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El ejercicio puede mejorar el ánimo durante la menopausia


Una revisión de 12 ensayos clínicos con más de 1.000 mujeres encontró beneficios psicológicos asociados con caminar, bailar, practicar yoga y otras actividades físicas. Los investigadores británicos advierten que la calidad de la evidencia todavía presenta limitaciones.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


Un equipo de investigadores del University College London (UCL), en Reino Unido, ha identificado nuevas evidencias de que la actividad física puede contribuir a reducir los síntomas depresivos y mejorar el bienestar psicológico de las mujeres durante la transición a la menopausia y los primeros años posteriores. La investigación, difundida el 13 de octubre de 2026 y publicada en la revista científica Menopause, reunió resultados de 12 ensayos clínicos aleatorizados con más de 1.000 participantes.

El análisis examinó diferentes modalidades de ejercicio para determinar cuáles mostraban resultados más favorables sobre el estado de ánimo, los síntomas depresivos y la calidad de vida. Los investigadores encontraron beneficios tanto en las actividades aeróbicas como en las prácticas que combinan movimiento, respiración y atención corporal, aunque sus efectos no fueron idénticos.

Los ejercicios aeróbicos, entre ellos caminar y bailar, presentaron los resultados más favorables para los síntomas depresivos y la calidad de vida general. Por su parte, las actividades como yoga, taichí y pilates mostraron mejoras relevantes en la dimensión psicológica de la calidad de vida.

La investigación no establece que el ejercicio pueda sustituir todos los tratamientos médicos o psicológicos para los síntomas de la menopausia. Sus autores consideran que puede representar una opción complementaria, accesible y adaptable a las necesidades individuales.

Doce ensayos clínicos permiten comparar diferentes actividades

El trabajo consistió en una revisión sistemática y un metaanálisis, dos procedimientos científicos utilizados para identificar, evaluar y reunir los resultados de investigaciones anteriores sobre una misma pregunta.

En este caso, los especialistas analizaron 12 ensayos controlados aleatorizados que habían evaluado intervenciones de actividad física en mujeres durante la perimenopausia y la posmenopausia temprana.

Los estudios procedían de siete países: Brasil, China, Túnez, India, Irán, Corea y Estados Unidos. Esta diversidad permitió reunir experiencias de diferentes poblaciones y contextos, aunque también introdujo diferencias metodológicas que deben considerarse al interpretar los resultados.

El equipo organizó las intervenciones en dos grandes categorías.

La primera comprendió las actividades predominantemente aeróbicas, como caminar, practicar zumba, realizar ejercicios aeróbicos, bailar y entrenar taekwondo.

La segunda agrupó las actividades conocidas como mente-cuerpo, entre ellas yoga, taichí, pilates y ejercicios de estiramiento.

Esta clasificación permitió comparar modalidades que exigen distintos esfuerzos físicos y que también pueden influir de manera diferente sobre la respiración, la atención, la regulación emocional y la interacción social.

Caminar y bailar mostraron resultados favorables frente a los síntomas depresivos

Las intervenciones aeróbicas destacaron especialmente por sus efectos sobre los síntomas depresivos y la calidad de vida general.

Según el análisis de UCL, actividades como caminar o participar en clases de baile pueden favorecer el bienestar emocional durante una etapa caracterizada por importantes cambios hormonales y físicos.

La perimenopausia se desarrolla durante los años anteriores a la última menstruación. En ese periodo, las fluctuaciones de los estrógenos pueden acompañarse de alteraciones del sueño, cambios de ánimo, irritabilidad y otros síntomas que afectan el funcionamiento cotidiano.

Las investigaciones revisadas utilizaron programas de actividad física con distintas frecuencias y duraciones.

En uno de los ensayos, las participantes caminaron durante 30 minutos, tres veces por semana. En otro, asistieron a tres sesiones semanales de zumba, de una hora cada una.

Estos ejemplos describen los protocolos empleados por investigaciones concretas. No significan que se haya establecido una frecuencia única o una dosis óptima de ejercicio para todas las mujeres durante la menopausia.

Los autores también observaron que algunas intervenciones aeróbicas requerían menos sesiones que las actividades mente-cuerpo, una característica que podría facilitar su incorporación a la rutina de mujeres con limitaciones de tiempo.

Yoga, taichí y pilates aportaron beneficios al bienestar psicológico

Las actividades mente-cuerpo también mostraron resultados positivos, especialmente en las mediciones relacionadas con la calidad de vida psicológica.

Estas modalidades combinan movimiento físico con elementos como respiración controlada, conciencia corporal y concentración.

Los investigadores consideran que esa combinación podría favorecer la regulación emocional, aunque los ensayos incluidos no permiten identificar con certeza qué componente de cada actividad explica las mejoras observadas.

Los programas analizados fueron diversos. Uno de los ensayos utilizó dos sesiones semanales de yoga de 75 minutos, mientras que otro estableció clases diarias de una hora.

La diferencia entre los protocolos impide concluir que una modalidad específica o una duración determinada sea superior para todas las participantes.

El trabajo tampoco permite afirmar que yoga, taichí o pilates eliminen síntomas físicos característicos de la menopausia, como los sofocos. El análisis se centró principalmente en el bienestar psicológico y la calidad de vida.

Esta distinción es importante porque los síntomas de la transición menopáusica pueden afectar distintas dimensiones de la salud. Las dificultades de concentración y los olvidos, por ejemplo, forman parte de las manifestaciones descritas en mujeres que experimentan niebla mental durante la menopausia, pero no deben confundirse automáticamente con un trastorno depresivo.

Los beneficios también aparecieron después de la última menstruación

Los resultados de la revisión mostraron diferencias según la etapa reproductiva de las participantes.

