Investigadores de Canadá y Reino Unido relacionaron la atrofia de regiones posteriores del cerebro con determinados genes, neurotransmisores y redes neuronales
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo encabezado por científicos de la Universidad de Montreal, en Canadá, identificó un patrón específico de adelgazamiento cortical en personas con demencia con cuerpos de Lewy. La investigación combinó resonancias magnéticas con mapas de actividad genética, sistemas de neurotransmisores y conexiones cerebrales para estudiar por qué determinadas regiones parecen especialmente vulnerables.
El trabajo, publicado en Journal of Biomedical Science, comparó imágenes cerebrales de 83 personas diagnosticadas con esta enfermedad y 86 participantes sanos. Los resultados mostraron una mayor afectación en regiones parietales, temporales y occipitales, localizadas principalmente en la zona posterior del cerebro.
Una enfermedad vinculada con depósitos de alfa-sinucleína
La demencia con cuerpos de Lewy es una enfermedad neurodegenerativa progresiva asociada con la acumulación anormal de alfa-sinucleína dentro de las neuronas. Estos depósitos alteran sustancias químicas y circuitos cerebrales involucrados en el pensamiento, el movimiento, el comportamiento, el estado de ánimo y otras funciones del organismo.
El término engloba la demencia con cuerpos de Lewy y la demencia asociada con la enfermedad de Parkinson. Ambas comparten mecanismos biológicos y manifestaciones clínicas, aunque se distinguen principalmente por el momento en que aparecen los síntomas cognitivos respecto de las alteraciones motoras.
Esta relación también se observa en investigaciones sobre las señales tempranas de la enfermedad de Parkinson, que incluyen alteraciones del sueño, pérdida del olfato, cambios emocionales y otros síntomas capaces de preceder durante años a las dificultades de movimiento.
El Lewy Body Resource Center estima que la enfermedad afecta a más de 11 millones de personas en el mundo y la sitúa entre las causas neurodegenerativas más frecuentes de deterioro cognitivo después del Alzheimer. La cifra debe interpretarse como una estimación, debido a las dificultades diagnósticas y a la posibilidad de confundir sus manifestaciones con las de otras demencias.
Alucinaciones, fluctuaciones cognitivas y síntomas motores
Entre sus manifestaciones características se encuentran las variaciones marcadas en la atención y el estado de alerta. Una persona puede desenvolverse con relativa claridad durante un período y mostrar posteriormente confusión, somnolencia o dificultades para seguir una conversación.
También pueden presentarse alucinaciones visuales detalladas, trastorno de conducta durante el sueño REM, lentitud de movimientos, rigidez, temblor, problemas de equilibrio y alteraciones del sistema nervioso autónomo. Estas últimas pueden provocar cambios en la presión arterial, estreñimiento, dificultades urinarias o problemas para regular la temperatura corporal.
La pérdida de memoria puede aparecer, pero no siempre es el síntoma inicial o dominante. En algunos pacientes destacan primero los problemas de atención, percepción visual, planificación y capacidad para orientarse. Esta variabilidad explica por qué la evaluación clínica debe considerar el conjunto de síntomas y su evolución.
La atrofia se concentró en regiones posteriores del cerebro
La corteza cerebral es la capa externa del cerebro y participa en funciones como la percepción, la atención, el lenguaje y el pensamiento consciente. Los investigadores midieron su espesor mediante resonancias magnéticas y comprobaron que la reducción de tejido no se distribuía de manera uniforme.
Las regiones más comprometidas se localizaron en áreas parietales, temporales y occipitales. Estas zonas intervienen en el procesamiento visual, la integración de información sensorial y diferentes componentes de la cognición, lo que podría relacionarse con algunas manifestaciones distintivas de la enfermedad.
El análisis comparte el enfoque de otras investigaciones que emplean técnicas de mapeo cerebral para estudiar enfermedades neurodegenerativas. Estas herramientas permiten relacionar las alteraciones anatómicas con procesos moleculares, aunque por sí solas no establecen una causa ni sustituyen la valoración clínica.
Genes mitocondriales y sinápticos coincidieron con las zonas afectadas
Después de determinar el patrón de atrofia, el equipo lo comparó con mapas de actividad genética obtenidos de cerebros humanos sanos. Las áreas más vulnerables coincidieron con una mayor expresión de genes relacionados con las mitocondrias y las sinapsis.
