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La microbiota intestinal también puede influir en la calidad del sueño


Investigaciones sobre el eje intestino-cerebro relacionan determinadas bacterias intestinales con la duración del descanso, el insomnio y los ritmos biológicos. Especialistas destacan la importancia de la alimentación, los horarios regulares y el control del estrés, aunque advierten que todavía no se han demostrado todas las relaciones causales.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.

La calidad del sueño no depende exclusivamente de lo que ocurre en el cerebro durante la noche. La composición de los microorganismos que habitan el intestino también podría intervenir en los procesos relacionados con el descanso, según investigaciones que examinan las conexiones entre la microbiota intestinal, el sistema nervioso y los ritmos biológicos.

Un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Shandong, en China, identificó asociaciones entre determinados grupos de bacterias intestinales y características del sueño, como su duración, el cronotipo y la presencia de dificultades para dormir.

Los resultados refuerzan el interés científico por el denominado eje microbiota-intestino-cerebro, una red de comunicación que conecta el sistema digestivo con el sistema nervioso mediante señales neuronales, hormonales, inmunitarias y metabólicas.

Sin embargo, los especialistas advierten que identificar una asociación no significa demostrar que una bacteria determinada provoque insomnio o que modificar su presencia permita mejorar automáticamente el descanso.

La gastroenteróloga Mercedes Ricciuti, del Hospital Italiano de Buenos Aires, explicó que el sueño, el estrés, los síntomas digestivos y la microbiota forman parte de un sistema interconectado en el que las alteraciones pueden producirse en ambas direcciones.

Qué encontraron los investigadores sobre las bacterias y el descanso

La investigación de la Universidad de Shandong examinó las posibles relaciones entre grupos bacterianos intestinales y distintas características del sueño mediante un enfoque de aleatorización mendeliana, una metodología que utiliza información genética para explorar posibles vínculos causales.

Los investigadores identificaron asociaciones entre una mayor presencia de bacterias pertenecientes a los grupos Lachnospiraceae UCG004 y Odoribacter y una mayor duración del sueño.

En cambio, otros grupos microbianos, como Selenomonadales y Negativicutes, aparecieron relacionados con una mayor predisposición al insomnio.

También se detectaron asociaciones con el cronotipo, es decir, la tendencia individual a desarrollar mayor actividad durante la mañana o la noche, y con características como los ronquidos.

Estas observaciones no permiten establecer que la presencia de una bacteria específica determine directamente cuánto duerme una persona. Los investigadores tampoco demostraron que administrar probióticos o eliminar determinados microorganismos pueda prevenir o tratar el insomnio.

La relevancia del trabajo consiste en identificar posibles componentes microbianos que merecen investigaciones adicionales para comprender mejor los mecanismos biológicos del descanso.

La relación entre estos dos sistemas ya había sido examinada en trabajos sobre cómo cuidar la microbiota intestinal y favorecer un sueño de mejor calidad, que destacan la influencia recíproca entre los microorganismos digestivos, la alimentación y los ritmos cotidianos.

El intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante

La microbiota intestinal está formada por comunidades de bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en funciones relacionadas con la digestión, la inmunidad y el metabolismo.

La Sociedad Europea de Neurogastroenterología y Motilidad destaca que estos microorganismos contribuyen al procesamiento de nutrientes, la producción de determinados compuestos y el funcionamiento de mecanismos de defensa del organismo.

Su actividad también puede influir en procesos que ocurren fuera del aparato digestivo.

El eje microbiota-intestino-cerebro comprende diferentes vías de comunicación. Una de ellas es el nervio vago, que transmite información entre el sistema digestivo y el sistema nervioso central.

También intervienen las hormonas relacionadas con el estrés, los mediadores del sistema inmunitario y diversas moléculas producidas durante el metabolismo de los alimentos.

Entre estas últimas se encuentran los ácidos grasos de cadena corta, compuestos generados cuando determinadas bacterias intestinales fermentan fibras alimentarias.

Estas sustancias pueden participar en procesos inflamatorios, metabólicos y neurológicos, aunque todavía se investiga qué influencia concreta ejercen sobre las distintas fases del sueño humano.

La microbiota también interviene en el metabolismo del triptófano, un aminoácido relacionado con rutas bioquímicas que incluyen la serotonina y la melatonina. Esto no significa que los neurotransmisores producidos en el intestino lleguen directamente al cerebro en cantidades suficientes para regular el sueño.

