Un seguimiento sueco de 425 personas halló que la capacidad aeróbica a los 34 y 52 años explicó hasta el 36 % de las diferencias de rigidez arterial a los 63.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La salud de las arterias a los 60 años puede empezar a construirse varias décadas antes. Una investigación del Karolinska Institutet, en Suecia, encontró que las personas con mejor capacidad aeróbica en la juventud y la mediana edad presentaban arterias más elásticas al llegar a los 63 años.
El estudio, publicado en Scientific Reports, siguió a 425 participantes del proyecto sueco SPAF-1958 durante casi 30 años. Los voluntarios fueron evaluados a los 34, 52 y 63 años mediante pruebas de bicicleta ergométrica, análisis de sangre y estudios no invasivos para medir la elasticidad arterial.
Qué midió el estudio sueco
El equipo encabezado por Maria Westerståhl, del Departamento de Medicina de Laboratorio del Karolinska Institutet, calculó la capacidad aeróbica a partir del VO₂ máx, un indicador que refleja cuánto oxígeno puede utilizar el organismo durante el ejercicio.
Además, los investigadores registraron tabaquismo, índice de masa corporal, presión arterial y uso de medicación para colesterol o hipertensión. También evaluaron marcadores lipídicos como colesterol total, LDL y HDL, con el objetivo de comparar su valor frente a la condición física como predictor de envejecimiento vascular.
La capacidad aeróbica a los 34 y 52 años explicó hasta el 36 % de las diferencias de rigidez arterial observadas a los 63 años. En cambio, el colesterol total, el LDL y el HDL no lograron anticipar qué personas tendrían arterias más rígidas décadas después.
Por qué importa la rigidez arterial
La rigidez arterial es uno de los indicadores utilizados para evaluar envejecimiento vascular y riesgo cardiovascular. Cuando las arterias pierden elasticidad, amortiguan peor la presión interna y el corazón debe trabajar con más esfuerzo para impulsar la sangre.
Para medir ese deterioro, los científicos analizaron la velocidad de la onda de pulso. Cuanto más rígidos son los vasos sanguíneos, más rápido se desplaza esa onda por las arterias. Esta pérdida de flexibilidad se relaciona con mayor riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.
El hallazgo refuerza la importancia de sostener hábitos activos a lo largo de la vida. La prevención cardiovascular no depende solo de análisis de laboratorio, sino también de factores cotidianos como movimiento, alimentación, descanso y control de la presión arterial.
El ejercicio predijo mejor que el colesterol
Uno de los resultados más relevantes fue que la condición física aeróbica ofreció una señal más fuerte sobre la salud vascular futura que los marcadores lipídicos tradicionales. Esto no elimina la importancia clínica del colesterol, pero muestra que la capacidad funcional del organismo puede aportar información adicional sobre el envejecimiento arterial.
Andrea Tryfonos, investigadora posdoctoral del Karolinska Institutet, señaló que una buena condición física en etapas tempranas de la adultez se relaciona con mejor salud vascular más adelante, independientemente de los factores de riesgo tradicionales.
La observación encaja con una visión más amplia de la salud cardiovascular, donde la falta de ejercicio, el tabaquismo y la mala alimentación pueden influir en el riesgo de enfermedad a largo plazo.
Diferencias entre hombres y mujeres
El estudio también detectó diferencias por sexo. Entre los participantes mayores, el 24,5 % de los hombres presentaba niveles elevados de rigidez arterial, frente al 46,7 % de las mujeres. Los investigadores aclararon que todavía no está completamente definido qué factores explican esa diferencia.
Una de las hipótesis mencionadas apunta a los cambios hormonales asociados con la menopausia, aunque el trabajo no analizó específicamente ese mecanismo. Por eso, el dato abre una línea de investigación adicional sobre envejecimiento vascular, sexo biológico y protección cardiovascular.
La rigidez arterial también comparte factores de riesgo con el accidente cerebrovascular. En ese sentido, el control del estrés, el sueño y otros hábitos diarios pueden formar parte de una estrategia preventiva más amplia frente al riesgo de accidente cerebrovascular.
Caminar, correr o andar en bicicleta
Los investigadores remarcaron que mantener buena capacidad aeróbica no solo mejora el rendimiento físico. También puede influir directamente sobre el envejecimiento de las arterias y la protección cardiovascular décadas después.
Hábitos sostenidos como caminar, correr o andar en bicicleta pueden contribuir a preservar la flexibilidad arterial. El punto central no es una intervención puntual, sino la constancia durante la adultez temprana y media.
El equipo planea continuar el seguimiento de los participantes hasta los 68 años para analizar cómo los cambios en la condición física durante la vida adulta se relacionan con el envejecimiento vascular. Esa nueva etapa permitirá observar si mejorar o perder capacidad aeróbica modifica el riesgo con el paso del tiempo.
Una señal para cuidar las arterias antes
El mensaje preventivo del estudio es claro: las arterias no envejecen de un día para otro. Su flexibilidad puede estar influida por hábitos mantenidos durante años, incluso antes de que aparezcan síntomas o diagnósticos cardiovasculares.
La investigación no sustituye los controles médicos ni reduce la importancia de medir colesterol, presión arterial o peso corporal. Pero sí muestra que la condición física puede ser una señal relevante para comprender la salud vascular a largo plazo.
La enfermedad cardiovascular sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo. Frente a ese escenario, conservar una buena capacidad aeróbica desde edades tempranas aparece como una medida concreta para proteger las arterias y reducir la carga cardiovascular en la vejez.