Las mitocondrias producen la energía necesaria para el funcionamiento celular, mientras que las sinapsis permiten la comunicación entre las neuronas. Shady Rahayel, profesor de la Universidad de Montreal y responsable principal de la investigación, señaló que determinadas regiones podrían tener características que las vuelven intrínsecamente más frágiles frente al proceso degenerativo.
El estudio también identificó 90 genes relacionados con el sistema GABAérgico que no habían sido asociados con el Parkinson ni con el Alzheimer. Este sistema utiliza el ácido gamma-aminobutírico, o GABA, uno de los principales neurotransmisores inhibidores del cerebro.
Los autores consideran que esta correspondencia podría contribuir a explicar síntomas como las alucinaciones visuales y la elevada sensibilidad de algunos pacientes a medicamentos como las benzodiazepinas. Sin embargo, el hallazgo no demuestra que esos genes sean responsables directos de la enfermedad.
Serotonina, dopamina y GABA formaron parte del análisis
Los científicos compararon el mapa de atrofia con información sobre la distribución cerebral de receptores de serotonina, dopamina y GABA obtenida mediante tomografía por emisión de positrones. Las regiones con mayor adelgazamiento compartieron características particulares en esos sistemas de neurotransmisión.
La dopamina está estrechamente relacionada con el control del movimiento y constituye un elemento central en la enfermedad de Parkinson. La investigación sobre alfa-sinucleína y posibles terapias génicas para el Parkinson muestra cómo el estudio de proteínas, genes y circuitos relacionados puede abrir nuevas líneas terapéuticas, aunque muchas permanecen en fases experimentales.
Las asociaciones observadas en la demencia con cuerpos de Lewy describen coincidencias espaciales entre diferentes mapas cerebrales. No prueban que la distribución de receptores o la actividad genética provoquen directamente la atrofia, ni permiten establecer todavía una secuencia temporal completa del daño.
Las conexiones neuronales plantean una hipótesis de propagación
El equipo también examinó las grandes vías de conectividad estructural del cerebro. Las áreas más afectadas aparecieron estrechamente comunicadas entre sí mediante redes de fibras nerviosas, lo que plantea la posibilidad de que el proceso degenerativo avance siguiendo determinadas conexiones.
La investigación no acompañó individualmente a los pacientes durante un período prolongado ni demostró experimentalmente esa propagación. Por ese motivo, la idea debe considerarse una hipótesis para trabajos posteriores y no una descripción comprobada de cómo progresa la enfermedad.
El diagnóstico exige integrar síntomas, imágenes y antecedentes
No existe una única prueba capaz de confirmar de manera definitiva la demencia con cuerpos de Lewy durante la vida. El diagnóstico se apoya en la historia clínica, la exploración neurológica, las evaluaciones cognitivas y funcionales, los estudios del sueño y determinadas técnicas de neuroimagen o medicina nuclear.
El solapamiento con el Alzheimer, el Parkinson y otros trastornos complica la identificación. Por ello, los avances en indicadores para diferenciar el deterioro cognitivo y las demencias resultan relevantes para mejorar la precisión diagnóstica y adaptar el seguimiento a cada paciente.
La consulta médica es recomendable cuando aparecen alucinaciones, cambios persistentes en la atención, alteraciones importantes del sueño, caídas, rigidez, lentitud de movimientos o una pérdida progresiva de autonomía. Algunos síntomas pueden tener causas tratables, por lo que no deben atribuirse automáticamente a una demencia.
El hallazgo todavía no modifica el tratamiento clínico
Los autores señalan que los circuitos identificados podrían convertirse en objetivos de futuras terapias dirigidas a mecanismos concretos. No obstante, el estudio no probó un medicamento, no evaluó una intervención y no ofrece una aplicación clínica inmediata.
El manejo actual busca aliviar síntomas, preservar la funcionalidad y apoyar a pacientes y cuidadores. Puede incluir medicamentos para alteraciones cognitivas o motoras, fisioterapia, terapia ocupacional, atención del sueño y adaptaciones del hogar. La sensibilidad a ciertos fármacos obliga a que cualquier tratamiento sea indicado y vigilado por profesionales con experiencia en esta enfermedad.
Fuentes referenciales:
Infobae
Journal of Biomedical Science
Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos
