Un relevamiento realizado en Buenos Aires encontró que el 78 % de las familias considera que los dispositivos electrónicos restan tiempo al movimiento. La evidencia científica también relaciona el uso digital problemático con dificultades de sueño y bienestar emocional.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
El tiempo que los niños dedican a teléfonos celulares, tabletas y videojuegos está generando nuevas preocupaciones sobre su actividad física, descanso y salud mental. Un relevamiento realizado en septiembre de 2026 en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, encontró que el 78 % de las familias consultadas considera que las pantallas desplazan oportunidades de juego activo, mientras que el 77 % desearía que sus hijos realizaran más actividad física.
Los resultados proceden de una investigación de Pulsar.UBA, el observatorio de opinión pública de la Universidad de Buenos Aires, realizada para el Club de Amigos. El estudio reunió las respuestas de 607 madres y padres de niños de entre 2 y 12 años y permitió examinar cómo perciben las familias la relación entre tecnología, deporte y movimiento cotidiano.
El fenómeno preocupa a los especialistas porque el problema no se limita al número de horas frente a una pantalla. También importa qué actividades dejan de realizarse cuando el uso digital ocupa una parte creciente de la jornada: dormir adecuadamente, jugar al aire libre, relacionarse con otras personas y mantenerse físicamente activo.
Las familias identifican una reducción del movimiento cotidiano
La encuesta, desarrollada entre el 1 y el 4 de septiembre de 2026, mostró una diferencia importante entre el valor que los padres atribuyen al ejercicio y las oportunidades reales de actividad física que perciben para sus hijos.
El 93 % de los participantes consideró que el deporte contribuye a que los niños crezcan más sanos y felices. Sin embargo, el 44 % estimó que sus hijos se mueven poco o solo moderadamente para su edad.
Además, únicamente el 29 % consideró suficiente la actividad física proporcionada por la escuela. Esta percepción señala una posible distancia entre las expectativas familiares y las oportunidades de movimiento disponibles durante la jornada escolar.
El estudio también encontró que el 78 % de los encuestados cree que las pantallas restan tiempo al juego activo. Se trata de una valoración expresada por los adultos participantes y no de una medición directa del tiempo que los niños permanecen utilizando dispositivos.
Esta distinción es importante: los resultados permiten conocer las preocupaciones familiares, pero por sí solos no demuestran que el teléfono celular sea la causa de la reducción de actividad física.
Más deporte organizado, pero menos movimiento espontáneo
Uno de los hallazgos más interesantes del relevamiento fue la diferencia entre participar en actividades deportivas organizadas y mantenerse activo durante la vida cotidiana.
La proporción de niños que practicaba deporte fuera del horario escolar aumentaba con la edad: era del 31 % entre los 2 y 4 años y alcanzaba el 71 % entre los 8 y 12 años.
Sin embargo, el movimiento cotidiano seguía una tendencia contraria. La proporción de niños que realizaba más de una hora diaria de actividad física descendía del 59 % al 47 % entre esos mismos grupos de edad.
Esto indica que una mayor participación en clases deportivas no necesariamente se traduce en más movimiento durante el resto del día.
Caminar, correr, jugar en una plaza, desplazarse en bicicleta o participar en actividades espontáneas también contribuyen a la actividad física total. Cuando estas experiencias disminuyen, las sesiones deportivas programadas pueden resultar insuficientes para compensar el sedentarismo restante.
La investigación identificó otra diferencia relacionada con la vida familiar. El 37 % de las familias con hijos de 2 a 4 años realizaba actividades físicas compartidas con frecuencia. Esa proporción descendía al 26 % entre los 5 y 7 años y al 23 % entre los 8 y 12 años.
Los resultados sugieren que las oportunidades de movimiento compartido disminuyen a medida que los niños crecen, aunque el estudio no permite determinar cuáles son las causas principales de ese cambio.
Qué relación existe entre las pantallas y la salud mental infantil
La preocupación por el desplazamiento del juego se suma a investigaciones internacionales sobre el uso problemático de dispositivos electrónicos.
Una revisión científica difundida por la Asociación Americana de Psicología reunió resultados de 117 estudios y datos de aproximadamente 300.000 niños. El análisis encontró asociaciones entre una mayor exposición a pantallas y dificultades emocionales y conductuales.
