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Los nuevos criterios amplían el diagnóstico del intestino irritable


Roma V vuelve a incluir la molestia abdominal y reduce el umbral de los síntomas a tres días al mes, una modificación que identifica a pacientes que quedaban fuera de la definición anterior


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


El síndrome del intestino irritable (SII) tiene desde 2026 nuevos criterios internacionales de diagnóstico. La actualización Roma V redujo la frecuencia mínima requerida de los síntomas abdominales y reincorporó la noción de “molestia” junto con el dolor, permitiendo reconocer a personas con síntomas persistentes y relevantes que no necesariamente cumplían la definición más restrictiva utilizada durante la última década.

La modificación no significa que cualquier malestar digestivo pueda diagnosticarse como intestino irritable. Los nuevos criterios establecen que debe existir dolor o molestia abdominal recurrente, pero no continua, en promedio al menos tres días al mes durante los últimos tres meses, y que los síntomas deben haber comenzado al menos seis meses antes del diagnóstico. Además, deben estar asociados con características específicas relacionadas con la defecación y los cambios en las deposiciones.

Roma V, presentado por la Rome Foundation en 2026, actualiza el marco internacional utilizado para clasificar los denominados trastornos de la interacción intestino-cerebro. La revisión intenta acercar los criterios empleados en investigación a la forma en que los pacientes describen sus síntomas en la práctica clínica.

De una vez por semana a tres días al mes

Uno de los principales cambios afecta directamente al umbral de frecuencia. Los criterios Roma IV exigían dolor abdominal recurrente, en promedio, al menos un día por semana durante los tres meses anteriores. Roma V establece ahora dolor o molestia abdominal al menos tres días al mes.

También vuelve a incorporarse expresamente la “molestia abdominal”. Roma IV había eliminado este concepto y conservado únicamente el dolor, una decisión que podía dejar fuera a personas cuyos síntomas gastrointestinales resultaban persistentes y afectaban su calidad de vida pero no eran descritos específicamente como dolor.

Para cumplir los criterios Roma V, el dolor o la molestia deben estar asociados con al menos dos de tres características: relación con la defecación, cambio en la frecuencia de las deposiciones o cambio en la forma o apariencia de las heces.

Estos síntomas forman parte de un espectro más amplio de alteraciones digestivas. Distensión, estreñimiento y diarrea pueden presentarse por diferentes causas, por lo que los síntomas intestinales persistentes no deberían atribuirse automáticamente a la alimentación o a la microbiota sin una evaluación apropiada.

La prevalencia estimada del SII aumentó con Roma V

El impacto de la modificación ya puede observarse en los estudios epidemiológicos. Una investigación internacional publicada en Gut evaluó a 28.771 adultos de 15 países mediante el cuestionario diagnóstico Roma V y comparó los resultados con el anterior estudio epidemiológico mundial realizado bajo Roma IV.

La prevalencia estimada del síndrome del intestino irritable aumentó de 3,9 % utilizando Roma IV a 8,5 % con Roma V. Los investigadores consideran que buena parte de esta diferencia era esperable debido precisamente a la reducción del umbral de frecuencia y a la reincorporación de la molestia abdominal.

El incremento no implicó un aumento equivalente del conjunto de trastornos de la interacción intestino-cerebro. La proporción de personas que cumplían los criterios para al menos uno de estos trastornos se mantuvo muy similar: 40,9 % con Roma V frente a 40,5 % con Roma IV. Esto indica que parte del cambio corresponde a una redistribución de diagnósticos dentro del mismo grupo de alteraciones gastrointestinales.

Por ejemplo, la prevalencia de estreñimiento crónico bajo la nueva clasificación fue de 8,9 %, frente al 11,8 % registrado para el estreñimiento funcional con Roma IV. Los autores plantean que algunas personas con síntomas de estreñimiento ahora cumplen los nuevos criterios del síndrome del intestino irritable.

Los criterios nuevos identifican un grupo diferente de pacientes

Otro estudio publicado en 2026 en Clinical Gastroenterology and Hepatology examinó a 1.275 adultos del Reino Unido que declaraban padecer síndrome del intestino irritable y comparó las definiciones Roma III, IV y V.

Entre los participantes con información completa, 78 % cumplía Roma III, 59 % Roma IV y 70 % Roma V en el análisis principal. Las personas identificadas mediante Roma V presentaban, en promedio, menor gravedad de los síntomas, menor comorbilidad psicológica, menor repercusión sobre el trabajo y las actividades sociales y mejores puntuaciones de calidad de vida que quienes cumplían Roma IV.

Los resultados ayudan a explicar por qué la actualización puede ampliar el reconocimiento clínico: Roma IV seleccionaba una población relativamente más sintomática, mientras que algunas personas con manifestaciones menos frecuentes quedaban fuera pese a experimentar problemas digestivos persistentes.

