Un estudio de la Universidad de Ginebra relacionó una mayor actividad basal de los interferones con síntomas transitorios más intensos tras recibir una vacuna de ARNm contra el COVID-19
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación de la Universidad de Ginebra y los Hospitales Universitarios de Ginebra, en Suiza, identificó una característica inmunológica que puede ayudar a explicar por qué algunas personas presentan fiebre, fatiga, dolor de cabeza o molestias locales más pronunciadas después de recibir una vacuna de ARN mensajero contra el COVID-19, mientras otras experimentan pocos o ningún síntoma.
El trabajo, publicado en Science Translational Medicine, encontró que una mayor actividad de la señalización de interferón en los monocitos antes de la vacunación se asociaba con una reactogenicidad posterior más elevada. Los investigadores estudiaron a 51 adultos sanos vacunados con dos dosis y complementaron el seguimiento de las personas con experimentos destinados a explorar los mecanismos implicados.
Los resultados profundizan en un principio central de la inmunología: las personas no parten necesariamente del mismo estado inmunitario cuando reciben una vacuna. La variabilidad individual de las defensas también se observa frente a las infecciones; Mundo de la Salud ha abordado previamente cómo las diferencias del huésped pueden modificar la respuesta inmunitaria ante un virus.
Una señal antiviral ya estaba activa antes de la vacunación
Los interferones son proteínas fundamentales de la inmunidad innata, la primera línea de defensa frente a numerosos patógenos. Cuando las células detectan determinadas señales de infección, estas moléculas contribuyen a establecer un estado antiviral y coordinan otras respuestas defensivas.
El equipo dirigido desde el Centro de Vacunología de la Universidad de Ginebra observó que algunos participantes mostraban una mayor señalización relacionada con interferones en sus monocitos incluso antes de recibir la vacuna. Los monocitos son células del sistema inmunitario capaces de participar en la respuesta inflamatoria y de responder a señales que indican la presencia de una amenaza.
Natacha Madelon, primera autora del estudio, explicó que cuanto más activa era esa respuesta natural al interferón antes de la vacunación, más pronunciadas tendían a ser las reacciones posteriores. El hallazgo no implica que el interferón sea perjudicial: se trata de una pieza esencial de la defensa antiviral cuya intensidad basal parece contribuir a las diferencias observadas entre individuos.
La relevancia de regular adecuadamente las primeras defensas del organismo también aparece en otras áreas de la investigación inmunológica. El equilibrio entre activación y control fue analizado en un artículo sobre el papel de la inflamación y la inmunidad innata en la defensa frente a infecciones.
Dolor, fiebre y cansancio forman parte de la reactogenicidad
Los síntomas locales y sistémicos que aparecen después de una vacunación reciben en conjunto el nombre de reactogenicidad. Entre ellos pueden encontrarse dolor, enrojecimiento o hinchazón en el lugar de la inyección, además de fatiga, fiebre y dolor de cabeza. En la mayoría de los casos estudiados son manifestaciones leves y transitorias asociadas con la activación inmunitaria.
Los investigadores ya sabían que factores como la edad y la dosis administrada podían influir en estas reacciones. Las personas mayores, por ejemplo, tienden a experimentar menos reactogenicidad, en parte por los cambios del sistema inmunitario asociados con el envejecimiento. El nuevo estudio aporta un mecanismo adicional al situar parte de la variabilidad antes incluso de administrar la vacuna.
El resultado también permite comprender mejor la diferencia entre inmunidad innata y adaptativa. La primera responde rápidamente ante señales de peligro, mientras la segunda desarrolla mecanismos específicos, incluidos anticuerpos y células de memoria. Esa capacidad de recordar exposiciones anteriores es la base de la protección vacunal y ha sido estudiada igualmente en la memoria inmunológica desarrollada frente al SARS-CoV-2.
La segunda dosis reveló otro mecanismo inmunitario
El estudio examinó asimismo por qué una exposición posterior al mismo antígeno puede producir una respuesta diferente. Después de una primera vacunación, el sistema inmunitario adaptativo desarrolla anticuerpos y células T capaces de reconocer el antígeno con mayor rapidez cuando vuelve a encontrarlo.
