Investigaciones realizadas en España vinculan la actividad de monocitos regulados por hormonas con las diferencias entre hombres y mujeres en la duración del dolor persistente
Redacción Mundo de la Salud
El dolor crónico no se distribuye de forma homogénea entre la población. En España, una investigación reciente ha profundizado en una de las diferencias más observadas en la clínica: el dolor persistente afecta con mayor frecuencia y durante más tiempo a las mujeres que a los hombres. El trabajo aporta una explicación biológica a este fenómeno al identificar el papel de determinadas células inmunitarias, los monocitos, cuya capacidad para contribuir a la desactivación del dolor está modulada por las hormonas sexuales, en particular por la testosterona.
Este hallazgo introduce una pieza clave en la comprensión de por qué el dolor tiende a cronificarse de manera distinta según el sexo. Lejos de atribuir estas diferencias únicamente a factores psicológicos o sociales, la investigación sitúa el foco en mecanismos inmunitarios concretos que operan de forma diferente en hombres y mujeres. La implicación directa de los monocitos sugiere que el sistema inmune no solo participa en la inflamación asociada al dolor, sino también en los procesos que permiten que ese dolor disminuya con el tiempo.
El dolor persistente como problema de salud y sus diferencias por sexo
El dolor persistente representa uno de los grandes retos de la salud pública, tanto por su impacto en la calidad de vida como por su carga para los sistemas sanitarios. La evidencia clínica muestra que las mujeres no solo experimentan con mayor frecuencia cuadros de dolor crónico, sino que, además, estos tienden a prolongarse más en el tiempo. Este patrón ha sido observado en múltiples contextos clínicos, pero hasta ahora su base biológica no estaba claramente establecida.
La investigación desarrollada en España aporta un marco explicativo que conecta estas diferencias con la biología del sistema inmune. En lugar de considerar el dolor crónico como un fenómeno uniforme, el estudio muestra que existen mecanismos de resolución del dolor que funcionan de manera distinta según el entorno hormonal del organismo. Este enfoque permite comprender por qué, ante un estímulo doloroso similar, la evolución del dolor puede divergir entre hombres y mujeres.
Monocitos y su papel en la modulación del dolor
Los monocitos son un tipo de células inmunitarias que circulan en la sangre y participan en la respuesta del organismo frente a infecciones y procesos inflamatorios. En el contexto del dolor, estas células desempeñan un papel que va más allá de la inflamación inicial: intervienen en los procesos que ayudan a que el dolor se atenúe con el tiempo. La investigación pone de relieve que la capacidad de los monocitos para contribuir a la desactivación del dolor no es fija, sino que está influida por el entorno hormonal.
En los hombres, la testosterona regula la actividad de estos monocitos de una manera que favorece la resolución del dolor. En las mujeres, donde los niveles de testosterona son significativamente más bajos, este mecanismo de modulación inmunitaria es menos efectivo, lo que contribuye a que el dolor se mantenga durante más tiempo. Esta diferencia en la interacción entre hormonas y sistema inmune proporciona una base fisiológica para entender la mayor persistencia del dolor crónico en mujeres.
Hormonas sexuales e inmunidad: un vínculo clave en la cronificación del dolor
El papel de las hormonas sexuales en la regulación del sistema inmune es un campo de estudio cada vez más relevante. En este caso, la relación entre la testosterona y la función de los monocitos introduce una explicación concreta para una diferencia clínica ampliamente observada. La investigación sugiere que la testosterona potencia la capacidad de estas células para participar en los mecanismos que reducen el dolor, lo que se traduce en una mayor probabilidad de resolución del cuadro doloroso en los hombres.
Este vínculo entre hormonas e inmunidad no implica que el dolor crónico en mujeres sea inevitable, sino que apunta a diferencias en los procesos biológicos que intervienen en su mantenimiento o resolución. Comprender estas diferencias es un paso necesario para avanzar hacia enfoques más personalizados en el tratamiento del dolor, en los que el sexo biológico se considere como un factor relevante en la respuesta a las terapias.
Implicaciones para la investigación en dolor y el desarrollo de tratamientos
La identificación de un mecanismo inmunitario específico que contribuye a explicar la mayor duración del dolor crónico en mujeres tiene implicaciones directas para la investigación biomédica. Al situar a los monocitos y a la regulación hormonal como elementos centrales, se abren nuevas líneas de trabajo orientadas a explorar cómo modular estos procesos para mejorar la resolución del dolor. Aunque el estudio no propone tratamientos concretos, sí ofrece un marco conceptual que puede guiar el diseño de futuras estrategias terapéuticas.
En términos clínicos, este avance refuerza la idea de que el dolor crónico no debe abordarse con un enfoque único para toda la población. La comprensión de los mecanismos inmunitarios y hormonales que subyacen a las diferencias por sexo puede contribuir a desarrollar intervenciones más ajustadas a las características biológicas de cada paciente. Este tipo de conocimiento es especialmente relevante en un ámbito donde los tratamientos actuales no siempre logran resultados satisfactorios a largo plazo.
España y la investigación en los mecanismos biológicos del dolor
El avance logrado en España se inscribe en un esfuerzo más amplio por desentrañar los procesos biológicos que sostienen el dolor crónico. Al identificar la interacción entre monocitos y hormonas como un factor determinante en la duración del dolor, la investigación aporta una perspectiva integradora que conecta el sistema inmune con la regulación endocrina. Este enfoque contribuye a enriquecer el campo de estudio del dolor, tradicionalmente dominado por aproximaciones centradas en el sistema nervioso.
La relevancia de estos resultados radica en su capacidad para cambiar la forma en que se conceptualiza la cronificación del dolor. En lugar de entenderla únicamente como un problema de sensibilización neuronal, se pone de relieve la participación activa del sistema inmune y su modulación por factores hormonales. Este cambio de perspectiva amplía el horizonte de la salud y de la investigación clínica, al ofrecer nuevas claves para abordar uno de los problemas más persistentes y complejos de la medicina contemporánea.
Referencias
Agencia SINC. “Un mecanismo inmunitario explica por qué el dolor crónico dura más en las mujeres”.
