El dolor no es solo un síntoma: entenderlo puede ser clave para tratarlo


Desde España, la neurocirujana Mireia Illueca plantea que el uso de analgésicos y antidepresivos pierde sentido si no se aborda el origen real del dolor


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.


El dolor suele interpretarse como un enemigo al que hay que silenciar lo antes posible. Sin embargo, desde el ámbito de la neurocirugía, esta visión empieza a ser cuestionada. La especialista Mireia Illueca, centrada en el tratamiento del cerebro y la columna vertebral, propone una mirada distinta: el dolor no es solo una señal molesta, sino un mensaje complejo que puede ofrecer información clave sobre lo que ocurre en el organismo.

Su enfoque plantea que el uso de analgésicos o antidepresivos como respuesta inmediata puede resultar insuficiente si no se acompaña de una comprensión profunda del origen del problema. En lugar de eliminar el síntoma sin más, la propuesta consiste en escucharlo, interpretarlo y abordarlo desde su causa.

Cómo percibimos el dolor

La percepción del dolor no es un proceso simple ni exclusivamente físico. Se trata de una experiencia que involucra múltiples dimensiones, incluyendo factores neurológicos, emocionales y contextuales. Según la visión que plantea Illueca, el dolor no puede entenderse únicamente como una reacción directa a una lesión, sino como una construcción compleja del sistema nervioso.

El cerebro desempeña un papel central en este proceso. Es el encargado de interpretar las señales que llegan desde el cuerpo y de darles significado. Esto implica que dos personas pueden experimentar el mismo estímulo de manera diferente, dependiendo de cómo su sistema nervioso procese esa información.

Este enfoque ayuda a comprender por qué, en algunos casos, el dolor persiste incluso cuando no existe una lesión evidente. El sistema puede mantenerse activado, generando una sensación continua que no siempre corresponde a un daño físico actual.

La cronificación del dolor

Uno de los problemas más relevantes es la cronificación del dolor, es decir, cuando este se mantiene en el tiempo más allá de su función inicial de alerta. En estos casos, el dolor deja de ser una señal útil para convertirse en una condición en sí misma.

Illueca señala que este proceso puede estar relacionado con la forma en que el sistema nervioso se adapta a las señales de dolor. Con el tiempo, estas señales pueden consolidarse, generando un patrón persistente que resulta difícil de revertir.

La cronificación implica que el tratamiento no puede limitarse a aliviar el síntoma de forma puntual. Requiere un abordaje más amplio, que tenga en cuenta los mecanismos que han llevado al dolor a mantenerse activo.

El papel de los medicamentos

Los analgésicos y antidepresivos han sido herramientas fundamentales en el tratamiento del dolor, especialmente en casos crónicos. Sin embargo, la especialista advierte que su uso pierde eficacia si no se integra dentro de una estrategia más completa.

El problema no radica en los fármacos en sí, sino en su aplicación aislada. Cuando se utilizan únicamente para suprimir la sensación de dolor, sin explorar su origen, el resultado puede ser limitado o temporal.

Este enfoque invita a reconsiderar el papel de los medicamentos, situándolos como parte de un tratamiento más amplio en lugar de como la única solución. La clave estaría en combinar su uso con otras estrategias orientadas a comprender y tratar la causa del dolor.

Escuchar el dolor como herramienta terapéutica

Una de las ideas centrales de esta perspectiva es la necesidad de escuchar el dolor. Lejos de ser un enemigo que debe eliminarse sin más, el dolor puede ofrecer información valiosa sobre el estado del organismo.

Interpretar esta señal implica analizar su origen, su evolución y su contexto. Este proceso puede ayudar a identificar factores que contribuyen a su aparición o persistencia, facilitando un tratamiento más eficaz.

Este cambio de enfoque no significa aceptar el dolor sin intervenir, sino abordarlo desde una comprensión más profunda. En lugar de centrarse exclusivamente en su eliminación, se busca entender qué lo provoca y cómo se puede modificar ese proceso.

Un enfoque integral del tratamiento

La visión planteada por Illueca apunta hacia un modelo de atención más integral, donde el dolor se aborda desde múltiples dimensiones. Esto incluye no solo el tratamiento médico, sino también la consideración de factores neurológicos y de percepción.

Este enfoque reconoce que el dolor es una experiencia compleja que no puede reducirse a una única causa ni a una única solución. La interacción entre cuerpo y cerebro juega un papel fundamental en su desarrollo y en su tratamiento.

La propuesta implica un cambio en la forma de entender el dolor dentro del sistema sanitario, promoviendo estrategias que vayan más allá del alivio inmediato y que busquen soluciones a largo plazo.

Repensar la relación con el dolor

La reflexión sobre el dolor también invita a replantear la relación que se tiene con esta experiencia. En muchos casos, la respuesta automática es intentar eliminarlo de forma rápida, sin detenerse a analizar su significado.

La perspectiva que se plantea sugiere que esta reacción puede ser insuficiente. Comprender el dolor como una señal compleja permite abordarlo de manera más eficaz y adaptada a cada situación.

Este cambio de enfoque no solo tiene implicaciones clínicas, sino también culturales, ya que implica modificar la forma en que se percibe y se gestiona el dolor en la sociedad.

En definitiva, el planteamiento de la neurocirujana abre un debate sobre cómo se debe tratar el dolor en la actualidad. Más allá de suprimirlo, la clave podría estar en entenderlo, interpretarlo y actuar sobre su origen, integrando diferentes herramientas para lograr un abordaje más completo y efectivo.


Referencias

https://www.lavanguardia.com/magazine/bienestar/20260425/11522554/mireia-illueca-neurocirujana-antidepresivos-analgesicos-tratar-dolor-pierde-sentido-acompana-abordaje-trate-origen-problema.html