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La medida de la cintura mejora la predicción del riesgo cardíaco

Entre las limitaciones del estudio se encuentra la ausencia de mediciones de actividad física, dieta o riesgo genético de obesidad. / Unsplash

Un estudio con más de 260.000 personas encontró que la circunferencia abdominal y la relación cintura-cadera identifican riesgos cardiovasculares que pueden pasar inadvertidos al utilizar únicamente el índice de masa corporal


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz

Medir la circunferencia de la cintura y compararla con el perímetro de la cadera puede ofrecer información cardiovascular que el índice de masa corporal no logra detectar por sí solo. Un amplio estudio dirigido por investigadores de la Universidad Johns Hopkins concluyó que excluir estos indicadores de las evaluaciones clínicas puede clasificar incorrectamente el riesgo de algunas personas.

El trabajo examinó datos de más de 260.000 participantes con un seguimiento de hasta 20 años. Los resultados mostraron que la acumulación de grasa en el abdomen se asociaba más estrechamente con infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca y otros desenlaces cardiovasculares que el peso corporal expresado mediante el índice de masa corporal, conocido como IMC.

La diferencia fue especialmente importante entre personas consideradas de peso normal o con sobrepeso según su IMC. Cuando además presentaban una cintura elevada y una relación cintura-cadera alta, su riesgo de sufrir episodios cardiovasculares mortales o no mortales era entre un 15 % y un 50 % superior al de quienes tenían una menor concentración de grasa abdominal.

El IMC no muestra dónde se acumula la grasa

El índice de masa corporal se calcula dividiendo el peso en kilogramos por el cuadrado de la estatura en metros. Es una herramienta sencilla, económica y útil para estudiar grandes poblaciones, pero no permite distinguir entre grasa, músculo y masa ósea ni indica en qué zona del organismo se concentra el tejido adiposo.

Dos personas pueden tener el mismo IMC y perfiles metabólicos diferentes. Una puede acumular más grasa alrededor del abdomen y los órganos internos, mientras la otra puede presentar mayor masa muscular o una distribución predominantemente periférica. Estas diferencias no aparecen reflejadas en el resultado del cálculo.

El nuevo trabajo no invalida completamente el IMC. De hecho, investigaciones anteriores han mostrado que el IMC continúa identificando correctamente el exceso de adiposidad en una gran parte de los adultos. El problema surge cuando se utiliza como único criterio para estimar el riesgo individual.

Los autores sostienen que la medida de la cintura y la relación cintura-cadera deben emplearse como herramientas complementarias. Al incorporarlas, es posible reconocer a personas aparentemente protegidas por un IMC normal que, sin embargo, presentan una distribución de grasa vinculada con mayor riesgo cardiometabólico.

La grasa abdominal modifica la clasificación cardiovascular

El análisis organizó a los participantes según las categorías habituales de peso y las combinó con indicadores de adiposidad central. Esta comparación permitió identificar perfiles que quedaban ocultos cuando la evaluación se basaba exclusivamente en el IMC.

Las personas con peso normal, pero con cintura elevada y una relación cintura-cadera alta, mostraron mayor riesgo en la mayoría de los desenlaces estudiados. En cambio, algunos participantes clasificados con obesidad mediante el IMC, pero con una cintura relativamente baja, presentaron resultados cardiovasculares similares a los del grupo con peso normal y poca adiposidad abdominal.

Este patrón no significa que la obesidad general carezca de importancia ni que una cintura reducida elimine todos los riesgos asociados con el exceso de peso. Indica que la localización de la grasa añade información necesaria para diferenciar mejor los perfiles clínicos dentro de una misma categoría de IMC.

La relación cintura-cadera se obtiene dividiendo la circunferencia de la cintura por la de la cadera. Un resultado más elevado suele indicar una mayor concentración de volumen en la zona abdominal respecto de la región glútea, aunque debe interpretarse junto con la medida absoluta de la cintura, el sexo, la edad y otros factores clínicos.