La relación entre síntomas intestinales, bienestar y otros factores continúa siendo objeto de investigación. Un estudio previamente analizado por Mundo de la Salud encontró que el dolor crónico y determinados indicadores de bienestar mental se vinculan con el riesgo de síndrome del intestino irritable, dentro de la compleja interacción entre sistema digestivo, sistema nervioso y otros componentes biológicos.

Roma V no convierte al SII en un diagnóstico automático

La reducción del umbral no elimina la necesidad de una valoración clínica. Los criterios sirven para realizar un diagnóstico positivo cuando el patrón de síntomas es compatible, pero el profesional debe considerar la historia médica, las características de los síntomas y la existencia de señales que puedan sugerir otras enfermedades gastrointestinales.

Entre los signos que requieren especial atención se encuentran el sangrado gastrointestinal, la pérdida involuntaria de peso, la aparición de síntomas a edades en las que resulta menos habitual un nuevo SII, determinadas alteraciones analíticas y otros hallazgos que puedan justificar investigaciones adicionales.

Un estudio de precisión diagnóstica realizado en una clínica especializada del Leeds Teaching Hospitals NHS Trust, en Reino Unido, evaluó los nuevos criterios en 726 pacientes con información completa. Roma V presentó una sensibilidad del 66,1 % y una especificidad del 80,1 % frente al estándar de referencia utilizado por los investigadores. Los autores concluyeron que Roma V identifica una población diferente de la seleccionada por Roma III y Roma IV y señalaron que la relevancia clínica de estas diferencias todavía debe estudiarse.

Esto también ayuda a evitar una interpretación equivocada: que más personas cumplan una definición epidemiológica no significa que todas las molestias abdominales correspondan a SII ni que deba omitirse la evaluación de otras posibles causas.

La microbiota es solo una pieza del problema

El síndrome del intestino irritable se clasifica actualmente entre los trastornos de la interacción intestino-cerebro. Su fisiopatología es compleja y puede involucrar alteraciones de la motilidad gastrointestinal, sensibilidad visceral, procesamiento de señales entre el sistema digestivo y el cerebro, factores inmunitarios, alimentación y modificaciones del ecosistema intestinal, entre otros mecanismos.

La microbiota constituye una de las áreas de investigación más activas, pero no existe una composición microbiana única que permita diagnosticar el SII. La evidencia muestra que la microbiota intestinal cambia considerablemente entre personas y a lo largo de la vida, lo que dificulta establecer un perfil universal considerado normal.

También se estudian factores capaces de alterar este ecosistema. Los medicamentos constituyen uno de ellos: investigaciones recientes han encontrado que determinados antibióticos pueden dejar cambios prolongados en la microbiota intestinal. Estas asociaciones, sin embargo, no permiten atribuir automáticamente el síndrome del intestino irritable a una alteración concreta de las bacterias intestinales.

El conocimiento de esas comunidades continúa avanzando. Investigadores de la Universidad de Umeå elaboraron recientemente un mapa de más de 1.200 interacciones entre especies bacterianas intestinales, mostrando la complejidad de las relaciones de competencia y cooperación dentro del intestino humano.

La actualización busca reflejar mejor los síntomas reales

La Rome Foundation distingue además entre los criterios empleados para investigación y su utilización clínica. Los criterios estandarizados permiten comparar pacientes y resultados entre estudios, mientras que la práctica médica requiere considerar también cuánto molestan los síntomas, su impacto funcional y el contexto particular de cada paciente.

La reincorporación de la molestia abdominal responde precisamente a una limitación detectada durante la etapa Roma IV: algunas personas describen sus síntomas como presión, incomodidad o sensación desagradable sin utilizar necesariamente la palabra dolor.

La actualización tampoco establece que todas las personas recién incluidas necesiten el mismo tratamiento. El manejo del SII depende del subtipo predominante, la gravedad de los síntomas, su repercusión sobre la vida diaria y las características individuales. Las intervenciones pueden abarcar alimentación, hábitos cotidianos, tratamientos dirigidos a síntomas concretos y otras estrategias médicas según cada caso.

Para la salud digestiva general, medidas como una alimentación adecuada, actividad física, hidratación y manejo del estrés pueden formar parte del cuidado cotidiano, como recogen las recomendaciones sobre hábitos relacionados con la salud digestiva. Sin embargo, los síntomas persistentes, progresivos o acompañados de señales de alarma requieren evaluación profesional y no deberían manejarse exclusivamente mediante cambios dietéticos o suplementos.

Fuentes referenciales:
Rome Foundation — Rome V Criteria
Gut — Rome V Global Epidemiology and Validation Survey
Clinical Gastroenterology and Hepatology
The Lancet Gastroenterology & Hepatology