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La inactividad física afecta a 240 millones de adolescentes


Un análisis de la Organización Mundial de la Salud, basado en más de 3,2 millones de jóvenes de 140 países y territorios, revela que uno de cada cuatro no alcanzó una hora de actividad física en ningún día de la semana evaluada. Las adolescentes presentan los niveles más bajos y el panorama mundial apenas ha cambiado desde 2010.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó el 4 de noviembre de 2026 nuevas estimaciones internacionales que muestran un estancamiento prolongado de la actividad física durante la adolescencia. Según el análisis, aproximadamente 240 millones de jóvenes de entre 11 y 17 años no acumularon al menos 60 minutos de actividad física moderada o vigorosa en ningún día de la semana anterior a la encuesta.

La cifra equivale a uno de cada cuatro adolescentes del mundo y constituye uno de los principales resultados de una investigación publicada en la revista científica The Lancet Global Health.

El estudio reunió información de 389 encuestas poblacionales realizadas en 140 países y territorios, con la participación de más de 3,2 millones de adolescentes. Su objetivo fue examinar la evolución de los niveles de actividad física entre 2010 y 2025, identificar diferencias entre países y analizar las desigualdades entre chicas y chicos.

Los resultados muestran que los adolescentes declararon alcanzar al menos una hora de actividad física moderada o vigorosa durante un promedio de apenas 2,7 días por semana. Solamente el 14 % afirmó cumplir ese umbral los siete días.

Los investigadores también encontraron que las diferencias entre sexos permanecen prácticamente intactas: las adolescentes presentan menos días activos que los varones en casi todos los países y regiones examinados.

El informe no atribuye la situación exclusivamente a las decisiones individuales. La OMS considera que la disponibilidad de espacios seguros, las condiciones escolares, el transporte, las oportunidades deportivas y las desigualdades sociales influyen directamente en las posibilidades de mantener una vida activa.

Un estudio internacional con más de 3,2 millones de participantes

La investigación, titulada National, regional, and global trends in adolescent physical activity from 2010 to 2025, fue desarrollada mediante un análisis conjunto de encuestas poblacionales procedentes de diferentes regiones del mundo.

Los científicos utilizaron 389 encuestas que recogían información sobre la frecuencia semanal de actividad física de adolescentes de entre 11 y 17 años.

La metodología permitió estimar tendencias nacionales, regionales y mundiales durante un período de quince años.

Los datos se procesaron mediante modelos estadísticos diseñados para comparar poblaciones y períodos diferentes. Este procedimiento es especialmente importante cuando la información procede de encuestas realizadas en distintos países y años.

El indicador principal fue el número de días de la semana anterior en los que cada participante había acumulado al menos 60 minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa.

Esto incluye actividades capaces de aumentar la respiración y la frecuencia cardíaca, como caminar a paso rápido, correr, practicar deportes, bailar o desplazarse en bicicleta, dependiendo de la intensidad y duración.

La amplitud de la muestra constituye una de las principales fortalezas del estudio. Sin embargo, los resultados se basan en respuestas declaradas por los participantes, no en mediciones continuas realizadas mediante acelerómetros u otros dispositivos electrónicos.

Uno de cada cuatro jóvenes no alcanzó una hora diaria de ejercicio

El resultado más destacado es que aproximadamente el 25 % de los adolescentes no registró ningún día con al menos una hora de actividad física moderada o vigorosa durante la semana evaluada.

La OMS estima que esta proporción representa alrededor de 240 millones de jóvenes.

Es importante interpretar correctamente el dato. No significa que esos adolescentes permanecieran completamente inmóviles durante siete días ni que no realizaran ninguna actividad física.

El indicador señala que no alcanzaron el umbral de 60 minutos de actividad moderada o vigorosa en ninguno de los días considerados.

Una persona puede caminar distancias cortas, subir escaleras o realizar tareas cotidianas sin acumular una hora de actividad con la intensidad requerida por el estudio.

