Investigadores de la Universidad de Cambridge comprobaron en laboratorio que numerosos endulzantes modifican la microbiota y que sus efectos pueden intensificarse al combinarse con medicamentos y aditivos habituales.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Los edulcorantes artificiales utilizados en bebidas, postres, cereales, refrigerios y algunos medicamentos pueden modificar directamente el crecimiento de bacterias intestinales importantes para la salud, de acuerdo con una investigación encabezada por científicos de la Universidad de Cambridge.
El trabajo, publicado en la revista científica Molecular Systems Biology, analizó no solo el efecto individual de decenas de endulzantes, sino también lo que ocurre cuando estos productos se combinan con medicamentos y compuestos presentes habitualmente en la dieta.
Los resultados cuestionan la idea de que los edulcorantes atraviesan el organismo sin producir efectos metabólicos relevantes. No obstante, los investigadores subrayaron que los experimentos fueron realizados íntegramente en laboratorio y que todavía se necesitan estudios en seres humanos para determinar sus consecuencias clínicas.
Analizaron 39 edulcorantes y 25 especies bacterianas
El estudio fue liderado por la Unidad de Toxicología del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, perteneciente a la Universidad de Cambridge.
El equipo cultivó 25 especies de bacterias intestinales, entre ellas microorganismos relacionados con la digestión, el metabolismo y la protección del sistema gastrointestinal. Posteriormente, las expuso a 39 edulcorantes utilizados en productos de consumo masivo.
Los científicos observaron que alrededor de tres cuartas partes de los endulzantes estudiados alteraron el crecimiento de al menos una de las especies bacterianas analizadas.
La microbiota intestinal está formada por una comunidad compleja de bacterias, hongos y otros microorganismos que intervienen en la digestión, la regulación metabólica y el funcionamiento del sistema inmunológico. Su composición puede variar por la dieta, el uso de fármacos, el estrés, las enfermedades y otros factores ambientales.
El hallazgo se relaciona con el creciente interés científico por la relación entre el microbioma y la nutrición personalizada, debido a que una misma sustancia puede producir respuestas diferentes dependiendo de la composición bacteriana de cada persona.
Las mezclas con medicamentos modificaron los efectos
Los investigadores ampliaron el experimento para evaluar qué ocurría cuando los edulcorantes se mezclaban con otras sustancias que suelen consumirse al mismo tiempo.
Entre los compuestos analizados se encontraban la cafeína, la vainillina —utilizada para aportar aroma y sabor a vainilla—, el endulzante artificial advantame y ocho medicamentos de uso frecuente.
El equipo identificó más de 100 interacciones entre edulcorantes y estas sustancias. Un total de 34 combinaciones intensificaron el efecto negativo sobre determinadas bacterias, mientras que otras 68 redujeron la alteración observada cuando el endulzante se analizaba por separado.
Sonja Blasche, autora principal del estudio, explicó que la evaluación de los edulcorantes resulta compleja porque rara vez se consumen de forma aislada. Habitualmente aparecen en bebidas, refrigerios, postres y medicamentos destinados a enmascarar sabores amargos.
La investigación aporta así una perspectiva diferente: la respuesta de las bacterias intestinales puede depender tanto del endulzante utilizado como de las sustancias que se ingieren junto con él.
Isosteviol y duloxetina mostraron una interacción destacada
Uno de los resultados más relevantes apareció al combinar isosteviol, un compuesto relacionado con los edulcorantes derivados de la estevia, con duloxetina, un medicamento utilizado para tratar la depresión, la ansiedad y determinados tipos de dolor crónico.
La mezcla redujo de manera significativa el crecimiento de Roseburia intestinalis y Parabacteroides merdae, dos bacterias asociadas con procesos como la regulación de la glucosa y el mantenimiento de la integridad intestinal.
Los experimentos también mostraron que esta combinación disminuyó la diversidad microbiana y aumentó la toxicidad sobre ciertas células del huésped cultivadas en laboratorio.
Los investigadores plantearon que estos efectos podrían interferir en procesos vinculados con la inflamación y la respuesta inmunitaria. Sin embargo, advirtieron que esos resultados no demuestran todavía que la combinación provoque daños equivalentes dentro del organismo humano.
La duloxetina tiene un uso extendido. Más de 4,2 millones de personas recibieron este medicamento en Estados Unidos durante 2023, una cifra que incrementa el interés por estudiar sus posibles interacciones con componentes habituales de alimentos y bebidas.
La microbiota responde a medicamentos y componentes de la dieta
La investigación de Cambridge se suma a otros trabajos que muestran que los medicamentos pueden modificar el equilibrio de los microorganismos intestinales.
