Una investigación de la Universidad Metropolitana de Osaka identificó en ratones una interacción entre la deficiencia hormonal, el consumo elevado de fructosa y la microbiota intestinal que favorece la acumulación de triglicéridos en el hígado.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación de la Universidad Metropolitana de Osaka, en Japón, ha identificado un mecanismo metabólico que podría ayudar a explicar por qué la combinación de niveles bajos de testosterona y una ingesta elevada de fructosa favorece la acumulación de grasa en el hígado. Los resultados, obtenidos mediante experimentos con ratones y células hepáticas, muestran que ambos factores pueden interactuar y producir un efecto mayor que el observado cuando actúan por separado.
El trabajo, publicado el 7 de enero de 2026 en la revista científica American Journal of Physiology-Endocrinology and Metabolism, señala que esta interacción está relacionada parcialmente con modificaciones en la microbiota intestinal y con el aumento de un compuesto denominado piruvato, que participa en el metabolismo energético.
La investigación fue encabezada por Hiroki Takahashi y Naoki Harada, de la Escuela de Posgrado de Agricultura de la Universidad Metropolitana de Osaka, con participación de especialistas de otras instituciones japonesas y estadounidenses.
Los resultados ofrecen nuevas pistas sobre la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD, aunque los investigadores advierten que los mecanismos identificados todavía deben confirmarse en seres humanos.
La interacción entre testosterona y fructosa modifica el metabolismo hepático
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa en el hígado acompañada de determinados factores de riesgo cardiometabólico. Entre ellos se encuentran la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y diversas alteraciones relacionadas con el metabolismo de las grasas.
La testosterona es una hormona que interviene en numerosas funciones del organismo masculino, incluidas la composición corporal, el mantenimiento de la masa muscular y determinados procesos metabólicos.
La fructosa, por su parte, es un azúcar simple que aparece naturalmente en frutas y otros alimentos, pero también forma parte de numerosos productos procesados y bebidas azucaradas.
El hígado participa de manera importante en su metabolismo. Cuando existe una exposición elevada a fructosa, determinadas rutas metabólicas pueden favorecer la producción y acumulación de lípidos.
El equipo japonés buscó determinar qué sucede cuando coinciden dos condiciones: una reducción importante de testosterona y un consumo elevado de fructosa.
La pregunta adquiere relevancia porque las alteraciones hormonales y los factores alimentarios pueden coexistir en personas con problemas metabólicos, pero sus efectos combinados todavía no se comprenden completamente.
El interés por estos mecanismos se relaciona con otras investigaciones sobre cómo el consumo habitual de bebidas azucaradas y edulcoradas se asocia con enfermedades hepáticas, un campo en el que los científicos investigan tanto los efectos de la alimentación como las alteraciones del metabolismo.
Seis grupos de ratones permitieron estudiar los efectos combinados
Para desarrollar el experimento, los investigadores utilizaron ratones machos de ocho semanas de edad y los distribuyeron en seis grupos.
Algunos animales fueron sometidos a una intervención quirúrgica para provocar una deficiencia de testosterona, mientras que otros recibieron una operación simulada y conservaron su función hormonal.
Posteriormente, determinados grupos recibieron agua con fructosa durante ocho semanas. En otros se administraron antibióticos para investigar la posible participación de las bacterias intestinales.
Los científicos analizaron muestras de tejido hepático, células del hígado, plasma sanguíneo, compuestos orgánicos presentes en el ciego intestinal y comunidades microbianas.
Los resultados mostraron que la deficiencia de testosterona, considerada aisladamente, no produjo una acumulación significativa de lípidos hepáticos.
Sin embargo, cuando coincidió con el consumo de fructosa, aumentó considerablemente la concentración de triglicéridos en el hígado.
Los investigadores identificaron un efecto sinérgico: la combinación de ambos factores favoreció una acumulación de grasa superior a la esperada por sus efectos individuales.
También observaron un aumento del peso hepático en los animales con deficiencia hormonal expuestos a fructosa, una modificación que disminuyó parcialmente cuando recibieron antibióticos.