Las mejoras en síntomas depresivos, estado de ánimo y calidad de vida fueron especialmente evidentes en mujeres que atravesaban la posmenopausia temprana.

Esta etapa comienza después de completar 12 meses consecutivos sin menstruación, siempre que la ausencia del periodo no tenga otra causa médica.

Durante la perimenopausia también se observaron resultados favorables sobre los síntomas depresivos.

Los autores consideran relevante esta diferencia porque las necesidades de apoyo pueden variar durante la transición hormonal. No obstante, la evidencia disponible todavía no permite establecer qué programa de ejercicio debería recomendarse específicamente para cada etapa.

El bienestar durante la menopausia depende además de factores que trascienden la actividad física. La salud sexual, las relaciones personales y la percepción de los cambios corporales también forman parte de la calidad de vida durante esta transición.

Por ello, los especialistas plantean un abordaje que considere tanto los síntomas físicos como las necesidades psicológicas y sociales.

Las actividades grupales podrían aportar un beneficio adicional

Una característica de varios ensayos incluidos en la revisión fue que las participantes realizaban ejercicio en grupo.

La profesora Aimee Spector, directora del Menopause Mind Lab de UCL y autora sénior de la investigación, señaló que la conexión social y el apoyo entre participantes podrían haber contribuido a las mejoras observadas.

La hipótesis resulta relevante porque una clase colectiva no proporciona únicamente movimiento físico. También puede ofrecer oportunidades para compartir experiencias, mantener una rutina y establecer relaciones sociales.

Sin embargo, los datos no permiten separar completamente el efecto del ejercicio del posible beneficio asociado con la participación grupal.

Para determinar cuánto aporta cada componente serían necesarios ensayos que comparen programas de actividad física individuales y colectivos bajo condiciones equivalentes.

El estudio también plantea la importancia de adaptar las intervenciones a las preferencias y capacidades de cada mujer. Una actividad que resulta agradable y sostenible puede ser más fácil de mantener que otra que exige una organización incompatible con la vida cotidiana.

Una opción complementaria cuando existen dificultades para acceder a tratamientos

La menopausia puede acompañarse de síntomas físicos y psicológicos que requieren atención clínica, especialmente cuando afectan el sueño, el trabajo, las relaciones personales o la capacidad para realizar actividades habituales.

Entre las opciones disponibles se encuentran determinados tratamientos hormonales, intervenciones psicológicas y medidas dirigidas a síntomas específicos.

La psicóloga clínica Simone Saidel, primera autora del estudio, destacó que no todas las mujeres pueden utilizar terapia hormonal o desean recibirla. También existen diferencias en el acceso a los tratamientos y en las actitudes culturales hacia ellos.

En ese contexto, la actividad física puede ampliar las posibilidades de apoyo, particularmente cuando se incorpora como una intervención temprana o complementaria.

La elección de una actividad debe considerar el estado de salud, la condición física previa, las limitaciones musculoesqueléticas y las preferencias individuales.

La relación entre las hormonas y la respuesta al ejercicio ya ha sido abordada desde otras perspectivas, como las variaciones de la actividad física durante el ciclo menstrual. Sin embargo, los resultados obtenidos en mujeres en edad reproductiva no deben trasladarse automáticamente a quienes atraviesan la menopausia.

El nuevo metaanálisis aporta evidencia específica sobre intervenciones evaluadas durante esta transición y sus posibles efectos psicológicos.

Los investigadores advierten que la evidencia todavía es limitada

Aunque la revisión reunió ensayos aleatorizados, los propios autores identificaron limitaciones importantes.

Los estudios utilizaron diferentes tipos de actividad física, programas de duración variable y distintas herramientas para evaluar los síntomas psicológicos.

Además, muchas de las investigaciones fueron consideradas de alto riesgo de sesgo, una circunstancia que reduce la confianza con la que pueden generalizarse sus resultados.

La combinación de resultados de varios ensayos no elimina automáticamente los problemas metodológicos presentes en los estudios originales.

Por ese motivo, los investigadores señalan que todavía se necesitan ensayos clínicos de mayor calidad para identificar las modalidades más beneficiosas, las frecuencias adecuadas y la duración de los efectos.

Tampoco se ha establecido si los beneficios observados se mantienen después de finalizar los programas de ejercicio ni qué diferencias existen entre mujeres con síntomas leves y aquellas que presentan problemas psicológicos de mayor intensidad.

Las conclusiones deben interpretarse como evidencia favorable para incorporar la actividad física al apoyo durante la menopausia, no como demostración de que cualquier modalidad de ejercicio tenga el mismo efecto ni de que pueda sustituir la atención médica necesaria.

El estudio refuerza la atención integral durante la menopausia

La investigación de UCL aporta un análisis específico de una cuestión frecuente en la atención de mujeres de mediana edad: qué intervenciones no farmacológicas pueden ayudar a mejorar el bienestar psicológico durante los cambios hormonales.

Sus resultados indican que las actividades aeróbicas y las prácticas mente-cuerpo pueden ofrecer beneficios, aunque con perfiles diferentes.

La principal aportación del trabajo consiste en reunir ensayos clínicos que permiten evaluar estas intervenciones más allá de recomendaciones generales sobre hábitos saludables.

Los autores consideran que la actividad física merece un lugar dentro de las opciones de apoyo disponibles, especialmente por su accesibilidad y por la posibilidad de adaptarla a distintas circunstancias personales.

El siguiente objetivo de la investigación será precisar qué actividades producen los beneficios más consistentes y cómo incorporarlas a programas de atención que respondan a las necesidades reales de las mujeres durante la perimenopausia y la posmenopausia temprana.

Fuentes referenciales:
University College London — Physical activity may improve mood and quality of life during menopause
Menopause — The effectiveness of physical activity interventions on psychological symptoms and quality of life during menopause