Esta distinción evita confundir la ausencia de días que cumplen un umbral epidemiológico con la ausencia absoluta de movimiento.

El análisis encontró además que el promedio mundial fue de 2,7 días activos por semana. Solamente el 14 % de los adolescentes declaró alcanzar el umbral los siete días.

Por tanto, la investigación muestra una distribución desigual de la actividad física: una minoría mantiene el nivel diario utilizado como referencia, mientras que una proporción considerable registra muy pocos días con movimiento suficiente.

La brecha entre chicas y chicos continúa siendo importante

Uno de los resultados más persistentes del análisis es la diferencia entre adolescentes de distinto sexo.

El 28 % de las chicas declaró no haber alcanzado los 60 minutos de actividad física moderada o vigorosa en ningún día de la semana anterior.

Entre los chicos, esa proporción fue del 22 %.

También se observaron diferencias entre quienes alcanzaban el umbral todos los días. Solamente el 11 % de las adolescentes declaró siete días activos, frente al 17 % de los varones.

La desigualdad apareció en casi todos los países y regiones de la OMS.

Estos resultados indican que las oportunidades para practicar actividad física no se distribuyen de manera uniforme durante la adolescencia.

Los investigadores consideran necesario examinar las barreras que pueden afectar especialmente a las chicas, entre ellas las condiciones de seguridad, las normas sociales, la disponibilidad de actividades adecuadas y el acceso a instalaciones deportivas.

La OMS insiste en que las estrategias de promoción deben evitar responsabilizar exclusivamente a las adolescentes por sus niveles de actividad.

El objetivo consiste en ampliar las oportunidades reales para caminar, jugar, desplazarse y practicar deportes en entornos seguros y accesibles.

Quince años sin avances importantes en la actividad física juvenil

El estudio comparó las estimaciones correspondientes al período comprendido entre 2010 y 2025.

Su principal conclusión temporal es que los niveles mundiales de actividad física adolescente apenas cambiaron durante esos quince años.

Esto significa que las iniciativas desarrolladas durante el período no se tradujeron en una mejora global suficiente para modificar de manera apreciable las tendencias.

La OMS advierte que ningún país se encuentra actualmente encaminado a cumplir el objetivo internacional de reducir un 15 % la inactividad física relativa para 2030, tomando como referencia los niveles de 2010.

El resultado representa un desafío para las políticas sanitarias porque la adolescencia es una etapa en la que se consolidan hábitos que pueden continuar durante la vida adulta.

La actividad física regular contribuye al desarrollo muscular y óseo, al funcionamiento cardiovascular y a distintos componentes del bienestar psicológico.

La relación entre movimiento y salud también aparece en investigaciones individuales. Por ejemplo, un estudio con 5.515 adolescentes relacionó una mayor cantidad de pasos diarios con menos problemas de salud mental un año después.

Sin embargo, ese tipo de asociaciones no demuestra por sí solo que aumentar los pasos produzca automáticamente mejoras psicológicas en todos los jóvenes.

El nuevo análisis de la OMS se concentra principalmente en la vigilancia de los niveles de actividad física, no en medir directamente la aparición posterior de enfermedades.

Las diferencias entre países superan los treinta puntos porcentuales

La investigación encontró contrastes importantes entre países y territorios.

En algunos, aproximadamente el 4 % de los adolescentes declaró no alcanzar el umbral de actividad física en ningún día de la semana.

En otros, esa proporción superó el 40 %.

Esta variación muestra que el problema no tiene la misma magnitud en todas las sociedades.

Los investigadores consideran que las diferencias pueden relacionarse con múltiples condiciones, entre ellas el diseño de las ciudades, los desplazamientos cotidianos, las oportunidades escolares, el acceso a espacios recreativos y las normas sociales.

También influyen las condiciones económicas y la posibilidad de realizar actividades sin asumir gastos adicionales.

La OMS señala que no existe una explicación única capaz de describir la situación de todos los países.

Por ello, las intervenciones deben adaptarse a las características de cada población, evitando aplicar soluciones idénticas en entornos con necesidades muy diferentes.