La microbiota intestinal intervino en la acumulación de grasa
Uno de los hallazgos centrales fue la participación de la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en el aparato digestivo y que intervienen en numerosos procesos fisiológicos.
Los investigadores observaron modificaciones en la composición de las comunidades bacterianas de los animales expuestos a la combinación de deficiencia hormonal y fructosa.
Para examinar su importancia, administraron antibióticos a determinados grupos experimentales. Esta intervención redujo la acumulación de triglicéridos hepáticos asociada con ambos factores.
El resultado sugiere que los microorganismos intestinales contribuyen al mecanismo metabólico responsable del aumento de grasa en el hígado.
La relación entre microbiota y salud hepática ya había despertado interés científico. Diversos estudios han examinado el papel de las bacterias intestinales en la obesidad y el hígado graso, especialmente por su capacidad para producir metabolitos que influyen sobre la inflamación y el funcionamiento de otros órganos.
Sin embargo, el experimento japonés aporta una observación más específica: la combinación de deficiencia de testosterona y fructosa modifica el entorno intestinal de una manera que puede contribuir a intensificar la esteatosis hepática.
La administración de antibióticos no eliminó todas las alteraciones metabólicas detectadas, lo que indica que también participan mecanismos independientes de la microbiota.
El piruvato aparece como un intermediario clave
Los científicos identificaron concentraciones elevadas de piruvato en el contenido del ciego intestinal de los ratones sometidos simultáneamente a deficiencia hormonal y consumo de fructosa.
El piruvato es una molécula que participa en numerosas reacciones del metabolismo energético. Se produce, entre otras vías, durante la degradación de la glucosa y puede intervenir en distintos procesos celulares.
En este experimento, su presencia adquirió especial importancia porque los investigadores encontraron indicios de que contribuía a la acumulación de grasa hepática.
Cuando administraron antibióticos para modificar las comunidades bacterianas intestinales, también disminuyeron las concentraciones de piruvato detectadas en el ciego.
Posteriormente, el equipo realizó experimentos con hepatocitos primarios obtenidos de ratones. Estas células constituyen el principal componente funcional del hígado y participan en el procesamiento de nutrientes, la producción de proteínas y el metabolismo de lípidos.
Los ensayos mostraron que el piruvato, en presencia de fructosa, favorecía la acumulación de triglicéridos dentro de los hepatocitos.
Este resultado respalda la hipótesis de que determinados cambios en la microbiota intestinal pueden aumentar la disponibilidad de piruvato y contribuir a intensificar el almacenamiento de grasa en el tejido hepático.
La observación también conecta con investigaciones sobre los metabolitos producidos por microorganismos intestinales y su relación con el consumo de bebidas azucaradas, que han identificado asociaciones entre alteraciones del microbioma y problemas metabólicos como la diabetes tipo 2.
También cambiaron genes relacionados con el almacenamiento de lípidos
Además de estudiar la microbiota, los investigadores analizaron la expresión de genes involucrados en la síntesis, el transporte y el metabolismo de las grasas.
La combinación de deficiencia de testosterona y fructosa aumentó la expresión de Srebp-1c, relacionado con la regulación de la síntesis de ácidos grasos, y de Cd36, que participa en el transporte de ácidos grasos hacia las células.
También se detectaron modificaciones en genes vinculados con el metabolismo de la fructosa, entre ellos Aldob, Khk-A y Khk-C.
Estas alteraciones indican que la interacción entre el estado hormonal y la alimentación afecta directamente a determinadas rutas metabólicas del hígado.
Un resultado especialmente importante fue que la administración de antibióticos no suprimió el aumento de expresión de esos genes, aunque sí redujo parcialmente la acumulación de triglicéridos.
Esta diferencia respalda la existencia de mecanismos complementarios: algunos relacionados con la actividad de la microbiota intestinal y otros asociados con la regulación metabólica dentro del propio hígado.
Qué significa el hallazgo para las personas con hígado graso
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica constituye un importante problema sanitario por su frecuencia y por su relación con enfermedades como la diabetes tipo 2 y los trastornos cardiovasculares.
En determinados pacientes, la acumulación de grasa puede acompañarse de inflamación y evolucionar hacia fibrosis hepática. Sin embargo, no todas las personas con esteatosis desarrollan complicaciones graves.
Los hallazgos de Osaka ofrecen una explicación experimental de cómo dos factores metabólicos pueden interactuar y aumentar la acumulación de lípidos en el hígado.
Es importante precisar que los investigadores no realizaron un ensayo clínico en hombres con testosterona baja. La deficiencia hormonal se produjo experimentalmente mediante castración de ratones, una condición que no reproduce necesariamente todos los mecanismos del descenso hormonal relacionado con el envejecimiento humano.
Tampoco se ha demostrado que los resultados permitan predecir la progresión de la enfermedad en pacientes concretos.
Por ello, el trabajo no constituye una indicación para administrar testosterona como tratamiento del hígado graso. La terapia hormonal requiere una evaluación médica específica y no debe utilizarse con ese objetivo basándose únicamente en estos experimentos.
La importancia de estudiar factores combinados también aparece en otras investigaciones experimentales, como las que han examinado la interacción entre una dieta que favorece la esteatosis y la exposición a microplásticos, aunque se trata de mecanismos diferentes que no deben equipararse.
La fructosa de las bebidas no equivale a consumir fruta entera
La investigación plantea interrogantes sobre la influencia de determinados hábitos alimentarios en personas que presentan alteraciones hormonales o metabólicas.
La fructosa se encuentra naturalmente en frutas y otros alimentos, pero también forma parte de azúcares añadidos presentes en refrescos, bebidas endulzadas, postres y numerosos productos procesados.
Conviene distinguir ambas situaciones. Los resultados del experimento no justifican eliminar las frutas enteras de una alimentación equilibrada, ya que estos alimentos aportan fibra, agua, vitaminas y otros componentes nutricionales que modifican el contexto de consumo.
La importancia de la matriz alimentaria también ha sido examinada en investigaciones sobre las diferencias metabólicas entre los azúcares presentes en zumos de fruta y bebidas azucaradas. Aunque esos resultados no se refieren específicamente al hígado graso, ayudan a comprender por qué el efecto de un nutriente depende también de los demás componentes del alimento.
Las recomendaciones de salud pública se centran principalmente en limitar el exceso de azúcares libres, especialmente los incorporados a bebidas y productos de elevado contenido energético.
La Organización Mundial de la Salud recomienda reducir el consumo de azúcares libres a menos del 10 % de la ingesta energética total y señala que disminuirlo por debajo del 5 % puede aportar beneficios adicionales.
Estas recomendaciones se sustentan en un conjunto amplio de evidencias nutricionales y no dependen exclusivamente de los resultados del estudio japonés.
Los investigadores buscan comprender cómo actúa el piruvato
El equipo de la Universidad Metropolitana de Osaka considera que identificar los mecanismos responsables de la acumulación de triglicéridos podría contribuir al desarrollo de nuevas estrategias preventivas y terapéuticas.
Una de las principales preguntas pendientes es cómo el piruvato favorece el almacenamiento de lípidos cuando coincide con una exposición elevada a fructosa.
Los científicos también deberán determinar qué cambios específicos de la microbiota intestinal son responsables del aumento de este compuesto y si existen mecanismos equivalentes en seres humanos.
El estudio no demuestra que modificar la microbiota mediante antibióticos sea una estrategia adecuada para tratar el hígado graso. Su utilización en los animales tuvo una finalidad experimental y no constituye una recomendación clínica.
Los resultados tampoco permiten establecer que una intervención hormonal o nutricional específica revierta el mecanismo observado.
La investigación amplía el conocimiento sobre las conexiones entre el sistema endocrino, la alimentación, las bacterias intestinales y el metabolismo hepático. Su principal aportación consiste en demostrar, dentro de un modelo experimental, que la interacción de diferentes factores de riesgo puede producir consecuencias metabólicas más intensas que las observadas cuando cada uno actúa por separado.
Fuentes referenciales:
American Journal of Physiology-Endocrinology and Metabolism – Estudio científico original
Universidad Metropolitana de Osaka – Comunicado institucional de investigación
Infobae Salud – Investigación sobre testosterona, fructosa e hígado graso

