Marcapasos cerebral: la cirugía que abre una nueva etapa para pacientes con Parkinson avanzado


En Argentina, la estimulación cerebral profunda ya se aplica como alternativa personalizada para personas con Parkinson avanzado cuyos síntomas motores dejaron de responder de forma adecuada a la medicación.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.


El avance de la enfermedad de Parkinson plantea uno de los mayores desafíos de la neurología moderna: cómo sostener la calidad de vida de quienes, tras años de tratamiento farmacológico, comienzan a perder respuesta frente a los medicamentos que durante mucho tiempo les permitieron controlar los síntomas. En ese escenario, la estimulación cerebral profunda, conocida popularmente como “marcapasos cerebral”, se consolida como una herramienta de alta precisión capaz de devolver estabilidad motora y mayor autonomía a pacientes seleccionados.

Esta técnica ya se realiza en el Hospital Alemán, institución que recientemente llevó adelante este procedimiento por primera vez, sumándose a los centros especializados que incorporan esta alternativa para casos complejos de Parkinson avanzado.

La enfermedad de Parkinson es una patología neurodegenerativa que afecta progresivamente el control del movimiento. Con el paso del tiempo, muchas personas desarrollan rigidez, temblores, lentitud para caminar, dificultad para coordinar movimientos y episodios de bloqueo motor que limitan su vida diaria. En una primera etapa, los tratamientos farmacológicos suelen ofrecer una respuesta favorable, pero a medida que la enfermedad avanza, el beneficio puede volverse insuficiente o inestable.

Frente a ese desgaste terapéutico, la estimulación cerebral profunda aparece como una intervención que no reemplaza el tratamiento médico tradicional, sino que lo complementa cuando los síntomas motores dejan de estar bien controlados. La técnica consiste en implantar electrodos en zonas específicas del cerebro vinculadas al movimiento. Estos dispositivos emiten impulsos eléctricos regulados que ayudan a modular circuitos neuronales alterados por la enfermedad.

Uno de los aspectos más valorados por los especialistas es que se trata de una terapia ajustable y personalizada. A diferencia de otros abordajes neuroquirúrgicos que implican lesiones permanentes sobre tejido cerebral, este procedimiento no destruye estructuras. Su principal ventaja es la posibilidad de adaptar la estimulación según el perfil de síntomas de cada paciente y la evolución clínica de su cuadro.

La neuróloga María Belén Justich, integrante del equipo médico consultado en Buenos Aires, explicó que esta alternativa está pensada para pacientes con complicaciones motoras severas en quienes la medicación dejó de ser suficiente. Según detalló, no se trata de una solución estándar, sino de una estrategia diseñada a medida, capaz de actuar sobre áreas concretas del cerebro para aliviar los síntomas que más afectan la rutina del paciente.

Ese carácter individualizado es una de las claves del tratamiento. Cada persona con Parkinson tiene una evolución distinta: algunos presentan temblores predominantes; otros, rigidez, bloqueos o fluctuaciones motoras intensas. La estimulación cerebral profunda permite intervenir de forma focalizada, ajustando parámetros según las necesidades funcionales de cada caso.

La cirugía exige una planificación minuciosa. Antes del procedimiento, el equipo realiza estudios de neuroimagen avanzada, como resonancia magnética, para identificar con precisión el sitio donde se colocarán los electrodos. Luego, mediante sistemas estereotáxicos de alta exactitud, los especialistas guían la implantación hacia los núcleos cerebrales responsables del control motor.

Este proceso requiere un abordaje multidisciplinario. No intervienen únicamente neurocirujanos y neurólogos: también participan neuropsicólogos, psiquiatras, especialistas en imágenes, anestesiólogos y personal de coordinación clínica. Esa integración es fundamental para definir si el paciente reúne las condiciones adecuadas y para acompañar el proceso antes y después de la cirugía.

La selección del candidato adecuado es determinante para el éxito del tratamiento. Los especialistas evalúan que exista un Parkinson avanzado con mala respuesta farmacológica, pero también que las funciones cognitivas, emocionales y psicosociales estén suficientemente preservadas para tolerar una neurocirugía y adaptarse al seguimiento posterior.

El objetivo no es curar la enfermedad, sino mejorar la calidad de vida. En muchos casos, esta intervención ayuda a recuperar mayor estabilidad al caminar, reducir temblores incapacitantes, disminuir bloqueos y mejorar la autonomía para tareas cotidianas. Eso puede traducirse en más independencia, menos caídas y un alivio significativo en la carga física y emocional que la enfermedad genera en pacientes y familias.

Más de 150.000 personas en el mundo han recibido implantes de estimulación cerebral profunda, una cifra que refleja el grado de desarrollo alcanzado por esta tecnología y su consolidación dentro del abordaje de enfermedades neurológicas complejas. Aunque no todos los pacientes son candidatos, su disponibilidad amplía el horizonte terapéutico para quienes enfrentan una etapa avanzada del Parkinson.

La incorporación de este tipo de procedimientos en centros de referencia de América Latina también representa un avance relevante en acceso sanitario. Más allá del componente tecnológico, su valor está en ofrecer una alternativa concreta a pacientes que ya no encuentran alivio suficiente con los tratamientos convencionales y necesitan recuperar parte del control sobre su vida diaria.

Referencias
Infobae: https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/04/11/como-funciona-el-marcapasos-cerebral-la-cirugia-que-mejora-la-vida-de-los-pacientes-con-parkinson-avanzado/
Wikipedia – Estimulación cerebral profunda: https://es.wikipedia.org/wiki/Estimulaci%C3%B3n_cerebral_profunda