La disponibilidad de instalaciones deportivas puede resultar importante, pero también lo son las aceras seguras, las rutas escolares y los espacios públicos donde los adolescentes puedan moverse sin depender necesariamente de actividades organizadas.

La falta de movimiento tiene consecuencias para la salud

La actividad física regular durante la infancia y la adolescencia contribuye al desarrollo saludable de músculos y huesos, mejora la condición cardiorrespiratoria y favorece diferentes aspectos de la salud metabólica.

También se relaciona con beneficios cognitivos y psicológicos, aunque la magnitud de esos efectos depende del tipo de actividad, la población y las características de los estudios.

La insuficiente actividad física constituye un factor de riesgo importante para enfermedades no transmisibles a lo largo de la vida.

Entre las condiciones relacionadas con el sedentarismo y la inactividad se encuentran las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2.

Sin embargo, el riesgo sanitario no depende únicamente del ejercicio. También intervienen la alimentación, el descanso, las condiciones sociales, los antecedentes familiares y otros factores.

Una investigación realizada en España con más de 10.000 adolescentes examinó las diferencias de bienestar entre jóvenes inactivos, físicamente activos y deportistas de distintos niveles.

Sus resultados encontraron asociaciones favorables entre participación deportiva y diversos indicadores de calidad de vida, aunque también identificaron riesgos vinculados con la presión competitiva y el ejercicio excesivo.

Este tipo de evidencia recuerda que promover la actividad física no consiste simplemente en aumentar las exigencias deportivas, sino en favorecer experiencias sostenibles y adecuadas a la edad.

Las pantallas forman parte del contexto, pero no explican todo

El uso creciente de dispositivos electrónicos suele aparecer en las discusiones sobre la actividad física juvenil.

Los teléfonos, videojuegos, plataformas digitales y otras formas de entretenimiento pueden ocupar tiempo que anteriormente se destinaba a actividades recreativas con movimiento.

Sin embargo, la OMS no atribuye exclusivamente a las pantallas el estancamiento observado entre 2010 y 2025.

El organismo considera que las oportunidades de actividad dependen también de factores urbanos, escolares, económicos y culturales.

Una investigación desarrollada en Buenos Aires mostró que numerosas familias perciben que el tiempo frente a dispositivos electrónicos reduce las oportunidades de juego activo de sus hijos.

Ese resultado refleja percepciones familiares y no demuestra por sí solo que los dispositivos sean responsables directos de la reducción del movimiento.

En la adolescencia, las pantallas también pueden utilizarse para estudiar, comunicarse o acceder a información. Por tanto, el análisis sanitario debe distinguir entre diferentes usos y considerar qué actividades quedan desplazadas.

La prioridad consiste en garantizar que la vida cotidiana incluya oportunidades suficientes de movimiento, descanso y relaciones sociales.

La escuela puede ayudar a reducir las desigualdades

La OMS considera que los centros educativos desempeñan un papel fundamental en la promoción de la actividad física.

La escuela reúne diariamente a una proporción importante de la población adolescente y puede ofrecer oportunidades de movimiento independientemente de los recursos económicos familiares.

Entre las medidas propuestas se encuentran fortalecer la educación física, facilitar actividades recreativas y promover desplazamientos activos hacia los centros escolares.

Caminar o utilizar la bicicleta para llegar a clase puede contribuir a aumentar el movimiento cotidiano cuando existen condiciones adecuadas de seguridad.

Las intervenciones también pueden incluir actividades durante los recreos y oportunidades deportivas accesibles fuera del horario escolar.

Sin embargo, estas medidas necesitan adaptarse a las capacidades de los estudiantes y evitar situaciones de exclusión o discriminación.

La participación de adolescentes con discapacidad, enfermedades crónicas o limitaciones de movilidad requiere condiciones apropiadas para que también puedan beneficiarse de una vida activa.

Los investigadores destacan que las políticas escolares deben complementarse con actuaciones en transporte, urbanismo y espacios públicos.

