Especialistas argentinos advierten que esta condición suele no dar síntomas, pero permite actuar a tiempo para reducir el riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
La prediabetes es una señal metabólica temprana que suele pasar inadvertida. No produce síntomas claros en la mayoría de los casos, pero indica que los niveles de glucosa en sangre ya están por encima de lo normal, aunque todavía no alcanzan los valores diagnósticos de diabetes tipo 2.
Detectarla a tiempo puede cambiar el curso de la enfermedad. La intervención temprana permite reducir el riesgo de progresión hacia diabetes tipo 2 y, al mismo tiempo, controlar factores asociados como obesidad abdominal, hipertensión, colesterol alterado, triglicéridos elevados e hígado graso. Por eso, la prediabetes debe entenderse como una oportunidad clínica de prevención, no como una sentencia inevitable.
Qué significa tener prediabetes
La médica especialista en Medicina Interna y Nutrición Marianela Aguirre Ackermann, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, explicó que la prediabetes refleja alteraciones en la acción de la insulina o en la capacidad del páncreas para secretarla. Esa alteración se asocia con mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.
El médico diabetólogo Mariano J. Taverna, de la División de Diabetología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, señaló que la prediabetes aparece típicamente en personas con exceso de peso corporal y puede progresar a diabetes tipo 2 en alrededor del 70% de los casos, con una tasa promedio de conversión anual cercana al 7%.
La prevalencia también preocupa. Taverna indicó que la prediabetes alcanza cifras cercanas al 30% e incluso superiores en Estados Unidos. Ese dato muestra que no se trata de una condición marginal, sino de un problema metabólico frecuente y muchas veces silencioso.
Por qué aparece y quiénes tienen más riesgo
Las causas de la prediabetes son multifactoriales. Intervienen factores genéticos, epigenéticos y ambientales, pero los especialistas destacan especialmente el exceso de peso corporal, la obesidad abdominal y el sedentarismo.
La resistencia a la insulina se vincula con adiposidad abdominal, inflamación crónica de bajo grado, falta de actividad física y otros factores del entorno. La capacidad de las células beta del páncreas para compensar esa resistencia también depende de predisposición genética, mecanismos inflamatorios y condiciones metabólicas individuales.
El riesgo aumenta en adultos con sobrepeso u obesidad, especialmente si tienen aumento de circunferencia de cintura. También deben prestar atención quienes tienen antecedentes familiares de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, triglicéridos elevados, colesterol HDL bajo, antecedente de diabetes gestacional, síndrome de ovario poliquístico, enfermedad cardiovascular, hígado graso o tratamiento con fármacos que pueden aumentar el riesgo glucémico.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico de prediabetes es bioquímico. No alcanza con observar síntomas, porque en la mayoría de los casos no existen señales específicas antes del laboratorio. Los estudios principales son glucemia en ayunas, hemoglobina glicosilada A1c y prueba de tolerancia oral a la glucosa.
En Argentina, Aguirre Ackermann precisó que se diagnostica prediabetes con glucemia en ayunas entre 100 y 125 mg/dL, glucemia de 140 a 199 mg/dL a los 120 minutos de una prueba oral con 75 gramos de glucosa, o hemoglobina A1c entre 5,7% y 6,4%.
Taverna aclaró que existen diferencias pequeñas entre sociedades científicas. La American Diabetes Association utiliza como límite inferior de glucemia alterada de ayuno los 100 mg/dL, mientras que la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Diabetes mantienen el punto de corte en 110 mg/dL. Por eso, una misma persona puede ser clasificada de manera distinta según el criterio aplicado.
Cuándo conviene hacerse controles
Los análisis deben realizarse aunque no haya síntomas cuando existen factores de riesgo. Taverna recomendó estudiar a personas con obesidad, sedentarismo, antecedentes familiares de diabetes tipo 2, hígado graso no alcohólico, consumo de glucocorticoides o antecedentes de embarazos con recién nacidos de elevado peso.
Aguirre Ackermann agregó que los adultos con sobrepeso u obesidad y factores como hipertensión, dislipidemia, diabetes gestacional, síndrome de ovario poliquístico, enfermedad cardiovascular o esteatosis hepática son candidatos a solicitar laboratorio con glucemia, hemoglobina A1c o prueba de tolerancia oral a la glucosa.
En adultos sin factores de riesgo, el rastreo se recomienda desde los 35 años. Si los valores son normales, el estudio debe repetirse al menos cada tres años, o antes si aparecen nuevos factores de riesgo. En personas con prediabetes ya diagnosticada, el seguimiento debe ser anual.
Señales físicas que pueden orientar la sospecha
Aunque la prediabetes no presenta síntomas específicos, el examen físico puede ofrecer pistas. El aumento de la circunferencia de cintura y la acantosis nigricans, una pigmentación oscura y engrosada en zonas como cuello, axilas o pliegues, pueden orientar la sospecha clínica.
La sospecha aumenta cuando esos hallazgos se combinan con antecedentes familiares de diabetes, hipertensión, alteraciones del colesterol, diabetes gestacional, síndrome de ovario poliquístico o hígado graso. En esos casos, el laboratorio es la herramienta que permite confirmar o descartar la condición.