Los efectos más estudiados corresponden a los antibióticos, que actúan directamente contra las bacterias y pueden disminuir la diversidad del microbioma durante períodos prolongados. Una investigación reciente encontró que los antibióticos pueden alterar la microbiota durante años, aunque la magnitud de ese impacto varía según el fármaco utilizado.
Esto no significa que los medicamentos deban suspenderse ni que todos produzcan el mismo efecto. Los tratamientos prescritos deben mantenerse conforme a las indicaciones médicas y cualquier duda sobre sus componentes o posibles interacciones debe consultarse con un profesional sanitario.
El nuevo trabajo tampoco establece que los edulcorantes produzcan por sí solos una enfermedad concreta. Su principal aporte consiste en demostrar que algunas bacterias intestinales responden directamente a estas sustancias y que esa respuesta cambia cuando intervienen otros compuestos.
La diversidad bacteriana cumple funciones esenciales
Una microbiota diversa contribuye a procesar nutrientes, producir metabolitos, limitar el crecimiento de microorganismos potencialmente dañinos y mantener una comunicación constante con el sistema inmunológico.
Las alteraciones de la composición bacteriana se han relacionado en distintas investigaciones con enfermedades metabólicas, inflamatorias y gastrointestinales. Estas asociaciones no implican necesariamente una relación directa de causa y efecto, porque la microbiota también puede cambiar como consecuencia de una enfermedad o de su tratamiento.
Además de las bacterias, el ecosistema intestinal contiene virus, arqueas y hongos. El papel de los hongos en la microbiota humana también se encuentra bajo investigación debido a su posible participación en el equilibrio inmunitario y en distintas enfermedades.
Los científicos buscan comprender cómo interactúan todos estos microorganismos con los alimentos, los medicamentos y las células humanas. El objetivo es evitar interpretaciones simplificadas que clasifiquen cada bacteria como beneficiosa o perjudicial sin considerar el contexto biológico.
Los resultados proceden de experimentos de laboratorio
La investigación fue realizada en cultivos bacterianos controlados y no mediante un ensayo clínico con personas. Esta diferencia limita la posibilidad de trasladar directamente los resultados a recomendaciones alimentarias o terapéuticas.
En el intestino humano, los edulcorantes interactúan con miles de especies microbianas, alimentos, enzimas, células inmunitarias y medicamentos. También influyen la dosis, la frecuencia de consumo, la edad, la dieta general y la situación clínica de cada individuo.
Kiran Patil, responsable del equipo investigador, señaló que los edulcorantes artificiales no necesariamente atraviesan el organismo de manera pasiva, sino que pueden interactuar con la microbiota. Esas interacciones podrían amplificarse o modificarse en presencia de medicamentos y aditivos alimentarios.
El estudio fue financiado por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea y por el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido.
Los edulcorantes aparecen en numerosos productos cotidianos
Los endulzantes de bajo o nulo aporte calórico están presentes en refrescos, dulces, cereales, postres, productos dietéticos, suplementos, medicamentos y alimentos ultraprocesados.
Su consumo ha aumentado porque permiten reducir el contenido de azúcar y las calorías de determinados productos. Sin embargo, la evidencia científica sobre sus efectos metabólicos y gastrointestinales continúa evolucionando.
La evaluación de estas sustancias no puede limitarse únicamente a su aporte calórico. También debe considerar la cantidad consumida, las características de cada compuesto, la dieta completa y las posibles interacciones con otros ingredientes.
La preocupación por el impacto combinado de diferentes componentes también aparece en estudios sobre las interacciones entre moléculas alimentarias y medicamentos, un campo que analiza cómo sustancias presentes en la dieta pueden modificar la acción de determinados tratamientos.
No se recomienda abandonar medicamentos prescritos
Los resultados no justifican suspender la duloxetina ni ningún otro medicamento indicado por un profesional sanitario. Tampoco permiten establecer una cantidad concreta de edulcorante que produzca alteraciones perjudiciales en una persona.
La principal recomendación del equipo científico es ampliar la investigación mediante estudios que reproduzcan mejor las condiciones del intestino humano y ensayos que permitan conocer el impacto real en personas sanas y en pacientes que utilizan medicamentos.
Los investigadores consideran necesario evaluar exposiciones prolongadas, diferentes concentraciones y combinaciones habituales en la vida cotidiana, como tomar un café endulzado junto con un tratamiento farmacológico.
También será necesario determinar si las modificaciones bacterianas observadas son temporales, si la microbiota recupera su composición inicial y si los cambios producen consecuencias metabólicas o inmunológicas medibles.

