad, alimentación y microbiota intestinal. En este campo, las diferencias del microbioma observadas en pacientes con cáncer de aparición temprana han proporcionado nuevas pistas, aunque todavía no permiten establecer mecanismos causales definitivos.

El estudio coreano no fue diseñado para demostrar directamente cuáles de estas vías biológicas explican los diagnósticos observados. Su principal contribución consiste en cuantificar asociaciones epidemiológicas en una población extensa y durante un seguimiento prolongado.

La investigación presenta limitaciones importantes

A pesar del tamaño de la muestra y del seguimiento de más de una década, los autores reconocieron limitaciones que deben considerarse antes de trasladar los resultados a recomendaciones clínicas específicas.

Una de ellas corresponde a la información sobre tabaquismo. Los investigadores conocían si los participantes fumaban, pero no disponían de datos completos sobre la intensidad y duración de esa exposición.

Estos aspectos pueden influir considerablemente en el riesgo de desarrollar determinados cánceres y podrían explicar parcialmente algunas asociaciones.

También debe considerarse que la investigación se realizó en Corea del Sur. Las características genéticas, ambientales, alimentarias y sanitarias de esa población pueden diferir de las existentes en otras regiones.

Además, las categorías de IMC empleadas siguieron criterios adaptados a poblaciones asiáticas, por lo que no todas las comparaciones pueden trasladarse directamente a clasificaciones utilizadas en otros países.

Alpa Patel, investigadora de la Sociedad Americana contra el Cáncer que no participó en el trabajo, destacó que las diferencias absolutas de riesgo fueron moderadas y que los resultados deben interpretarse considerando las características de los participantes.

Los autores señalaron que todavía se necesitan estudios prospectivos para establecer si una pérdida de peso intencional durante la adultez temprana puede reducir posteriormente la incidencia de cáncer.

La prevención desde edades tempranas adquiere mayor relevancia

Los resultados refuerzan la importancia de atender los factores de riesgo metabólico antes de que aparezcan enfermedades crónicas.

El control de la obesidad requiere un enfoque integral que considere alimentación, actividad física, sueño, antecedentes familiares, condiciones socioeconómicas y posibles enfermedades asociadas.

La Organización Mundial de la Salud reconoce la obesidad como una enfermedad crónica y compleja, influida por factores biológicos, ambientales y sociales. Por ello, su tratamiento no puede reducirse únicamente a recomendaciones generales sobre la cantidad de alimentos consumidos.

La actividad física constituye uno de los componentes de la prevención. Investigaciones recientes han relacionado una mayor cantidad de movimiento cotidiano con menor incidencia de determinados cánceres, aunque estas asociaciones tampoco garantizan protección individual.

En el ámbito clínico, los especialistas pueden complementar el IMC con mediciones de cintura, evaluación de presión arterial, glucosa, lípidos y otros indicadores de salud metabólica.

El estudio no establece que todas las personas jóvenes con obesidad deban someterse a pruebas oncológicas adicionales ni propone modificar inmediatamente las edades habituales de detección.

Las decisiones sobre cribado deben seguir las recomendaciones correspondientes a cada país, considerando antecedentes familiares, síntomas y factores individuales de riesgo.

La investigación aporta evidencia de que la obesidad en la juventud se relaciona con un mayor riesgo posterior de determinados tumores y de que la grasa abdominal puede ayudar a identificar diferencias que el IMC no refleja completamente.

Confirmar si las intervenciones tempranas sobre el peso y la composición corporal reducen la incidencia de cáncer será una de las cuestiones centrales para futuras investigaciones. Mientras tanto, la prevención de la obesidad y la atención de sus complicaciones metabólicas continúan siendo prioridades de salud pública.

Fuentes referenciales:
Infobae Salud — La obesidad en adultos jóvenes se vincula con más cáncer de aparición temprana, 27 de octubre de 2026
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades — Obesidad y riesgo de cáncer
Organización Mundial de la Salud — Obesidad y sobrepeso