Otra investigación, publicada en American Journal of Preventive Medicine, examinó el uso problemático de teléfonos inteligentes, redes sociales y videojuegos en adolescentes estadounidenses de 11 y 12 años.
Los resultados relacionaron estos patrones de uso con una mayor probabilidad posterior de dificultades de salud mental, problemas de sueño y conductas de riesgo.
Los especialistas diferencian entre el uso habitual de tecnología y el uso problemático. Un dispositivo puede utilizarse para aprender, comunicarse o participar en actividades educativas sin que necesariamente provoque consecuencias negativas.
La preocupación aumenta cuando la utilización de pantallas resulta difícil de controlar, interfiere con responsabilidades cotidianas o desplaza actividades necesarias para el desarrollo.
También es necesario evitar una interpretación exclusivamente causal. Los problemas emocionales pueden favorecer un mayor uso de dispositivos, del mismo modo que ciertos patrones de uso digital pueden contribuir a dificultades de descanso o bienestar.
El sueño es uno de los aspectos más vulnerables
La utilización de teléfonos y tabletas durante las horas previas al descanso puede interferir con las rutinas de sueño, especialmente cuando los contenidos generan estimulación emocional o prolongan la actividad hasta altas horas de la noche.
Los dispositivos también emiten luz que puede influir sobre los mecanismos biológicos relacionados con el ciclo de sueño y vigilia. Sin embargo, el efecto no depende únicamente de la iluminación: las notificaciones, conversaciones, videojuegos y videos también pueden retrasar el momento de acostarse.
La falta de sueño suficiente durante la infancia y la adolescencia puede afectar la atención, el aprendizaje, la regulación emocional y el rendimiento escolar.
Por ello, las recomendaciones pediátricas suelen insistir en mantener horarios regulares de descanso y evitar que el uso recreativo de dispositivos interfiera con el sueño.
El objetivo no es atribuir todos los problemas de descanso a la tecnología, sino reconocer que su utilización nocturna constituye un factor modificable dentro de una rutina saludable.
La actividad física aporta beneficios más allá del control del peso
La Sociedad Argentina de Pediatría destaca que el movimiento regular durante la infancia contribuye al funcionamiento cardiovascular y muscular, al fortalecimiento de los huesos y al mantenimiento de una buena salud metabólica.
La actividad física también favorece el desarrollo de habilidades motrices, la interacción social y determinados aspectos del bienestar psicológico.
Las experiencias de juego compartido ofrecen oportunidades para aprender a cooperar, resolver conflictos, respetar reglas y desarrollar confianza personal.
Además, mantener una vida activa desde edades tempranas ayuda a reducir factores de riesgo relacionados con obesidad, hipertensión y diabetes tipo 2.
En Argentina, estimaciones del Observatorio de la Deuda Social Argentina, vinculado a la Universidad Católica Argentina, indican que más del 45 % de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presenta niveles insuficientes de actividad física.
La magnitud del problema muestra que promover el movimiento requiere medidas que van más allá de limitar el tiempo frente a dispositivos.
También influyen la disponibilidad de espacios públicos seguros, las posibilidades de practicar deportes, el tiempo de las familias y las condiciones económicas de cada hogar.
Cuánta actividad física necesitan los niños según su edad
La Organización Mundial de la Salud establece recomendaciones diferenciadas para cada etapa del desarrollo infantil.
Menores de un año: deben disponer de varias oportunidades diarias de movimiento mediante juegos adecuados a su desarrollo. En los bebés que todavía no se desplazan, se recomienda favorecer el tiempo boca abajo mientras están despiertos y bajo supervisión.
Niños de 1 a 2 años: deberían acumular al menos 180 minutos diarios de actividad física de diferentes intensidades, distribuidos a lo largo del día.
Niños de 3 a 4 años: también necesitan al menos 180 minutos diarios de actividad física, de los cuales un mínimo de 60 minutos deberían corresponder a movimiento de intensidad moderada a vigorosa.
Niños y adolescentes de 5 a 17 años: la recomendación internacional es realizar un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa a lo largo de la semana, principalmente aeróbica. También deben incorporarse actividades intensas y ejercicios que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana.