Por qué la grasa visceral preocupa a los especialistas

La grasa abdominal incluye tejido subcutáneo, situado debajo de la piel, y grasa visceral, localizada alrededor de los órganos internos. Esta última presenta una actividad metabólica que puede favorecer inflamación, resistencia a la insulina, alteraciones de los lípidos sanguíneos y otros procesos relacionados con la enfermedad cardiovascular.

La circunferencia de la cintura no mide directamente la grasa visceral, pero funciona como una aproximación accesible en la consulta. Las técnicas de imagen ofrecen una evaluación más precisa de los depósitos internos, aunque su coste y complejidad impiden utilizarlas de manera rutinaria en toda la población.

La relevancia de estos depósitos también se observa al estudiar los efectos de su reducción. Un seguimiento de intervenciones nutricionales encontró que perder grasa visceral puede dejar beneficios metabólicos duraderos, incluso cuando el peso total no resume por completo los cambios ocurridos en el organismo.

Los científicos han comprobado además que el tejido adiposo no se comporta igual en todas las zonas del cuerpo. La grasa visceral suele presentar mayor actividad inflamatoria que ciertos depósitos periféricos, una diferencia que ayuda a explicar por qué la forma corporal aporta información adicional sobre el riesgo metabólico y cardiovascular.

Cómo deben realizarse las mediciones

Para que la circunferencia de la cintura resulte útil, debe medirse de manera estandarizada con una cinta no elástica, manteniéndola horizontal y sin comprimir la piel. La persona debe permanecer de pie, relajada y completar una respiración normal antes de registrar el resultado.

Los protocolos internacionales no siempre utilizan exactamente el mismo punto anatómico. Algunos miden el espacio medio entre la última costilla palpable y la parte superior de la pelvis, mientras otros sitúan la cinta sobre la cresta ilíaca. Por esta razón, el seguimiento clínico debería aplicar siempre el mismo procedimiento.

La cadera se mide en la zona de mayor circunferencia de los glúteos. Después se divide la medida de la cintura por la de la cadera. Un profesional sanitario debe interpretar el resultado porque los valores de referencia pueden variar según el sexo y las características de la población evaluada.

Una medida elevada no constituye por sí sola un diagnóstico de enfermedad cardiovascular. Tampoco reemplaza el análisis de la presión arterial, glucosa, colesterol, tabaquismo, antecedentes familiares, actividad física, alimentación ni historia clínica.

Una evaluación más completa para prevenir infartos y ACV

El estudio respalda un cambio desde la clasificación basada exclusivamente en el peso hacia una evaluación de la composición y distribución corporal. En la práctica, medir la cintura requiere poco tiempo y puede incorporarse a los controles habituales sin equipamiento especializado.

Las guías cardiovasculares publicadas en 2026 también reconocen que el IMC no representa adecuadamente la composición corporal ni la obesidad abdominal. Sus recomendaciones señalan que utilizar conjuntamente el IMC y la circunferencia de la cintura ofrece información complementaria sobre alteraciones metabólicas, enfermedad cardiovascular y mortalidad.

La distribución de la grasa debe integrarse con los factores de riesgo tradicionales. Un análisis previo de millones de historias clínicas encontró que el 99 % de los infartos y accidentes cerebrovasculares estuvo precedido por al menos un factor modificable, principalmente presión arterial elevada, colesterol alto, alteraciones de la glucosa o tabaquismo.

La prevención requiere actuar sobre el conjunto del riesgo y no únicamente sobre una cifra corporal. Mantener actividad física regular, evitar el tabaco, controlar la presión arterial, revisar los niveles de glucosa y colesterol y seguir una alimentación equilibrada continúa siendo fundamental. La evidencia también relaciona una buena capacidad aeróbica con arterias más saludables a largo plazo.

El trabajo es observacional, por lo que identifica asociaciones y no demuestra que una determinada medida de cintura cause directamente un episodio cardiovascular. Sin embargo, el tamaño de la población, el seguimiento prolongado y la consistencia de los resultados respaldan la incorporación de indicadores abdominales a la evaluación clínica habitual.

Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Journal of the American College of Cardiology