Qué recomiendan actualmente las directrices internacionales

La OMS recomienda que los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años acumulen un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa a lo largo de la semana, principalmente de tipo aeróbico.

También aconseja incorporar actividades intensas y ejercicios que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana.

Es importante diferenciar esta recomendación actual del indicador utilizado en la investigación.

El estudio contó los días en los que los participantes alcanzaban al menos 60 minutos de actividad. Las directrices vigentes, en cambio, expresan la recomendación principal como un promedio diario calculado a lo largo de la semana.

Por tanto, el porcentaje de adolescentes con siete días activos no debe interpretarse automáticamente como el porcentaje exacto que cumple las recomendaciones actuales.

La OMS también señala que cualquier cantidad de actividad física puede aportar beneficios, especialmente cuando representa una mejora respecto de una situación de inactividad.

No es necesario participar en deportes competitivos para mantenerse activo. Caminar, bailar, montar bicicleta, jugar y realizar actividades recreativas pueden contribuir al movimiento semanal.

La intensidad y el tipo de actividad deben adaptarse a la edad, las capacidades y las condiciones de salud de cada adolescente.

Las encuestas permiten vigilar tendencias, pero tienen limitaciones

El análisis internacional presenta fortalezas importantes, especialmente por la cantidad de participantes y la cobertura geográfica.

Sin embargo, los investigadores reconocen que las encuestas basadas en declaraciones personales pueden presentar errores de recuerdo y diferencias en la interpretación de las preguntas.

Los adolescentes pueden sobreestimar o subestimar la duración e intensidad de sus actividades.

Además, no todos los países disponen de la misma cantidad de encuestas ni de series temporales igualmente completas.

Los modelos estadísticos ayudan a elaborar estimaciones comparables, pero no eliminan completamente las incertidumbres.

El estudio tampoco permite establecer una relación causal entre determinados factores sociales y los niveles de actividad física.

Por ejemplo, aunque las condiciones urbanas pueden influir sobre las oportunidades de movimiento, los resultados no demuestran que una modificación específica del transporte o de las instalaciones deportivas produzca necesariamente una mejora determinada.

Para evaluar esas intervenciones se necesitan estudios adicionales y sistemas de seguimiento capaces de medir sus efectos.

La OMS reclama políticas que faciliten moverse todos los días

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, destacó que los resultados reflejan quince años de avances insuficientes y una persistente desventaja para las adolescentes.

El organismo considera que la respuesta no debe limitarse a pedir a los jóvenes que realicen más ejercicio.

La prioridad es crear escuelas, calles y comunidades donde caminar, jugar, practicar deportes y desplazarse activamente resulte seguro y accesible.

La OMS solicita medidas coordinadas entre los sectores de salud, educación, transporte, planificación urbana y deporte.

También considera necesario prestar especial atención a las desigualdades entre sexos y a las poblaciones que disponen de menos oportunidades de actividad física.

El informe A generation missing out: global trends in adolescent physical activity, 2010–2025 concluye que las tendencias mundiales apenas han mejorado durante los últimos quince años.

Sus resultados aportan una referencia actualizada para evaluar las políticas públicas y muestran que la actividad física adolescente continúa siendo un desafío sanitario internacional.

La principal advertencia es que el problema no se limita a las decisiones personales: las oportunidades para mantenerse activo dependen, en gran medida, de los entornos donde los jóvenes estudian, se desplazan y desarrollan su vida cotidiana.

Fuentes referenciales:
Organización Mundial de la Salud — Uno de cada cuatro adolescentes en todo el mundo declaró no haber tenido ningún día activo en la semana anterior, 4 de noviembre de 2026
Organización Mundial de la Salud — A generation missing out: global trends in adolescent physical activity, 2010–2025
The Lancet Global Health — National, regional, and global trends in adolescent physical activity from 2010 to 2025
Organización Mundial de la Salud — Physical activity, actualización del 4 de noviembre de 2026