Prediabetes y riesgo cardiovascular
La prediabetes no solo anticipa riesgo de diabetes tipo 2. También se asocia con mayor riesgo cardiovascular incluso antes de que aparezca la diabetes. Taverna explicó que puede vincularse con hipertensión, enfermedad coronaria, falla cardíaca, arritmias y accidente cerebrovascular.
Aguirre Ackermann señaló que la evaluación debe ser integral e incluir presión arterial, circunferencia de cintura, perfil lipídico completo, función renal, albuminuria, hepatograma y valoración de enfermedad hepática esteatósica cuando corresponda. Esta mirada amplia es importante porque la prediabetes suele coexistir con otros factores de riesgo metabólico.
El vínculo entre glucosa, colesterol, presión arterial y peso corporal exige controlar el riesgo cardiovascular de forma conjunta. En ese contexto, revisar indicadores más allá del colesterol tradicional ayuda a anticipar mejor el riesgo de infarto y ACV, como también se analiza en el seguimiento de metas cardiovasculares personalizadas.
Qué hacer ante el diagnóstico
Un diagnóstico de prediabetes debe transmitirse con claridad, pero también con optimismo. Taverna remarcó que existen numerosas opciones terapéuticas beneficiosas para prevenir la progresión a diabetes tipo 2. La intervención no debe plantearse desde la culpa, sino desde la posibilidad concreta de cambiar la evolución.
Aguirre Ackermann subrayó que la prediabetes no es una cuestión de voluntad. Intervienen predisposición genética, función de la célula beta pancreática, distribución del tejido adiposo, sueño, estrés, alimentación y actividad física. Comprender esa complejidad permite trabajar con responsabilidad sin reducir el problema a una falla personal.
Cuando existen ansiedad, estrés relevante o depresión, Taverna recomendó considerar una consulta de salud mental dentro de un abordaje multidisciplinario. El objetivo es mejorar calidad de vida y aumentar la eficacia del tratamiento instaurado.
Tratamiento: peso, actividad física y seguimiento
El tratamiento se basa principalmente en cambios sostenidos del estilo de vida. Aguirre Ackermann citó el Diabetes Prevention Program, uno de los estudios más importantes en prevención de diabetes tipo 2, donde una intervención intensiva sobre alimentación, actividad física y descenso de peso redujo 58% el riesgo de progresión a diabetes en aproximadamente tres años.
Los objetivos prioritarios son reducir entre 5% y 7% del peso corporal y realizar actividad física regular, con al menos 150 minutos semanales de intensidad moderada. En personas con exceso de peso, el tratamiento de la obesidad forma parte del abordaje integral y, en determinados casos, puede incluir fármacos o cirugía bariátrica.
Taverna también mencionó la metformina como una herramienta posible, sin reemplazar los cambios de estilo de vida. Este medicamento, utilizado en diabetes tipo 2, puede reducir aproximadamente 25% el riesgo de desarrollar la enfermedad en personas seleccionadas.
Alimentación que ayuda a prevenir la progresión
La recomendación nutricional no se basa en dietas extremas. Aguirre Ackermann destacó la utilidad de patrones sostenibles y de buena calidad nutricional, entre ellos el patrón mediterráneo. Este enfoque prioriza vegetales, legumbres, frutas enteras, frutos secos, cereales integrales, aceite de oliva y pescado.
También se recomienda reducir bebidas azucaradas, productos ultraprocesados, panificados refinados y alimentos con exceso de grasas saturadas. La idea central es construir cambios moderados, sostenidos y adaptados a cada persona, porque suelen ser más eficaces que restricciones difíciles de mantener.
Otros patrones alimentarios basados en vegetales, fibra y alimentos poco procesados también muestran beneficios cardiometabólicos. La dieta nórdica, por ejemplo, se ha asociado con mejoras en indicadores vinculados con colesterol LDL, presión arterial, peso corporal y riesgo de diabetes tipo 2.
Hígado graso, obesidad y metabolismo
La prediabetes suele convivir con hígado graso metabólico, exceso de peso, triglicéridos elevados y alteraciones del colesterol. Por eso, el tratamiento no debe mirar solo la glucosa. Evaluar el hígado, los lípidos, la presión arterial y el perímetro de cintura permite identificar un riesgo más amplio.
La American Liver Foundation advierte que la enfermedad hepática grasa asociada a disfunción metabólica suele desarrollarse en personas con exceso de grasa corporal, diabetes, colesterol alto o triglicéridos elevados. Esta relación explica por qué un diagnóstico de prediabetes también puede requerir revisar hábitos alimentarios y riesgo hepático, como ocurre en el abordaje del hígado graso.
Revertir valores no significa abandonar controles
Los especialistas coinciden en que es posible volver a valores normales de glucosa. Sin embargo, la predisposición biológica puede persistir, especialmente cuando existe susceptibilidad de la célula beta pancreática, antecedentes familiares o factores metabólicos acumulados.
Por eso, la normalización de los análisis no debe interpretarse como autorización para abandonar controles. La prediabetes requiere seguimiento en el tiempo, ajustes de hábitos, revisión periódica de laboratorio y atención a factores como sueño, estrés, sedentarismo, presión arterial y perfil lipídico.
El mensaje práctico es directo: la prediabetes puede avanzar sin avisar, pero también puede detectarse y tratarse antes de que derive en diabetes tipo 2. En esa etapa, actuar con controles, alimentación de calidad, movimiento regular y seguimiento profesional puede modificar el pronóstico.

