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El riesgo cardiovascular deja señales en adultos de apenas 23 años


Un estudio estadounidense relacionó las etapas del síndrome cardiovascular-renal-metabólico con indicadores de lesión temprana en las arterias carótidas


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Javier Morales O.


Una investigación realizada en Estados Unidos encontró que casi ocho de cada diez adultos jóvenes evaluados presentaban al menos una etapa del síndrome cardiovascular-renal-metabólico, conocido como CKM, y que las fases más avanzadas se asociaban con mayores signos de lesión temprana en las arterias carótidas. La edad promedio de los 1.283 participantes fue de apenas 22,9 años.

El trabajo, publicado el 20 de agosto de 2026 en la revista Circulation: Population Health and Outcomes, aporta evidencias de que los factores relacionados con el corazón, los riñones y el metabolismo pueden acumularse mucho antes de que aparezcan síntomas o se diagnostique una enfermedad cardiovascular.

Ocho de cada diez jóvenes presentaban algún factor CKM

Los investigadores clasificaron al 20,7 % de los participantes en la etapa 0 del síndrome CKM, correspondiente a personas sin los factores de riesgo considerados por el modelo. El 40,2 % se encontraba en la etapa 1, caracterizada principalmente por un exceso de tejido adiposo.

Otro 36,2 % estaba en la etapa 2, que comprende factores metabólicos como hipertensión, niveles elevados de triglicéridos, alteraciones de la glucosa o enfermedad renal de riesgo moderado. El 2,8 % restante fue ubicado en la etapa 3, relacionada con enfermedad cardiovascular subclínica o enfermedad renal avanzada.

En conjunto, el 79,2 % se encontraba entre las etapas 1 y 3. Este porcentaje corresponde a la presencia de algún componente del síndrome CKM y no significa que ocho de cada diez jóvenes tuvieran una obstrucción arterial clínicamente diagnosticada. Lo observado fue que las etapas más avanzadas coincidían con indicadores ecográficos de mayor lesión arterial temprana.

La ecografía reveló diferencias en las arterias carótidas

El equipo examinó mediante ultrasonido las arterias carótidas, los grandes vasos del cuello que transportan sangre hacia el cerebro. Las pruebas midieron el grosor de las capas íntima y media de la pared arterial y analizaron su apariencia en escala de grises.

El engrosamiento íntima-media carotídeo puede utilizarse como indicador de cambios vasculares subclínicos. El término subclínico señala que las alteraciones existen, pero todavía no han producido síntomas evidentes ni necesariamente equivalen a una estenosis u obstrucción importante.

En comparación con las personas de la etapa 0, el grosor máximo promedio de la íntima-media fue 0,014 milímetros mayor en la etapa 1, 0,020 milímetros mayor en la etapa 2 y 0,100 milímetros mayor en la etapa 3. Los grupos con factores CKM también mostraron valores inferiores en la escala de grises, otra característica estudiada como señal de lesión vascular temprana.

Los datos no permiten afirmar que todos estos jóvenes desarrollarán infartos o accidentes cerebrovasculares. Sí indican que la exposición acumulada a factores metabólicos puede comenzar a modificar las arterias décadas antes de la edad en la que suelen manifestarse los eventos cardiovasculares.

Qué es el síndrome cardiovascular-renal-metabólico

La Asociación Americana del Corazón presentó en 2023 el concepto de síndrome CKM para describir la estrecha interacción entre la obesidad, la diabetes, la enfermedad renal y los trastornos cardiovasculares. El modelo evita estudiar cada condición como si estuviera aislada de las demás.

El exceso de adiposidad puede favorecer resistencia a la insulina, hipertensión e inflamación. A su vez, las alteraciones de la glucosa y la presión arterial pueden dañar los vasos sanguíneos y los riñones. La pérdida de función renal también dificulta el control de la presión y aumenta el riesgo cardiovascular, creando una red de efectos que puede avanzar durante años.

La acumulación de grasa no siempre queda reflejada de manera suficiente por el peso corporal. La medición de la cintura puede mejorar la evaluación del riesgo cardiovascular, especialmente cuando se interpreta junto con la presión arterial, el colesterol y la glucosa.

