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Por qué el dolor de rodilla aumenta con la edad y cómo reducir el riesgo


El debilitamiento muscular, la pérdida de densidad ósea y el adelgazamiento del cartílago favorecen la rigidez, las molestias y la reducción de la movilidad con el paso de los años.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.


El dolor de rodilla suele hacerse más frecuente con la edad, pero no responde a una sola causa. La articulación está formada por músculos, cartílago, huesos y ligamentos que experimentan cambios progresivos con el paso del tiempo. El desgaste acumulado de estas estructuras puede generar rigidez, molestias y una menor capacidad para desplazarse.

Las rodillas funcionan como mecanismos complejos compuestos por varias piezas móviles. A medida que envejece el organismo, los músculos encargados de estabilizar la articulación pierden fuerza, disminuye la densidad ósea, el cartílago que amortigua el contacto entre los huesos se vuelve más delgado y los ligamentos pierden elasticidad.

Estos cambios pueden dificultar acciones cotidianas como caminar, levantarse de una silla o subir escaleras. También aumentan la vulnerabilidad frente a lesiones y elevan la probabilidad de desarrollar artrosis, una afección vinculada con el dolor persistente, la rigidez y la pérdida de movilidad.

El desgaste afecta varias estructuras de la rodilla

La musculatura que rodea la rodilla cumple una función estabilizadora. Cuando pierde fuerza, la articulación dispone de menos apoyo para distribuir las cargas que recibe durante los movimientos diarios. Esta reducción de la capacidad muscular puede hacer que caminar o permanecer de pie resulte más incómodo.

El cartílago actúa como una superficie amortiguadora entre los huesos. Su adelgazamiento disminuye la protección frente al roce y la presión dentro de la articulación. Al mismo tiempo, la pérdida de elasticidad de los ligamentos puede reducir la estabilidad y limitar la amplitud de movimiento.

Conservar la fuerza de los músculos que rodean la articulación forma parte del cuidado de las rodillas y de la autonomía física durante el envejecimiento. La protección no depende únicamente de evitar esfuerzos, sino también de mantener una musculatura capaz de sostener y estabilizar el cuerpo.

Qué factores aumentan el riesgo de daño

El exceso de peso corporal figura entre los factores que pueden incrementar la presión sobre las rodillas. También influyen el uso de calzado sin apoyo suficiente y la repetición de movimientos que someten la articulación a una exigencia constante.

Las actividades con impactos frecuentes sobre las piernas o con cambios bruscos de dirección añaden tensión a la zona. Una investigación realizada con atletas de parkour registró un promedio de 1,7 lesiones de rodilla o tobillo por cada 1.000 horas de entrenamiento. Aunque la cifra aislada no parece elevada, el daño repetido puede acumularse a largo plazo.

Las investigaciones realizadas con bailarines de élite también sitúan las lesiones de rodilla, incluidos los desgarros de menisco, entre los problemas más habituales. En el fútbol, una lesión del ligamento cruzado anterior puede mantener a un jugador fuera de las canchas durante un periodo de hasta un año.

Entre 10 y 20 años después de una lesión del ligamento cruzado anterior, aproximadamente la mitad de las personas afectadas desarrolla artrosis relacionada con el daño inicial. Esta evolución muestra por qué una lesión articular puede tener consecuencias que persisten mucho después de la recuperación inmediata.

Correr no necesariamente desgasta las rodillas

La relación entre correr y el deterioro de las rodillas no es tan directa como suele suponerse. La idea de que el impacto continuo contra el asfalto daña inevitablemente la articulación está extendida, pero las investigaciones no ofrecen una respuesta tan simple.

Un estudio que comparó el riesgo de artrosis de rodilla entre corredores y personas que no corrían no encontró diferencias significativas. El resultado respalda la posibilidad de que el ejercicio con carga, cuando se practica de manera responsable y adaptada a la condición física, pueda fortalecer las estructuras articulares en lugar de deteriorarlas por sí solo.

La evidencia disponible sobre si correr daña las rodillas señala que deben considerarse otros factores, como la preparación física, la técnica, el calzado, las lesiones previas y la adaptación progresiva al entrenamiento.

El entrenamiento de fuerza puede proteger la articulación

El fortalecimiento muscular ocupa un lugar importante en la prevención. Un estudio citado por Science Focus concluyó que las personas que practicaban ejercicios de fuerza tenían un 20 % menos de probabilidades de padecer artrosis que quienes nunca habían realizado este tipo de entrenamiento.

Los cuádriceps y otros músculos cercanos ayudan a estabilizar la rodilla y a distribuir las cargas que soporta durante el movimiento. Cuando estas estructuras conservan su fuerza, pueden reducir parte de la tensión que recae directamente sobre la articulación.

Las rutinas deben ajustarse a la edad, el nivel de movilidad y los antecedentes médicos. En personas mayores o con molestias previas, el trabajo de fuerza puede comenzar de forma progresiva y bajo orientación profesional. También existen ejercicios sin carga para proteger las rodillas que permiten mantener el movimiento sin someter la articulación a impactos intensos.

Qué hacer cuando aparecen las primeras molestias

El cuidado de la rodilla no se limita al ejercicio. Utilizar un calzado con buena amortiguación puede ayudar a reducir parte del impacto durante la marcha y otras actividades. También es importante no ignorar las molestias leves, ya que una lesión pequeña puede agravarse y convertirse en un problema más prolongado.

Cuando ya existe dolor, una rodillera puede ofrecer apoyo en determinadas situaciones. Sin embargo, su uso debe adaptarse al origen de la molestia y no sustituye una evaluación profesional cuando el dolor persiste, aumenta o limita el movimiento.

La natación representa otra alternativa porque permite ejercitarse sin cargar todo el peso corporal sobre la rodilla. Algunas investigaciones indican que las actividades acuáticas pueden favorecer la recuperación de lesiones menores y reducir la exposición de la articulación a nuevas sobrecargas.

Las estrategias para cuidar las rodillas en adultos mayores incluyen conservar el movimiento, fortalecer la musculatura, utilizar calzado adecuado y responder a las primeras señales de dolor antes de que la limitación se vuelva más evidente.

La artrosis y la pérdida de movilidad

El deterioro progresivo de la articulación puede favorecer la aparición de artrosis. Esta enfermedad se relaciona con dolor, rigidez y dificultades para realizar actividades cotidianas, aunque la intensidad de los síntomas y su evolución varían entre las personas.

La atención temprana resulta relevante cuando el dolor comienza a interferir con la marcha, el descanso o las tareas habituales. En los casos persistentes existen diferentes abordajes clínicos, incluida una técnica mínimamente invasiva para el dolor por artrosis de rodilla, cuya conveniencia debe ser determinada por profesionales de la salud.

La recomendación general no consiste en dejar de moverse por temor al desgaste. La protección de la rodilla requiere actividad adaptada, fortalecimiento muscular y una respuesta oportuna ante las molestias. Evitar la sobrecarga y mantener la articulación activa pueden formar parte de una misma estrategia de cuidado.

Fuente(s) referenciales

Infobae: El dolor de rodilla aumenta con la edad por el desgaste de músculos y cartílago