Los experimentos mecanísticos indicaron que los anticuerpos generados después de la primera dosis podían contribuir a activar los monocitos durante una dosis posterior. Esa activación mediada por anticuerpos favoreció señales inflamatorias y ayudó a explicar parte de la reactogenicidad observada después de la vacunación repetida.
La memoria inmunitaria constituye precisamente uno de los objetivos fundamentales de las vacunas. Estudios con otras plataformas han mostrado cómo las inmunizaciones buscan establecer células capaces de responder nuevamente al patógeno; un ejemplo reciente es la vacuna experimental SchistoShield y su capacidad para inducir respuestas de memoria inmunitaria.
Tener más síntomas no significa obtener mayor protección
Una de las principales precisiones de los investigadores es que la intensidad de las molestias posteriores no debe utilizarse como una medida de la eficacia de una vacuna. Una persona que no presenta fiebre, cansancio o dolor significativo después de la aplicación puede desarrollar una respuesta inmunitaria adecuada.
Arnaud Didierlaurent, profesor asociado del Centro de Vacunología y del Departamento de Patología e Inmunología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra, subrayó que una reacción leve o incluso la ausencia de síntomas no significa que la vacuna sea ineficaz. Reactogenicidad e inmunogenicidad describen fenómenos relacionados con la activación del sistema inmunitario, pero no son equivalentes.
Esta distinción resulta especialmente importante porque las plataformas vacunales pueden entrenar las defensas mediante estrategias diferentes. Las vacunas de ARNm proporcionan instrucciones temporales para que las células produzcan un antígeno que posteriormente será reconocido por el sistema inmunitario. La tecnología, ampliamente utilizada durante la pandemia, también se investiga para otras enfermedades, como muestra el desarrollo de una vacuna de ARNm diseñada contra varios tipos de ébola.
Genética, microbioma e inflamación están entre las hipótesis
El estudio no establece todavía por qué algunas personas presentan una actividad basal de interferón más elevada que otras. Los investigadores plantean diferentes posibilidades que deberán estudiarse, entre ellas factores genéticos, características del microbioma y antecedentes de inflamación.
La variabilidad inmunitaria es producto de numerosas interacciones biológicas y ambientales. Por esa razón, los autores no proponen utilizar los síntomas posteriores a la vacunación como una prueba individual de fortaleza o debilidad inmunológica ni como indicador clínico aislado.
Los hallazgos tampoco describen todas las posibles reacciones adversas asociadas con una vacunación. La investigación se concentró específicamente en la reactogenicidad habitual y transitoria después de una formulación de ARNm contra el COVID-19, por lo que sus resultados no deben extrapolarse automáticamente a eventos médicos poco frecuentes o a todas las tecnologías vacunales.
El objetivo es separar protección y molestias innecesarias
Comprender los mecanismos que producen reactogenicidad podría tener aplicaciones en el diseño de futuras vacunas. Si los científicos consiguen distinguir con mayor precisión qué señales inmunitarias son necesarias para generar una protección sólida y cuáles contribuyen principalmente a síntomas temporales, sería posible orientar el desarrollo hacia formulaciones mejor toleradas sin sacrificar eficacia.
Las plataformas de ARN mensajero ya se están explorando mucho más allá del COVID-19. Entre las líneas de investigación se encuentran las vacunas de ARN mensajero investigadas como estrategia contra diferentes tipos de cáncer, donde la tecnología se emplea con objetivos distintos a los de una vacuna preventiva convencional.
El equipo de Ginebra pretende ahora determinar si los mecanismos identificados aparecen también con otros tipos de vacunas. Esa comparación será necesaria antes de establecer hasta qué punto la señalización basal del interferón constituye un mecanismo general de reactogenicidad o una característica especialmente relevante para determinadas plataformas.
Fuentes referenciales:
Infobae
Universidad de Ginebra
Science Translational Medicine – estudio sobre interferón y reactogenicidad de vacunas de ARNm