El funcionamiento de esta comunicación es complejo y depende de múltiples mecanismos fisiológicos.

Un ejemplo de la coordinación entre microorganismos y funciones corporales aparece en una investigación reciente sobre cómo las bacterias intestinales sincronizan la absorción de nutrientes con las comidas, que identificó señales moleculares relacionadas con los horarios alimentarios y la actividad intestinal.

Dormir mal también puede modificar la microbiota intestinal

La relación entre el intestino y el descanso no funciona en una sola dirección.

La restricción del sueño y las alteraciones de los ritmos circadianos pueden acompañarse de modificaciones en la composición de la microbiota, cambios en la función de la barrera intestinal y alteraciones de determinados procesos inflamatorios.

La doctora Ricciuti señaló que estas conexiones pueden formar un círculo en el que el mal descanso afecta al intestino y las molestias digestivas, a su vez, dificultan dormir adecuadamente.

El estrés representa otro elemento importante. Cuando una persona atraviesa situaciones de tensión prolongada, las respuestas hormonales y nerviosas pueden modificar la motilidad gastrointestinal y aumentar la sensibilidad a las sensaciones procedentes del aparato digestivo.

Como consecuencia, pueden aparecer o intensificarse molestias como dolor abdominal, distensión o alteraciones del tránsito intestinal.

Si estos síntomas se presentan durante la noche, pueden provocar despertares frecuentes y reducir la continuidad del descanso.

Por otra parte, dormir insuficientemente puede afectar al apetito y a las decisiones alimentarias. Investigaciones sobre cómo la falta de sueño modifica el hambre y el metabolismo han encontrado cambios en las señales relacionadas con la saciedad y el consumo energético.

Estas modificaciones pueden influir indirectamente sobre la alimentación y, por tanto, sobre las condiciones en las que se desarrolla la microbiota intestinal.

Los problemas digestivos pueden fragmentar el sueño

Las conexiones entre el aparato digestivo y el descanso adquieren especial relevancia en personas que presentan síntomas gastrointestinales persistentes.

El síndrome del intestino irritable, por ejemplo, se ha relacionado con una mayor frecuencia de alteraciones del sueño y síntomas emocionales.

Esta condición puede producir dolor abdominal recurrente y cambios en el hábito intestinal, con periodos de diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos.

Los síntomas pueden intensificarse durante situaciones de estrés y afectar la calidad de vida.

La especialista del Hospital Italiano de Buenos Aires explicó que las personas diagnosticadas con sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, conocido como SIBO, o sobrecrecimiento metanogénico intestinal, denominado IMO, también pueden experimentar distensión, gases y molestias digestivas capaces de interrumpir el descanso.

Sin embargo, actualmente no puede afirmarse que estas condiciones constituyan una causa directa de insomnio.

La relación también puede verse influida por otros factores, como la ansiedad, los medicamentos, los horarios de alimentación y la presencia de trastornos del sueño independientes.

Por eso, los especialistas recomiendan evitar diagnósticos basados únicamente en síntomas inespecíficos y no atribuir automáticamente las dificultades para dormir a un supuesto desequilibrio de la microbiota.

La alimentación variada favorece el equilibrio intestinal

Una de las principales recomendaciones para cuidar la microbiota consiste en mantener una alimentación variada que incluya suficientes fuentes de fibra.

Las verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas aportan diferentes componentes que pueden ser utilizados por los microorganismos intestinales.

La fermentación de determinadas fibras favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, que participa en el mantenimiento de funciones relacionadas con la barrera intestinal y el metabolismo.

Los alimentos fermentados, como el yogur y el kéfir, también pueden formar parte de una alimentación equilibrada, siempre que sean adecuados para las necesidades y tolerancias individuales.

La doctora Ricciuti recomienda priorizar alimentos poco procesados y evitar que la dieta dependa de productos presentados como soluciones rápidas para modificar la microbiota.

Esta orientación coincide con recomendaciones sobre los hábitos cotidianos que pueden perjudicar la salud intestinal, entre ellos una alimentación pobre en fibra, el sedentarismo y el uso innecesario de antibióticos.

La relación entre alimentación y descanso también ha sido examinada mediante investigaciones observacionales. Un estudio del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, analizó miles de noches de sueño y encontró asociaciones entre el consumo de fibra, la diversidad de alimentos vegetales y determinados indicadores de descanso nocturno.

Los resultados de ese trabajo, abordados en un análisis sobre la relación entre una dieta rica en fibra y el sueño profundo, no demuestran que aumentar el consumo de un alimento específico permita curar el insomnio.

