Un estudio de Harvard y la Universidad Rush asoció siestas largas, frecuentes y matutinas con mayor riesgo de mortalidad en adultos mayores
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Dormir demasiado durante el día podría ser una señal de alerta en adultos mayores. Una investigación realizada por especialistas de la Universidad de Harvard, el Hospital General de Massachusetts y la Universidad Rush, en Estados Unidos, encontró que las siestas largas, frecuentes y realizadas por la mañana se asociaron con un mayor riesgo de muerte por cualquier causa en personas de 56 años o más.
El trabajo, publicado en JAMA Network Open, analizó los patrones de sueño diurno de 1.338 adultos mayores mediante un dispositivo de muñeca similar a un reloj. A diferencia de investigaciones anteriores basadas en lo que las personas recordaban o declaraban, este estudio utilizó actigrafía, una tecnología que registra movimiento y reposo de forma continua.
El hallazgo no significa que la siesta cause la muerte. La clave está en interpretarla como posible marcador de problemas de salud subyacentes, especialmente cuando se vuelve muy larga, muy frecuente o aparece temprano en el día. En ese sentido, el estudio se suma a una línea creciente de investigaciones sobre la relación entre sueño, envejecimiento y salud.
Un seguimiento de hasta 19 años
Los datos provinieron del Proyecto de Memoria y Envejecimiento de la Universidad Rush, conocido como Rush MAP, una investigación de largo plazo iniciada en 1997 con adultos reclutados en comunidades de retiro, viviendas subsidiadas y grupos de iglesia del norte de Illinois, en Estados Unidos.
Los participantes tenían 56 años o más y usaron el dispositivo de actigrafía en la muñeca no dominante durante un promedio de 9,58 días. La edad promedio del grupo fue de 81,40 años y el 76% eran mujeres. El seguimiento se extendió hasta 19 años, con información recopilada hasta abril de 2025.
La siesta diurna fue definida como cualquier episodio de sueño entre las 9 de la mañana y las 7 de la tarde. Los investigadores clasificaron los patrones según duración, frecuencia, variabilidad y horario habitual: mañana, primera tarde o tarde avanzada.
Más horas de siesta, mayor riesgo observado
Al final del período de seguimiento, 926 participantes, equivalentes al 69,2% de la muestra, habían fallecido. Los análisis estadísticos mostraron que cada hora adicional de siesta diurna se asoció con un 13% más de riesgo de muerte, después de ajustar factores como edad, sexo, enfermedades crónicas, medicamentos y calidad del sueño nocturno.
También se observó que cada siesta adicional por día se relacionó con un 7% más de riesgo. El horario tuvo un papel relevante: quienes dormían habitualmente por la mañana presentaron un 30% más de riesgo de muerte en comparación con quienes lo hacían en la primera tarde.
Los investigadores interpretaron que una siesta matutina podría reflejar somnolencia excesiva o alteraciones del ritmo circadiano, el reloj biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia. Este punto es importante porque los cambios del descanso en la edad avanzada pueden estar vinculados con deterioro de salud, fragilidad o problemas neurológicos.
La siesta como posible marcador clínico
El estudio plantea una idea práctica: observar cómo duerme una persona durante el día puede aportar información útil sobre su estado general de salud. No se trata de prohibir la siesta, sino de prestar atención cuando aparece un patrón excesivo, persistente o fuera de horario.
Los dispositivos portátiles, como relojes inteligentes o monitores de actividad, podrían convertirse en una herramienta de detección temprana. Al registrar cambios en la duración y frecuencia de las siestas, estos aparatos podrían ayudar a identificar a adultos mayores que necesitan una evaluación médica más completa.
La investigación también dialoga con otros trabajos sobre trastornos del sueño en adultos mayores, donde la fragmentación del descanso, la somnolencia diurna y los problemas respiratorios pueden relacionarse con deterioro físico, cognitivo o emocional.
No todas las siestas significan riesgo
Uno de los puntos centrales del estudio es evitar una lectura simplista. La siesta después del almuerzo forma parte de muchas culturas hispanolatinas y chinas, y puede ser una práctica normal o incluso reparadora cuando es breve y no interfiere con el descanso nocturno.
Los propios autores reconocieron limitaciones importantes. La actigrafía puede confundir momentos de reposo quieto con sueño real, y la muestra estuvo compuesta principalmente por adultos blancos retirados de Illinois. Por eso, los resultados no pueden trasladarse automáticamente a todos los grupos étnicos, culturales o sociales.
La variabilidad en la duración de las siestas, es decir, dormir mucho un día y poco otro, no mostró una asociación estadísticamente significativa con la mortalidad una vez ajustadas las variables de control.
Qué deberían observar las familias
Para las familias y cuidadores, la señal no está en una siesta ocasional, sino en cambios persistentes. Si una persona mayor comienza a dormir muchas horas durante el día, necesita varias siestas o se queda dormida desde la mañana, puede ser conveniente revisar su descanso nocturno, su medicación, su estado de ánimo, su salud cardiovascular y su función cognitiva.
La somnolencia diurna también puede aparecer por apnea del sueño, dolor crónico, depresión, enfermedades neurodegenerativas, sedentarismo o efectos secundarios de algunos fármacos. Por eso, la recomendación no es alarmarse ante una siesta aislada, sino observar el patrón completo.
En adultos mayores, cuidar el descanso forma parte de una estrategia más amplia de envejecimiento saludable. La exposición a la luz natural, la actividad física, los horarios regulares y la higiene del sueño pueden ayudar a estabilizar el ritmo circadiano, como se ha explicado en recomendaciones sobre luz matutina y sueño en la edad avanzada.
Una herramienta útil, no un diagnóstico automático
El estudio de Harvard y la Universidad Rush refuerza el valor de medir el sueño diurno con herramientas objetivas, pero no convierte a los relojes inteligentes en instrumentos diagnósticos por sí solos. Sus datos pueden servir como una señal inicial, siempre interpretada por profesionales de salud y dentro del contexto clínico de cada persona.
La investigación deja una conclusión prudente: las siestas largas, frecuentes y matutinas pueden ser una pista de que algo más está ocurriendo en la salud del adulto mayor. Observar ese patrón a tiempo podría abrir la puerta a evaluaciones preventivas antes de que los problemas avancen.
Fuente(s) referenciales
Infobae — Dormir siesta de más podría ser una señal de alerta, según un estudio de Harvard
