Un estudio internacional con 2.316 candidatos a cirugía metabólica distinguió entre obesidad clínica y preclínica pese a que ambos grupos presentaban índices de masa corporal similares
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Camila Herrera R.
Una clasificación de la obesidad basada en la función de los órganos y el estado de salud identificó diferencias que el índice de masa corporal no lograba mostrar entre 2.316 candidatos a cirugía metabólica y bariátrica. El estudio internacional, dirigido por investigadores del King’s College London, analizó pacientes atendidos en cuatro centros especializados de Reino Unido, Francia, España y Brasil.
Los investigadores aplicaron el marco propuesto en 2025 por la Comisión sobre Obesidad Clínica de The Lancet Diabetes & Endocrinology. El sistema diferencia la obesidad clínica, cuando el exceso de tejido adiposo ya está asociado con alteraciones orgánicas o limitaciones funcionales, de la obesidad preclínica, en la que se conserva la función de los órganos, aunque existe un riesgo elevado de enfermedad futura.
Entre los candidatos evaluados, el 73,8 % cumplía criterios de obesidad clínica y el 26,2 % fue clasificado con obesidad preclínica. A pesar de presentar valores de IMC parecidos, los integrantes del primer grupo mostraban una carga de enfermedad, un riesgo cardiovascular y una complejidad quirúrgica considerablemente mayores.
El IMC relaciona el peso con la altura, pero no mide la enfermedad
El índice de masa corporal se calcula dividiendo el peso en kilogramos por la altura en metros elevada al cuadrado. Su sencillez permite utilizarlo en consultas, registros sanitarios y estudios poblacionales, pero no distingue entre grasa, músculo, hueso ni diferentes distribuciones del tejido adiposo.
Dos personas con el mismo IMC pueden presentar cantidades distintas de grasa visceral, capacidad física, presión arterial, control de glucosa y función respiratoria. El indicador tampoco determina por sí mismo si el exceso de adiposidad ya está afectando al corazón, el hígado, los riñones, las articulaciones o las actividades cotidianas.
Esto no convierte al IMC en una medida inútil. Una investigación anterior encontró que el IMC identifica correctamente el exceso de adiposidad en la mayoría de los adultos. Su limitación principal aparece cuando se pretende utilizarlo como diagnóstico completo del estado de salud individual.
Los pacientes tenían un IMC similar y riesgos muy diferentes
El equipo revisó retrospectivamente datos clínicos de personas valoradas para cirugía metabólica y bariátrica en King’s College Hospital y tres centros de Francia, España y Brasil. La investigación no reclutó una muestra de la población general, sino un grupo con obesidad de alta complejidad que ya había llegado a servicios quirúrgicos especializados.
En el centro británico, el IMC medio era aproximadamente de 47,5 entre los pacientes con obesidad clínica y de 48,5 entre quienes tenían obesidad preclínica. El grupo con enfermedad activa presentaba incluso un IMC ligeramente menor, pero tenía unos diez años más de edad y riesgos estimados más altos de mortalidad, enfermedad cardiovascular y complicaciones relacionadas con la intervención.
La comparación muestra que aumentar o disminuir unos puntos dentro de rangos muy elevados de IMC no explica necesariamente qué paciente se encuentra más enfermo. La evaluación de órganos, síntomas, movilidad, respiración, metabolismo y autonomía aporta información que la relación entre peso y altura no contiene.
La distribución de la grasa también modifica el riesgo. La evidencia sobre la circunferencia de cintura y la salud cardiovascular indica que la adiposidad abdominal puede anticipar infarto y accidente cerebrovascular con mayor precisión que el peso utilizado aisladamente.
La obesidad clínica implica daño o limitación atribuible a la adiposidad
La nueva propuesta define la obesidad como un exceso de adiposidad, con independencia de que exista una distribución o función anormal del tejido. Para confirmarla recomienda utilizar mediciones directas de grasa corporal o combinar el IMC con indicadores antropométricos como la circunferencia de cintura, la relación cintura-altura o la relación cintura-cadera.
Una persona entra en la categoría clínica cuando existen signos o síntomas de disfunción orgánica atribuibles al exceso de adiposidad, o limitaciones importantes para realizar actividades cotidianas. Entre las áreas evaluadas pueden encontrarse los sistemas metabólico, cardiovascular, respiratorio, renal, musculoesquelético y reproductivo.
La categoría preclínica no significa que la persona carezca de riesgo ni que no necesite atención. Describe la presencia de exceso de grasa sin alteraciones funcionales actuales identificables. El objetivo sanitario se concentra entonces en prevenir la aparición de diabetes, enfermedad cardiovascular y otras complicaciones.
Condiciones silenciosas como la prediabetes y sus factores de riesgo metabólico demuestran por qué la evaluación debe incluir análisis de glucosa, presión arterial, lípidos, función hepática y otros indicadores, incluso cuando no existen síntomas evidentes.
La clasificación podría modificar la prioridad quirúrgica
El IMC ha ocupado tradicionalmente un lugar central en la selección de candidatos para cirugía metabólica y bariátrica. Los umbrales pueden determinar quién accede a la intervención y qué prioridad recibe dentro de un sistema sanitario con capacidad limitada.
Los autores sostienen que la nueva clasificación permitiría distinguir dos objetivos terapéuticos. En la obesidad clínica, la cirugía se plantea principalmente como tratamiento de una enfermedad ya establecida. En la obesidad preclínica, puede funcionar como una intervención destinada a reducir el riesgo futuro.
La diferencia también ayudaría a interpretar los resultados quirúrgicos. Un grupo con mayor daño orgánico inicial puede presentar más complicaciones, pero también una necesidad terapéutica más urgente y un margen mayor de mejoría clínica. Comparar únicamente el descenso de peso o el IMC posterior podría ocultar esas diferencias de partida.
Francesco Rubino, autor principal y profesor de cirugía metabólica y bariátrica en King’s College London, señaló que los futuros estudios y registros deberían informar si los pacientes tenían obesidad clínica o preclínica. Esto permitiría analizar con mayor precisión la seguridad, eficacia y relación entre costes y beneficios de las intervenciones.
El estudio no establece nuevos criterios universales de acceso
La investigación fue retrospectiva y se limitó a candidatos ya evaluados para cirugía en cuatro centros. Sus resultados no permiten determinar por sí solos cómo deberían modificarse las listas de espera, los sistemas de financiación o los requisitos de cobertura en cada país.
Tampoco demuestran que todas las personas con obesidad clínica deban recibir cirugía ni que quienes presentan obesidad preclínica puedan prescindir de tratamiento. La decisión depende de antecedentes, enfermedades asociadas, opciones no quirúrgicas, riesgo anestésico, preferencias del paciente y valoración de un equipo multidisciplinario.
La nueva clasificación pretende añadir información clínica, no reemplazar una evaluación completa ni convertir la obesidad preclínica en una condición irrelevante. Su aplicación práctica necesitará protocolos reproducibles para atribuir correctamente una alteración orgánica al exceso de adiposidad y diferenciarla de otras causas.
El hallazgo central es que el peso relativo a la altura no describe por sí solo quién está enfermo. Integrar composición corporal, distribución de la grasa, función de los órganos y limitaciones cotidianas puede orientar una atención más individualizada y evitar que la prioridad terapéutica dependa exclusivamente de un número.
Fuentes referenciales:
Medical Xpress
JAMA Network Open
King’s College London
The Lancet Diabetes & Endocrinology
