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La aterosclerosis silenciosa aparece desde la juventud

La aterosclerosis es la principal causa de enfermedad cardiovascular. / Unsplash

El estudio internacional REACT detectó placas arteriales en uno de cada 13 participantes de entre 18 y 29 años y propone investigar si el cribado por imagen mejora la prevención cardiovascular


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.


La aterosclerosis puede comenzar en adultos jóvenes aparentemente sanos, décadas antes de causar un infarto o un ictus. La primera fase del estudio internacional REACT detectó signos de la enfermedad en una de cada 13 personas de entre 18 y 29 años, pese a que los participantes no tenían síntomas ni antecedentes conocidos de enfermedad cardiovascular.

La investigación, dirigida por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III de España y el Rigshospitalet de Copenhague, analizó a 16.808 personas de entre 18 y 70 años. Los resultados, publicados en The New England Journal of Medicine, ofrecen uno de los mapas más amplios elaborados hasta ahora sobre la presencia de aterosclerosis silenciosa durante la vida adulta.

En el conjunto de la muestra, el 57,1 % de los participantes presentaba placas en al menos una de las arterias evaluadas. La prevalencia aumentó de manera marcada con la edad: pasó del 7,7 % aproximado que representa uno de cada 13 jóvenes al 90 % entre las personas de 60 a 70 años.

Placas arteriales antes de los primeros síntomas

La aterosclerosis se caracteriza por la acumulación progresiva de colesterol, células inflamatorias y otros materiales en las paredes arteriales. Las placas pueden reducir el espacio por donde circula la sangre o romperse y favorecer la formación de un coágulo.

El proceso puede avanzar silenciosamente durante décadas. Una persona puede conservar una vida cotidiana normal y no experimentar dolor, dificultad respiratoria ni otras señales mientras las lesiones se desarrollan en diferentes partes del sistema arterial.

Cuando una placa se rompe o bloquea una arteria, la primera manifestación puede ser un infarto de miocardio, un ictus u otra emergencia vascular. Esta prolongada etapa sin síntomas representa al mismo tiempo una dificultad diagnóstica y una posible oportunidad para intervenir antes de que aparezcan daños clínicos.

La evidencia coincide con investigaciones que han identificado señales tempranas de daño arterial en adultos jóvenes. Estos hallazgos respaldan una prevención que no espere necesariamente hasta la mediana edad para controlar la presión arterial, el colesterol, la glucosa y otros factores modificables.

Cómo se estudió la aterosclerosis silenciosa

Los participantes de REACT no tenían un diagnóstico previo de enfermedad cardiovascular. Cada persona fue examinada mediante técnicas de imagen destinadas a localizar placas en las arterias carótidas, situadas en el cuello; las femorales, que recorren las piernas; y las coronarias, encargadas de suministrar sangre al corazón.

Los investigadores también recopilaron datos sobre factores de riesgo cardiovascular, biomarcadores sanguíneos, genética y otras variables ómicas. El protocolo incorporó además imágenes de la retina, con el propósito de construir una base de datos que permita relacionar los cambios vasculares con características biológicas y clínicas.

El resultado principal fue que la enfermedad no se limita a personas mayores o con síntomas. En el grupo de 18 a 29 años, aproximadamente el 7,7 % ya mostraba aterosclerosis en alguna de las arterias estudiadas.

El dato no significa que uno de cada 13 jóvenes de toda la población mundial tenga necesariamente placas. La prevalencia corresponde a los participantes incluidos en esta primera fase y deberá comprobarse en comunidades con diferentes características genéticas, sociales, económicas y sanitarias.

Las arterias del cuello y las piernas ofrecen una posible ventana

La mayoría de las personas con aterosclerosis coronaria también tenía placas en las arterias carótidas o femorales. Esta coincidencia interesa a los investigadores porque estas últimas pueden examinarse mediante ecografía de una forma más sencilla y sin exposición a radiación.

Borja Ibáñez, director científico del CNIC y uno de los responsables del proyecto, planteó que los ecógrafos portátiles podrían estandarizarse en el futuro para detectar lesiones desde etapas tempranas. La investigación tendrá que determinar primero a quién conviene examinar, con qué frecuencia y si el hallazgo modifica realmente los resultados clínicos.

Una ecografía vascular no equivale a las pruebas utilizadas para observar directamente las arterias coronarias. Sin embargo, detectar placas en territorios periféricos podría aportar una señal de enfermedad sistémica y ayudar a identificar a personas que requieren una valoración más detallada.

La propuesta no supone que todos los jóvenes deban solicitar inmediatamente una prueba de imagen. Los programas de cribado necesitan demostrar que sus beneficios superan los costes, los falsos positivos, la ansiedad, el sobrediagnóstico y las intervenciones innecesarias.

