Estudio en Estados Unidos asocia el consumo moderado de café y té con menor riesgo de demencia


Investigación liderada desde la Universidad de Harvard en Estados Unidos observa menor incidencia de deterioro cognitivo en quienes incorporan estas bebidas a su rutina


Redacción Mundo de la Salud


En el debate sobre cómo los hábitos cotidianos influyen en la salud cerebral, nuevas evidencias procedentes de Estados Unidos aportan una pieza relevante. Un estudio de largo alcance, desarrollado por investigadores vinculados a la Universidad de Harvard, analizó durante cuatro décadas los datos de más de 130.000 adultos y observó que las personas que consumen de forma moderada café y té presentan una incidencia más baja de deterioro cognitivo y de demencia en comparación con quienes no incorporan estas bebidas en su dieta habitual.

La investigación, destacada públicamente por el cardiólogo Eric Topol, se apoya en un seguimiento prolongado que permite evaluar asociaciones a lo largo del tiempo, un aspecto clave cuando se analizan procesos de envejecimiento cognitivo. Los resultados no plantean a estas infusiones como soluciones únicas ni como tratamientos, pero sí las sitúan como parte de un conjunto de hábitos que, en conjunto, se vinculan con un menor riesgo de pérdida de funciones cognitivas en la población adulta.

Un seguimiento de cuatro décadas para observar patrones de deterioro cognitivo

El trabajo desarrollado en Estados Unidos se caracteriza por su amplitud temporal y por el volumen de personas incluidas en el análisis. A lo largo de aproximadamente cuarenta años, los investigadores recopilaron información sobre hábitos de consumo y la evolución del estado cognitivo de más de 130.000 participantes. Este tipo de seguimiento prolongado permite identificar patrones de asociación entre conductas cotidianas y resultados en salud que no suelen ser visibles en estudios de corta duración.

En este marco, el consumo de café y té fue uno de los hábitos analizados en relación con la aparición de deterioro cognitivo y demencia. La observación central es que quienes incorporaban estas bebidas de manera moderada en su rutina diaria mostraban una menor frecuencia de eventos de deterioro cognitivo a lo largo del tiempo. El diseño del estudio permite identificar tendencias poblacionales, aportando una base empírica para discutir el papel de estas infusiones en el contexto de la salud mental y el envejecimiento.

Consumo moderado como patrón asociado a menor riesgo

Uno de los elementos que destaca del análisis es la referencia explícita al consumo moderado de café y té. No se trata de una asociación con ingestas elevadas ni de un consumo ocasional, sino de la incorporación regular de estas bebidas dentro de un patrón cotidiano equilibrado. En la población estudiada en Estados Unidos, este nivel de consumo se relacionó con una menor incidencia de demencia y de alteraciones cognitivas a lo largo del tiempo.

El énfasis en la moderación resulta relevante para la interpretación divulgativa de los resultados. La investigación no propone un incremento indiscriminado del consumo, sino que señala que, dentro de hábitos cotidianos estables, la presencia de café y té se asocia con resultados más favorables en términos de salud cerebral. Este matiz contribuye a evitar lecturas simplificadas del tipo “más es mejor” y refuerza la idea de que los efectos observados se inscriben en un contexto de equilibrio en los estilos de vida.

Qué significa esta asociación para la comprensión del envejecimiento cognitivo

La relación observada entre el consumo moderado de café y té y la menor incidencia de deterioro cognitivo aporta una perspectiva interesante sobre cómo ciertos hábitos se vinculan con la evolución de la salud mental en la adultez y la vejez. En el contexto de Estados Unidos, donde el envejecimiento de la población plantea desafíos crecientes para los sistemas de salud, este tipo de evidencias contribuye a enriquecer el debate sobre factores de riesgo modificables asociados a la demencia.

Es importante subrayar que la asociación identificada no equivale a una garantía individual de protección frente al deterioro cognitivo. El estudio describe tendencias poblacionales, no efectos deterministas en cada persona. Sin embargo, el hallazgo se suma a un cuerpo de investigaciones que examinan cómo los estilos de vida se relacionan con la trayectoria cognitiva a lo largo del tiempo, ofreciendo elementos para pensar estrategias de promoción de la salud cerebral en etapas tempranas de la vida adulta.

El papel de los grandes estudios de cohorte en la investigación en salud

El análisis realizado en Estados Unidos ilustra el valor de los estudios de cohorte de largo plazo para comprender fenómenos complejos como la demencia. Al seguir a un gran número de personas durante décadas, este tipo de investigaciones permite detectar asociaciones que no son evidentes en períodos cortos. La amplitud de la muestra y la duración del seguimiento fortalecen la capacidad de observar patrones consistentes entre hábitos cotidianos y resultados en salud.

Desde una perspectiva divulgativa, este tipo de estudios contribuye a trasladar la idea de que la salud mental y el funcionamiento cognitivo están influidos por una combinación de factores acumulativos a lo largo del tiempo. El consumo de café y té, en este caso, aparece como una variable dentro de un entramado más amplio de conductas y condiciones que, en conjunto, configuran el riesgo de deterioro cognitivo en la población adulta.

Implicaciones prácticas para la vida cotidiana

Para audiencias internacionales, los resultados obtenidos en Estados Unidos ofrecen una lectura accesible: ciertos hábitos cotidianos, cuando se sostienen de manera moderada y constante, pueden asociarse con trayectorias más favorables de salud cognitiva. La investigación no plantea recomendaciones clínicas directas ni sustituye la necesidad de enfoques integrales de prevención, pero sí aporta un elemento adicional al debate sobre cómo los comportamientos diarios se relacionan con el riesgo de demencia.

En términos de comunicación en salud, este tipo de evidencia contribuye a matizar los mensajes sobre prevención, alejándolos de soluciones únicas y enfatizando la importancia de patrones de vida sostenidos a lo largo del tiempo. El consumo moderado de café y té se presenta así como un componente potencialmente asociado a un menor deterioro cognitivo, dentro de un marco más amplio de factores que influyen en el envejecimiento cerebral.


Referencias

Infobae Salud – “Un estudio de Harvard vinculó el consumo moderado de café y té con menor riesgo de demencia”, febrero de 2026.


Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.