Estas recomendaciones no implican que todos los niños deban practicar deportes competitivos. Caminar, bailar, correr, jugar, montar bicicleta y realizar actividades recreativas pueden contribuir a alcanzar los niveles aconsejados.
Las actividades deben adaptarse a la edad, las capacidades y las condiciones de salud de cada niño. Incluso cantidades inferiores a las recomendadas pueden resultar beneficiosas cuando representan una reducción del sedentarismo.
Las oportunidades de juego también dependen del entorno familiar
El relevamiento realizado en Buenos Aires mostró diferencias entre las actividades deportivas elegidas por niños y niñas.
Entre quienes practicaban deporte, el fútbol era realizado por el 62 % de los varones y el 8 % de las mujeres. La gimnasia reunía al 23 % de las niñas y al 6 % de los niños, mientras que las artes marciales registraban proporciones del 13 % y el 7 %, respectivamente.
Estas diferencias reflejan las elecciones registradas en la población encuestada, pero no indican que determinadas disciplinas sean más adecuadas para un sexo que para otro.
Los especialistas recomiendan ampliar las oportunidades para que cada niño pueda participar en actividades acordes con sus intereses, independientemente de estereotipos o expectativas sociales.
La práctica deportiva resulta más sostenible cuando los niños encuentran disfrute, apoyo y posibilidades reales de participación.
Cómo equilibrar la tecnología con el descanso y el movimiento
Las recomendaciones sanitarias no plantean que todos los dispositivos electrónicos deban desaparecer de la vida infantil. Su utilización puede cumplir funciones educativas, recreativas y de comunicación.
La prioridad consiste en evitar que el tiempo digital sustituya sistemáticamente experiencias fundamentales para el desarrollo.
Entre las medidas que pueden adoptar las familias se encuentran establecer momentos sin pantallas durante las comidas, proteger los horarios de sueño, promover juegos al aire libre y ofrecer alternativas recreativas accesibles.
También resulta útil participar en actividades físicas compartidas, especialmente cuando los niños todavía dependen de los adultos para acceder a espacios de juego.
En los adolescentes, las decisiones sobre tecnología pueden acompañarse de conversaciones sobre descanso, relaciones sociales, contenidos digitales y hábitos saludables, en lugar de limitarse exclusivamente a prohibiciones.
Las familias también pueden observar señales de alerta, como dificultades persistentes para interrumpir el uso de dispositivos, pérdida de interés por actividades habituales, problemas de sueño o interferencias importantes con la vida escolar y social.
Cuando estos cambios son persistentes o afectan significativamente el bienestar, conviene solicitar orientación pediátrica o de profesionales de salud mental infantil.
El desafío sanitario es recuperar tiempo para actividades esenciales
Los datos recogidos en Buenos Aires muestran que numerosas familias reconocen los beneficios del movimiento, pero perciben obstáculos para incorporarlo de manera suficiente en la vida cotidiana.
La investigación también permite distinguir dos situaciones que suelen confundirse: asistir a clases deportivas y mantener una rutina físicamente activa durante el resto del día.
Las investigaciones sobre pantallas añaden otra dimensión al problema, al relacionar determinados patrones de uso digital con dificultades de descanso y bienestar emocional.
Sin embargo, la evidencia disponible no permite afirmar que todos los niños que utilizan teléfonos celulares desarrollarán problemas de salud mental ni que reducir las pantallas, por sí solo, resolverá el sedentarismo infantil.
Las estrategias de prevención requieren considerar simultáneamente las oportunidades de juego, los hábitos de sueño, el acompañamiento familiar, el acceso a espacios seguros y la calidad del uso tecnológico.
El hallazgo central es que proteger el tiempo destinado al movimiento, al descanso y a las relaciones personales constituye una prioridad para el desarrollo infantil, independientemente de que los dispositivos digitales formen parte de la vida cotidiana.
Fuentes referenciales:
Infobae — Pantallas, sueño y salud mental en la infancia, 27 de octubre de 2026
Organización Mundial de la Salud — Actividad física
Organización Mundial de la Salud — Directrices sobre actividad física y hábitos sedentarios