Del cálculo de riesgo a la detección directa

La prevención cardiovascular se apoya actualmente en variables como edad, sexo, presión arterial, tabaquismo, diabetes y niveles de colesterol. Estos datos permiten calcular la probabilidad de sufrir un evento durante un periodo determinado, pero no siempre muestran si una placa ya está presente.

El proyecto REACT investiga un modelo complementario: observar directamente las arterias mediante imagen y adaptar la prevención a la carga real de aterosclerosis. Una persona con factores aparentemente moderados podría necesitar una estrategia distinta si ya presenta lesiones, mientras otra sin placas podría evitar intervenciones desproporcionadas.

Los factores tradicionales continúan siendo clínicamente relevantes. Un análisis internacional sobre el impacto del tabaquismo, la hipertensión, el colesterol, la diabetes y el peso corporal mostró que mantenerlos controlados se asocia con más años de vida sin enfermedad cardiovascular.

La imagen, por tanto, no sustituye automáticamente la medición de la presión arterial, los análisis de sangre ni la historia clínica. La hipótesis de REACT es que combinar estas herramientas podría producir una prevención más precisa.

Los hombres muestran una progresión más temprana

La distribución de las placas presentó diferencias entre los sexos. En los hombres, la prevalencia comenzó a aumentar antes y el perfil aterosclerótico apareció entre cinco y diez años adelantado respecto del observado en las mujeres.

En ellas, el incremento más pronunciado se registró entre los 40 y los 60 años, un periodo que coincide de manera general con la transición menopáusica. El resultado no demuestra que la menopausia sea la única causa de esa aceleración, pero señala una etapa en la que podría ser necesario reforzar la evaluación cardiovascular.

La diferencia respalda la necesidad de evitar un modelo preventivo idéntico para todas las personas. El sexo, la edad, la etapa hormonal, los antecedentes familiares y la presencia de otros factores deben considerarse al interpretar las imágenes y decidir intervenciones.

Colesterol e hipertensión también pueden avanzar en silencio

La presencia de placas en jóvenes no elimina el papel del colesterol LDL. Este puede depositarse en las paredes arteriales y contribuir al proceso aterosclerótico durante años. Por ese motivo, los controles clínicos siguen siendo importantes aunque la persona se sienta bien.

Las recomendaciones sobre hábitos y alimentos que conviene reducir ante el colesterol alto destacan la importancia de limitar grasas trans, exceso de grasas saturadas, productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y consumo elevado de alcohol dentro de un patrón preventivo completo.

La presión arterial elevada también puede dañar las arterias sin producir síntomas claros. La hipertensión antes de los 30 años se relaciona con factores como sedentarismo, exceso de sodio, estrés, obesidad, sueño insuficiente y predisposición familiar.

Estas asociaciones no implican que toda placa pueda revertirse únicamente con cambios de hábitos. Cuando existe un riesgo elevado o una enfermedad detectada, el profesional puede considerar tratamientos farmacológicos además de alimentación saludable, actividad física, abandono del tabaco y control del peso.

La siguiente fase comprobará si el cribado evita infartos

La primera etapa de REACT describe la frecuencia y distribución de la aterosclerosis silenciosa, pero no demuestra todavía que buscar placas en toda la población reduzca los infartos, los ictus o la mortalidad.

La segunda fase, prevista para desarrollarse entre 2027 y 2032, incluirá un ensayo clínico aleatorizado. Su objetivo será comparar una prevención guiada por imágenes con los métodos habituales basados en la estimación del riesgo.

Los investigadores evaluarán si conocer la presencia real de placas permite ajustar mejor los tratamientos, aumentar el control de los factores modificables y disminuir la aparición de eventos cardiovasculares. Este paso será decisivo antes de recomendar cambios generales en los programas sanitarios.

El proyecto también ha iniciado colaboraciones con India, Singapur, Tanzania y México para validar los resultados en poblaciones diversas. La representación geográfica resulta esencial porque la frecuencia de la aterosclerosis y sus factores asociados puede variar entre países y grupos sociales.

Prevención temprana sin convertir el hallazgo en alarma

El resultado principal no indica que todos los jóvenes con una placa vayan a sufrir un infarto. La evolución depende de la cantidad, localización, composición y progresión de las lesiones, además de los factores de riesgo y las intervenciones realizadas a lo largo del tiempo.

Tampoco es recomendable recurrir a pruebas de imagen por cuenta propia. La decisión debe considerar antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, presión arterial, perfil lipídico, diabetes, tabaquismo y otras circunstancias clínicas.

La prevención puede comenzar desde la juventud mediante controles periódicos, actividad física, una alimentación variada, ausencia de tabaco, descanso adecuado y atención al peso y la salud metabólica. Estas medidas siguen siendo pertinentes mientras la investigación determina qué papel debe ocupar el cribado por imagen.

Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III
The New England Journal of Medicine