Un especialista en gerontología explica por qué el miedo a la muerte y el deterioro físico suelen convertirse en las principales inquietudes durante la vejez y qué actitudes pueden ayudar a sobrellevarlas.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La muerte y el deterioro físico forman parte de las preocupaciones más frecuentes entre las personas mayores. Sin embargo, ambos continúan siendo temas difíciles de abordar, incluso dentro de las familias, lo que hace que muchas veces permanezcan como asuntos tabú.
El médico geriatra, gerontólogo y tanatólogo Álvaro Cruz analiza estas inquietudes desde una perspectiva basada en la aceptación de la realidad y en la importancia de mantener una actitud que permita vivir con mayor serenidad el paso de los años.
La muerte, una realidad que suele evitarse
Según explica el especialista, una de las principales preocupaciones durante la vejez es la proximidad de la muerte. A medida que avanzan los años, muchas personas toman mayor conciencia de que el tiempo restante es limitado, lo que puede generar incertidumbre y ansiedad.
Cruz sostiene que la muerte es una experiencia inevitable para todos los seres humanos y que aceptar esa condición permite enfocarse en aquello que todavía puede disfrutarse y construirse. El objetivo no consiste en eliminar el miedo, sino en aprender a convivir con él sin que domine la vida cotidiana.
La aceptación de la transitoriedad de la existencia puede convertirse en una herramienta para valorar más los vínculos familiares, los proyectos personales y las experiencias que continúan siendo posibles durante la vejez.
El deterioro físico también genera incertidumbre
La segunda gran preocupación identificada por el especialista está relacionada con la pérdida progresiva de capacidades físicas. La disminución de la movilidad, la aparición de enfermedades crónicas o la dependencia para realizar actividades diarias suelen generar temor en muchas personas mayores.
Frente a esta realidad, Cruz propone distinguir entre aquello que puede prevenirse o retrasarse mediante hábitos saludables y aquello que forma parte del proceso natural del envejecimiento.
Mantener actividad física adaptada a cada condición, conservar una alimentación equilibrada, estimular las funciones cognitivas y fortalecer las relaciones sociales contribuyen a preservar durante más tiempo la autonomía y la calidad de vida.
La actitud también influye en el bienestar
El especialista destaca que, aunque existen situaciones que no pueden modificarse, sí es posible elegir la actitud con la que se enfrentan. La forma de interpretar los cambios asociados al envejecimiento influye directamente en el bienestar emocional.
Hablar abiertamente sobre la muerte, expresar los temores y compartir las preocupaciones con familiares o profesionales puede disminuir la carga emocional que producen estos temas cuando permanecen en silencio.
Del mismo modo, aceptar que el envejecimiento implica transformaciones no significa renunciar a una vida plena. Para Cruz, la capacidad de adaptarse, mantener objetivos personales y valorar el presente constituye una parte esencial del envejecimiento saludable.
Una conversación necesaria
El experto considera que la sociedad aún evita hablar de la muerte y del envejecimiento, pese a que ambas forman parte de la experiencia humana. Romper ese silencio favorece una mejor preparación emocional y permite afrontar esta etapa con mayor tranquilidad.
Más que ofrecer respuestas definitivas, su planteamiento invita a comprender que el miedo disminuye cuando se reconoce la realidad y se aprovecha el tiempo disponible para fortalecer los vínculos, cuidar la salud y mantener una actitud activa frente a la vida.