Life’s Essential 8 permitió valorar los hábitos y marcadores

La salud cardiovascular de los participantes se evaluó mediante Life’s Essential 8, una herramienta de la Asociación Americana del Corazón que reúne ocho componentes: calidad de la alimentación, actividad física, sueño, exposición a la nicotina, índice de masa corporal, glucemia, lípidos sanguíneos y presión arterial.

Las personas clasificadas entre las etapas 1 y 3 obtuvieron puntuaciones significativamente más bajas que quienes estaban libres de factores CKM. Frente a la etapa 0, las diferencias ajustadas fueron de 7,6 puntos menos en la etapa 1, de 13,9 puntos menos en la etapa 2 y de 13,2 puntos menos en la etapa 3.

La puntuación cardiovascular media de todo el grupo fue de 69,2 sobre 100. Entre los componentes analizados, la calidad de la dieta y el nivel de actividad física ofrecieron algunas de las oportunidades más claras de mejora.

El ejercicio regular ayuda a controlar diferentes factores de riesgo. La evidencia sobre caminar o correr para mejorar la presión arterial indica que la constancia suele resultar más importante que elegir una única modalidad de entrenamiento.

La prevención cardiovascular puede comenzar antes de los 30

El estudio respalda una prevención que no espere hasta la mediana edad. Controlar periódicamente la presión arterial, la glucosa y los lípidos puede ayudar a reconocer cambios que pasan inadvertidos porque no generan molestias inmediatas.

La presión alta, el colesterol elevado, las alteraciones de la glucosa, el tabaquismo y el exceso de grasa corporal pueden actuar simultáneamente. Una investigación anterior sobre los factores modificables que preceden a infartos y accidentes cerebrovasculares también subrayó el valor de detectarlos antes de que ocurra un evento grave.

Las intervenciones dependen del perfil individual. Una alimentación adecuada, actividad física frecuente, sueño suficiente, eliminación del tabaco y control del peso pueden mejorar varios componentes del CKM al mismo tiempo. Cuando los valores clínicos lo requieren, el profesional sanitario puede valorar tratamientos específicos.

La detección de un factor de riesgo no implica que una persona joven necesite automáticamente medicamentos. Las decisiones sobre pruebas, seguimiento y tratamiento deben considerar sus antecedentes familiares, presión arterial, resultados de laboratorio, composición corporal, hábitos y otras condiciones médicas.

Un estudio transversal con límites de representación

La investigación fue transversal: las mediciones del síndrome CKM y de las arterias se analizaron en un momento determinado. Por ello, demuestra asociaciones, pero no permite establecer que una etapa concreta haya causado directamente las diferencias encontradas en las carótidas ni anticipar qué participantes desarrollarán una enfermedad.

La muestra procedía principalmente de grandes ciudades estadounidenses e incluyó una proporción importante de personas pertenecientes a comunidades urbanas con desventajas sociales. Esta característica resulta valiosa para estudiar desigualdades sanitarias, pero limita la posibilidad de extrapolar los porcentajes a todos los adultos menores de 30 años de Estados Unidos o de otros países.

El acceso a alimentos saludables, espacios seguros para realizar ejercicio, atención médica y controles preventivos puede influir en el riesgo. Por ello, los autores plantearon que la respuesta no debe descansar únicamente en decisiones individuales, sino incluir intervenciones poblacionales sobre los factores sociales que condicionan la salud.

El estudio tampoco propone realizar ecografías carotídeas de manera indiscriminada a toda persona joven. Su principal aporte consiste en mostrar que la evaluación conjunta de los componentes cardiovasculares, renales y metabólicos puede reconocer trayectorias de riesgo cuando todavía existe una amplia oportunidad de prevención. El control del colesterol, por ejemplo, debe adaptarse al perfil clínico, como explican las recomendaciones de prevención de infartos y accidentes cerebrovasculares.

Fuentes referenciales:
Infobae
Circulation: Population Health and Outcomes
Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos