Especialistas explican por qué revisar metas, vínculos e intereses puede ayudar a transitar con mayor motivación una vida cada vez más larga
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Encontrar un nuevo propósito después de los 50 años puede convertirse en un componente importante del bienestar emocional y del envejecimiento saludable. Cuando objetivos tradicionales como consolidar una carrera, formar una familia o alcanzar estabilidad económica ya se han cumplido, muchas personas necesitan revisar qué actividades, relaciones y proyectos darán sentido a la siguiente etapa de su vida.
Especialistas consultados por Infobae explicaron que el propósito vital ayuda a organizar decisiones, conservar la motivación y sostener hábitos cotidianos. No se trata de buscar obligatoriamente una misión extraordinaria, sino de identificar razones auténticas para mantenerse activo, aprender, relacionarse con otras personas y continuar proyectándose.
Este enfoque complementa otros aspectos asociados con la longevidad, como la alimentación, el ejercicio, el descanso y el cuidado de la salud. La evaluación del envejecimiento también está incorporando dimensiones psicológicas y funcionales, como muestra el concepto de capacidad intrínseca y conservación de la autonomía.
El propósito es más amplio que una meta concreta
Milagros Abud, licenciada en Psicología y especialista en Clínica de Adultos, diferenció el propósito de las metas utilizadas para materializarlo. Una meta puede ser completar un curso, iniciar un emprendimiento o participar en un voluntariado; el propósito corresponde al sentido profundo que orienta esas decisiones.
Desde esa perspectiva, las metas pueden modificarse a medida que cambian las circunstancias, mientras que el sentido personal actúa como una referencia para decidir qué merece atención y esfuerzo. También puede transformarse con el tiempo, por lo que revisar antiguas prioridades no debe interpretarse como un fracaso, sino como parte de la adaptación a una nueva etapa.
Alicia Rozenblum, licenciada en Ciencias de la Educación, psicopedagoga y coach ontológico, describió este desafío como una “segunda revolución de la longevidad”. La primera corresponde al cambio demográfico producido por el aumento de la población mayor; la segunda exige aprender a diseñar y planificar esos años adicionales.
La jubilación puede alterar rutinas, vínculos e identidad
El retiro laboral representa uno de los momentos que con mayor frecuencia impulsa este replanteo. El trabajo no solamente proporciona ingresos: también ordena horarios, facilita relaciones sociales, establece responsabilidades y puede ocupar un lugar central en la identidad de una persona.
Cuando esa estructura desaparece, es posible atravesar una primera etapa de alivio seguida por desorientación, apatía o sensación de vacío. Rozenblum señaló que, con la mayor expectativa de vida, después de la jubilación pueden quedar entre 20 y 30 años de actividad, lo que obliga a revisar la antigua idea de que el retiro constituye el cierre de la vida productiva.
Aprender una habilidad, retomar intereses postergados, realizar tareas comunitarias, emprender una actividad laboral diferente o transmitir conocimientos son algunas alternativas. Las relaciones también resultan relevantes: la evidencia sobre actividad física, apoyo emocional y bienestar mental indica que el movimiento y la conexión humana pueden ofrecer beneficios complementarios.
Actividades significativas mantienen la participación
El neurólogo y neurocientífico Claudio Waisburg explicó que una vida con propósito suele incluir actividades que mantienen el cerebro activo. Los vínculos sociales, el voluntariado, los proyectos comunitarios, los pasatiempos y las metas personales pueden combinar estimulación mental, aprendizaje, interacción y movimiento.
Estos factores no garantizan que una persona evite enfermedades ni permiten afirmar que el propósito, por sí solo, prolongará la vida. Su valor reside en que puede impulsar comportamientos compatibles con el bienestar y reducir el aislamiento. Mantener desafíos intelectuales también forma parte de los hábitos relacionados con la salud cerebral durante el envejecimiento.
El cuidado físico continúa siendo indispensable. Conservar movilidad, equilibrio y fuerza facilita la participación en actividades significativas y protege la independencia, como explican especialistas al analizar el papel de los músculos en la longevidad funcional.
Tres vías para reconstruir el sentido personal
Abud retomó tres caminos vinculados con el pensamiento del neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl. El primero consiste en la autoobservación y la creatividad: reconocer habilidades, intereses y aquello que cada persona puede aportar. Este ejercicio requiere apartarse de expectativas externas y preguntarse qué actividades resultan verdaderamente valiosas.
La segunda vía surge de las experiencias, los vínculos y la historia personal. Una conversación, una relación significativa, el contacto con la cultura o la participación en una comunidad pueden abrir nuevos sentidos. La tercera es actitudinal y se relaciona con la forma de responder ante limitaciones, incertidumbres y frustraciones que no siempre pueden evitarse.
Para iniciar ese proceso, los especialistas proponen revisar qué actividades producen interés, qué capacidades desean ponerse al servicio de otros y qué proyectos fueron aplazados. Conviene convertir esas respuestas en objetivos pequeños y realizables, probar alternativas y reajustarlas sin esperar que una decisión aislada resuelva inmediatamente todas las dudas.
El malestar persistente requiere atención profesional
La falta temporal de objetivos puede formar parte de una transición normal. Sin embargo, cuando la apatía, la tristeza, la pérdida de interés o el aislamiento se mantienen e interfieren con la vida diaria, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental. Encontrar sentido no debe plantearse como una obligación individual ni como sustituto de la atención psicológica o médica.
Las reinvenciones suelen necesitar tiempo, acompañamiento y condiciones sociales que permitan participar. Vivir más años amplía las posibilidades, pero el bienestar durante esa etapa también depende de la salud, los recursos económicos, las redes de apoyo y las oportunidades disponibles. El propósito es una pieza de ese conjunto, no una fórmula única para asegurar la longevidad.
Fuente referencial:
Infobae
