La inmunización de las mucosas busca reducir las infecciones respiratorias y su transmisión, aunque los resultados experimentales deben confirmarse en personas
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Las vacunas nasales buscan reforzar la protección en una de las primeras zonas de contacto con los virus respiratorios. Una revisión publicada en julio de 2026 en la revista Immunity, con participación de investigadores del Boston Children’s Hospital y de instituciones vinculadas a Harvard y al MIT, examina cómo las defensas de la nariz podrían aprovecharse para desarrollar inmunizaciones capaces de dificultar la infección y la transmisión.
El interés científico va más allá de administrar una vacuna sin agujas. La ubicación de la respuesta inmunitaria puede influir en el tipo de protección que se consigue. Evitar una enfermedad grave, impedir que un virus se multiplique en las vías respiratorias y reducir su paso a otras personas son objetivos relacionados, pero requieren evaluaciones diferentes.
La mucosa nasal como primera barrera de protección
La nariz contiene tejidos que filtran el aire, atrapan partículas y participan en la defensa frente a microorganismos. En esa superficie actúan conjuntamente células del epitelio y del sistema inmunitario. La investigación sobre vacunas nasales intenta preparar esas defensas locales antes de que llegue una infección.
La revisión de Immunity describe estrategias para generar memoria inmunitaria en las mucosas. Entre los mecanismos estudiados figuran los anticuerpos locales y las células inmunitarias que permanecen en los tejidos, donde pueden responder ante un nuevo contacto con el patógeno.
La distinción entre inmunidad local y general ayuda a entender por qué se investiga tanto la vía de administración como la composición de cada vacuna. También amplía el contexto de los estudios sobre la respuesta inmunitaria y las reacciones a la vacunación.
Qué han mostrado los experimentos contra el SARS-CoV-2
Un estudio publicado en Molecular Therapy en 2025, realizado por investigadores del Access to Advanced Health Institute y de la Universidad de Alabama en Birmingham, evaluó una vacuna experimental contra el SARS-CoV-2 basada en ARN y administrada mediante un vehículo lipídico. El equipo comparó la aplicación intranasal con la intramuscular en modelos animales.
Ambas vías provocaron respuestas inmunitarias generales. La administración nasal añadió respuestas en las mucosas respiratorias, incluidas células T de memoria residentes en el pulmón. Los investigadores también observaron respuestas locales cuando utilizaron la formulación nasal como refuerzo después de una vacunación intramuscular.
En los experimentos con hámsteres, las dos vías redujeron la carga viral y evitaron la transmisión a otros animales en las condiciones estudiadas. Este detalle impide atribuir exclusivamente a la aplicación nasal el resultado sobre contagios.
Se trata de evidencia preclínica, no de una demostración de eficacia en seres humanos. Los resultados respaldan la investigación de esta plataforma, pero no permiten asegurar que una vacuna nasal experimental vaya a bloquear la transmisión entre personas.
La vacunación nasal ya tiene aplicaciones contra la gripe
Esta vía de inmunización cuenta con un antecedente clínico: FluMist, una vacuna nasal contra la influenza. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, FDA, la identifica como una opción autorizada para personas de entre dos y 49 años.
Su existencia demuestra que es posible desarrollar una vacuna respiratoria administrada por la nariz. Sin embargo, su autorización corresponde a un producto y una indicación determinados; no valida automáticamente otras formulaciones ni permite extender sus resultados a todos los virus respiratorios.
La FDA señala que entre sus efectos secundarios frecuentes pueden aparecer secreción o congestión nasal y tos. La selección de una vacuna debe respetar sus indicaciones y las recomendaciones sanitarias correspondientes. Este contexto resulta relevante para comprender el papel de la inmunización frente a la influenza y su impacto sobre los sistemas de salud.
Cómo demostrar una reducción de los contagios
El paso decisivo para las nuevas formulaciones consiste en comprobar sus beneficios en estudios clínicos. Detectar anticuerpos o una respuesta celular aporta información sobre su actividad, pero demostrar menos infecciones o menos transmisión exige medir esos resultados directamente.
También deben evaluarse la duración de la protección y la seguridad de cada producto. Una respuesta prometedora en animales no determina por sí sola qué dosis funcionará en personas ni qué grupos podrán recibirla.
La interpretación rigurosa de esas diferencias forma parte de la evaluación de la evidencia sobre seguridad de las vacunas. Para las candidatas nasales, el objetivo es añadir una protección eficaz en las vías respiratorias y comprobar si esa defensa se traduce en una reducción medible de las infecciones y los contagios.
Fuentes referenciales:
Immunity: revisión sobre inmunidad nasal, infección, transmisión y protección
Molecular Therapy: estudio preclínico de una vacuna intranasal contra el SARS-CoV-2
FDA: guía de vacunas para familias y cuidadores, incluida la vacuna nasal contra la influenza

