La edad y la calidad de los gametos mantienen un peso decisivo, mientras alimentación, actividad física y hábitos saludables pueden favorecer el contexto reproductivo sin garantizar un embarazo
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Mejorar determinados hábitos puede contribuir a crear condiciones más favorables para la salud reproductiva, pero la evidencia científica no respalda la idea de que una dieta, suplemento o rutina específica pueda aumentar ilimitadamente la fertilidad. La edad, la reserva ovárica, la calidad de los óvulos y espermatozoides y las condiciones médicas individuales siguen desempeñando un papel central cuando una persona o una pareja busca un embarazo.
La distinción es importante ante la proliferación de consejos en redes sociales que prometen “rejuvenecer” los ovarios, mejorar los gametos mediante suplementos o elevar rápidamente las posibilidades de concepción. Los especialistas sostienen que el objetivo realista es proteger el potencial reproductivo y corregir factores modificables, no superar mediante hábitos los límites biológicos relacionados con la edad o determinadas enfermedades.
La edad sigue siendo uno de los factores determinantes
La fertilidad femenina disminuye progresivamente con la edad y el descenso se vuelve especialmente relevante en las etapas reproductivas más avanzadas. La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) señala que las probabilidades de embarazo y nacimiento disminuyen significativamente después de los 35 años, mientras aumentan los riesgos de alteraciones cromosómicas y aborto espontáneo.
Los marcadores de reserva ovárica también cambian con el paso del tiempo, pero no deben interpretarse aisladamente como una predicción exacta de la posibilidad de lograr un embarazo espontáneo. La hormona antimülleriana y el recuento de folículos antrales pueden aportar información clínica, especialmente sobre la respuesta ovárica esperable en determinados tratamientos, pero no constituyen por sí solos una prueba universal de fertilidad.
Las causas de dificultad reproductiva tampoco corresponden exclusivamente a las mujeres. La calidad y función de los espermatozoides forman parte de la evaluación, y diferentes investigaciones continúan examinando los factores que pueden modificarlas. Un amplio metaanálisis abordado previamente por Mundo de la Salud encontró que periodos más cortos de abstinencia pueden relacionarse con menor daño del ADN espermático, un aspecto relevante especialmente en contextos de reproducción asistida.
Alimentarse bien favorece la salud, pero no existe una dieta milagrosa
No hay evidencia robusta de una “dieta de fertilidad” capaz de garantizar la concepción. La ASRM indica que los estudios sobre diferentes patrones alimentarios y fertilidad han producido resultados heterogéneos, aunque una alimentación saludable sigue siendo recomendable por sus beneficios generales y metabólicos.
Los patrones basados en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado, grasas insaturadas y proteínas de buena calidad ofrecen una base nutricional razonable. Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones favorables entre patrones cercanos a la dieta mediterránea y determinados resultados reproductivos, pero esas asociaciones no permiten afirmar que esa alimentación, por sí sola, produzca un embarazo.
El estado nutricional también importa. Tanto un peso corporal muy bajo como la obesidad pueden relacionarse con alteraciones reproductivas. Una disponibilidad energética insuficiente, especialmente cuando se combina restricción alimentaria con ejercicio intenso, puede alterar el ciclo menstrual y la ovulación. Por otro lado, el exceso de tejido adiposo puede acompañarse de cambios metabólicos y hormonales que afectan la función reproductiva.
Las necesidades nutricionales tampoco permanecen constantes durante toda la vida. Los cambios hormonales y metabólicos modifican los requerimientos nutricionales femeninos, por lo que la alimentación debe adaptarse a la edad, situación clínica y etapa reproductiva en lugar de seguir protocolos universales difundidos en redes sociales.
Ejercicio moderado sí, entrenamiento extremo no necesariamente
La actividad física regular ayuda a mantener la salud cardiovascular, metabólica y muscular y forma parte de las recomendaciones generales para quienes buscan un embarazo. Sin embargo, aumentar indiscriminadamente la intensidad no significa aumentar la fertilidad.
Cuando el entrenamiento exigente se combina con una ingesta energética insuficiente, algunas mujeres pueden experimentar irregularidades menstruales o ausencia de ovulación. El objetivo debe ser mantener una actividad compatible con el estado nutricional, la condición física y las necesidades individuales.
El ciclo menstrual implica variaciones hormonales que también pueden modificar algunas respuestas al ejercicio. La relación entre ambas variables ha sido analizada al estudiar cómo las diferentes fases del ciclo menstrual pueden influir en la actividad física, aunque estas variaciones no justifican esquemas rígidos de entrenamiento como tratamiento de la fertilidad.
Tabaco y algunas hormonas pueden perjudicar la capacidad reproductiva
Entre los factores modificables, el tabaquismo dispone de evidencia particularmente consistente. El consumo de tabaco se ha relacionado con efectos adversos sobre la fertilidad femenina y con deterioro de distintos parámetros seminales. La exposición también puede afectar otros aspectos de la salud necesarios para una gestación saludable.