En conjunto, la evidencia favorece una interpretación centrada en los patrones alimentarios y los hábitos sostenidos, más que en ingredientes aislados.

Los horarios regulares ayudan a proteger los ritmos biológicos

Además de la alimentación, la regularidad de los horarios constituye un elemento importante para el descanso.

El organismo humano dispone de un sistema de regulación temporal que coordina funciones como la temperatura corporal, la liberación de hormonas, el estado de alerta y la alternancia entre sueño y vigilia.

La exposición a la luz natural durante la mañana ayuda a sincronizar estos ritmos, mientras que la iluminación intensa y determinadas actividades estimulantes durante la noche pueden retrasar la aparición de somnolencia.

Los especialistas recomiendan mantener horarios relativamente constantes para acostarse y levantarse, incluidos los fines de semana cuando resulte posible.

También aconsejan reducir el uso de pantallas y la exposición a luz intensa antes de dormir, especialmente cuando estas actividades retrasan el descanso.

Las personas que consumen café, mate u otras bebidas con cafeína deben considerar que sus efectos estimulantes pueden prolongarse durante varias horas y afectar la conciliación del sueño.

La importancia de estas medidas se relaciona con investigaciones sobre las rutinas nocturnas que ayudan al cerebro a prepararse para dormir, en las que se destaca la necesidad de reducir gradualmente los estímulos antes de acostarse.

También conviene recordar que no existe una hora universal para dormir que funcione de la misma manera en todas las personas. Las necesidades individuales, las obligaciones laborales y el cronotipo influyen en la organización del descanso.

Actividad física y manejo del estrés completan las recomendaciones

La actividad física regular puede contribuir tanto al bienestar digestivo como a la calidad del sueño.

Caminar, montar en bicicleta, nadar o realizar otras actividades adaptadas a las capacidades individuales favorece la salud cardiovascular y metabólica y puede ayudar a reducir la tensión emocional.

El movimiento cotidiano también forma parte de los factores que se investigan por su posible influencia sobre la diversidad de la microbiota intestinal.

La gestión del estrés constituye otro componente relevante.

La respiración consciente, las técnicas de relajación, la meditación y determinadas intervenciones psicológicas pueden resultar útiles para personas que experimentan dificultades relacionadas con la tensión emocional.

Sin embargo, ninguna de estas medidas garantiza por sí sola la resolución de un trastorno del sueño.

Cuando el insomnio es persistente, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio constituye una de las intervenciones recomendadas por las guías clínicas. Su aplicación debe adaptarse a las características de cada paciente.

Por qué no conviene automedicarse con probióticos o suplementos

El creciente interés por la microbiota ha impulsado la comercialización de productos que prometen mejorar el descanso mediante la modificación de las bacterias intestinales.

No obstante, los estudios disponibles todavía no permiten establecer que exista una combinación bacteriana universal capaz de prevenir o tratar el insomnio.

Los efectos de los probióticos dependen de las cepas utilizadas, las dosis, la duración de la intervención y las características de las personas estudiadas.

Por esa razón, los resultados de un producto no pueden extrapolarse automáticamente a otros suplementos que contienen microorganismos diferentes.

La doctora Ricciuti también advierte contra la adopción de dietas restrictivas, tratamientos antimicrobianos o suplementos sin una evaluación profesional cuando aparecen síntomas digestivos o problemas de sueño.

La distensión abdominal, el dolor, los cambios intestinales y las dificultades para dormir pueden tener causas distintas y requieren una valoración individualizada cuando son persistentes.

Si una persona presenta ronquidos intensos, pausas respiratorias durante la noche, somnolencia diurna marcada o despertares frecuentes, también debe considerarse la posibilidad de trastornos específicos como la apnea obstructiva del sueño.

El avance de las investigaciones sobre microbiota y descanso abre nuevas preguntas sobre los mecanismos que conectan el intestino con el sistema nervioso. Por ahora, la evidencia respalda principalmente la importancia de cuidar ambos sistemas mediante una alimentación equilibrada, horarios regulares, actividad física y atención adecuada de los síntomas persistentes.

Fuentes referenciales:
Infobae Salud – Salud intestinal y sueño: investigación y recomendaciones de especialistas, 1 de noviembre de 2026
Infobae Salud – Investigaciones sobre las bacterias intestinales y la calidad del sueño
Infobae Salud – Relación entre el descanso nocturno y la salud intestinal