Una revisión difundida por la Organización Mundial de la Salud examinó la evidencia sobre los efectos reproductivos del tabaco. En hombres, los resultados relacionaron fumar con alteraciones de la movilidad y morfología espermática, entre otros problemas. Mundo de la Salud abordó recientemente cómo el tabaquismo amenaza la fertilidad femenina y masculina.
También merecen atención los esteroides anabólicos y la testosterona administrada sin una indicación médica compatible con el deseo reproductivo. La testosterona exógena puede suprimir las señales hormonales necesarias para la producción de espermatozoides y reducir considerablemente la espermatogénesis.
El consumo excesivo de alcohol, las drogas recreativas y determinadas exposiciones ambientales constituyen otros factores que deben evaluarse. Las recomendaciones deben ajustarse a la situación individual y evitar mensajes alarmistas o supuestas estrategias de “desintoxicación” sin respaldo clínico.
Ácido fólico previene complicaciones, pero no es un potenciador de fertilidad
Uno de los errores frecuentes consiste en confundir un nutriente importante para el embarazo con un producto capaz de aumentar la posibilidad de concebir. La ASRM recomienda que las mujeres que desean quedar embarazadas consuman diariamente ácido fólico, con una referencia de 400 microgramos para mujeres de riesgo promedio. Su finalidad principal es disminuir el riesgo de defectos del tubo neural, no incrementar directamente la fertilidad.
Otros suplementos requieren una evaluación más cuidadosa. La vitamina D debe corregirse cuando existe una deficiencia, pero utilizar dosis elevadas sin necesidad demostrada no equivale a mejorar la capacidad reproductiva. La coenzima Q10 ha sido investigada especialmente en reproducción asistida y baja reserva ovárica, mientras que los datos sobre omega-3 y otros compuestos tampoco justifican considerarlos tratamientos universales contra la infertilidad.
La misma precaución se aplica a productos herbales promocionados en redes sociales. Que una sustancia sea de origen natural no demuestra su eficacia ni garantiza que carezca de interacciones o efectos adversos. El criterio coincide con el principio de que los suplementos deben responder a una necesidad nutricional o clínica concreta en lugar de utilizarse indiscriminadamente.
La ventana fértil importa más que muchos rituales populares
La ASRM define la ventana fértil como el intervalo de seis días que termina el día de la ovulación. Las relaciones sexuales cada uno o dos días durante ese periodo se asocian con las mayores tasas de embarazo, aunque mantener relaciones dos o tres veces por semana produce resultados cercanos y puede resultar menos estresante para algunas parejas.
Los métodos para reconocer la fertilidad, como la observación del moco cervical y las pruebas de detección de la ovulación, pueden ayudar a identificar el periodo de mayor probabilidad de concepción. En cambio, no existe respaldo para posiciones sexuales específicas o rutinas posteriores al coito como mecanismos capaces de aumentar la fertilidad.
La ovulación forma parte de una secuencia hormonal compleja del ciclo menstrual. Conocer las distintas fases del ciclo y el momento en que se libera el óvulo puede facilitar la comprensión de la ventana fértil, pero los calendarios no identifican con absoluta precisión la ovulación de todas las mujeres ni de todos los ciclos.
Cuándo conviene solicitar una evaluación de fertilidad
La evaluación médica adquiere mayor importancia que acumular suplementos cuando el embarazo no llega dentro de los tiempos esperados o existen antecedentes que pueden comprometer la fertilidad. La ASRM recomienda iniciar una evaluación después de 12 meses de relaciones sexuales regulares sin protección en mujeres menores de 35 años y después de seis meses a partir de los 35. En mujeres mayores de 40 años puede estar justificada una evaluación más inmediata.
También puede ser apropiado consultar antes cuando existen ciclos menstruales irregulares o ausentes, sospecha de endometriosis, antecedentes de enfermedad tubárica, problemas reproductivos masculinos u otras condiciones conocidas que puedan interferir con la concepción. En este contexto, la relación entre endometriosis y fertilidad requiere una valoración individual y no debe reducirse a la idea de que todas las mujeres con la enfermedad tendrán necesariamente dificultades para concebir.
Cuando corresponde estudiar una posible infertilidad, la evaluación debe considerar a ambos integrantes de la pareja y revisar antecedentes médicos, reproductivos y quirúrgicos, medicamentos, suplementos, exposición a sustancias, características del ciclo menstrual y factores masculinos. Este enfoque permite identificar problemas tratables sin convertir pruebas aisladas en predicciones absolutas.
Los hábitos saludables pueden proteger la salud reproductiva y corregir factores perjudiciales, pero no rejuvenecen los gametos ni eliminan el efecto de la edad. Alimentación equilibrada, actividad física apropiada, ausencia de tabaco y drogas, control de enfermedades crónicas y asesoramiento preconcepcional forman una estrategia más respaldada que las promesas de suplementos o protocolos destinados a “potenciar” la fertilidad sin una indicación individual.
Fuentes referenciales:
Infobae
American Society for Reproductive Medicine – Optimizing natural fertility
American Society for Reproductive Medicine – Fertility evaluation of infertile women
American Society for Reproductive Medicine – Prepregnancy counseling
