El cardiólogo Oscar Cingolani sitúa entre 16 y 20 °C el rango ideal para el dormitorio y advierte sobre los efectos de descansar por encima de 24 °C
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Camila Herrera R.
Dormir en una habitación demasiado calurosa puede fragmentar el sueño, dificultar el enfriamiento natural del cuerpo y aumentar el esfuerzo cardiovascular durante la noche. Oscar Cingolani, cardiólogo de la Universidad Johns Hopkins, explicó desde Estados Unidos que el problema cobra relevancia porque las temperaturas nocturnas descienden menos durante las olas de calor y numerosas viviendas conservan la energía acumulada durante el día.
El especialista señaló que los estudios disponibles sitúan entre 16 y 20 °C la temperatura ideal para dormir en adultos. Entre 20 y 24 °C existiría una zona sin evidencia concluyente de perjuicio, aunque con menos beneficios que un ambiente fresco. Por encima de aproximadamente 24 °C comienzan a observarse con mayor claridad alteraciones del descanso y respuestas fisiológicas destinadas a disipar el calor.
Por qué el cuerpo necesita enfriarse para dormir
La temperatura corporal central disminuye como parte de la preparación para el sueño. Cuando el dormitorio permanece caliente, el organismo encuentra más dificultades para completar ese descenso y recurre a mecanismos como la vasodilatación y la sudoración. El resultado puede ser un descanso más corto, superficial y marcado por despertares frecuentes.
La continuidad importa tanto como la duración. Investigaciones sobre el sueño ligero y la memoria de los sueños muestran que la arquitectura del descanso influye en los procesos cognitivos observados al despertar. El calor puede alterar esa organización al impedir que las fases nocturnas transcurran sin interrupciones.
Cingolani indicó que, cuando la temperatura supera los 24 °C, también pueden aumentar la frecuencia cardíaca y la vasodilatación. La transpiración favorece la pérdida de líquidos, mientras que la fragmentación del sueño activa respuestas vinculadas con el estrés fisiológico. Estos mecanismos adquieren especial importancia en personas mayores y en pacientes con afecciones cardiovasculares.
Las noches cálidas también afectan la actividad del día siguiente
El descanso incompleto puede manifestarse como cansancio, menor concentración e irritabilidad durante la jornada. La relación entre sueño y reloj biológico también se observa en los mecanismos del cansancio a media tarde, donde intervienen la presión acumulada del sueño y las oscilaciones del ritmo circadiano.
El sistema cardiovascular tampoco queda desconectado durante el descanso. El corazón, la respiración y la actividad cerebral mantienen una interacción constante, como muestran los estudios sobre la coordinación de los latidos, la respiración y el cerebro. Una habitación excesivamente cálida añade una demanda termorreguladora en un periodo destinado a la recuperación.
La exposición repetida merece mayor atención entre quienes ya presentan factores de riesgo. La prevención cardiovascular incluye reconocer procesos que pueden avanzar sin síntomas evidentes, entre ellos la aterosclerosis que comienza desde edades tempranas, además de controlar presión arterial, colesterol, glucosa y hábitos cotidianos.
La grasa marrón y su relación con los ambientes frescos
Cingolani destacó el papel del tejido adiposo marrón, conocido como grasa marrón. A diferencia de la grasa blanca, este tejido es metabólicamente activo y utiliza energía para producir calor. La exposición habitual a temperaturas moderadamente frescas se ha asociado con su activación y con indicadores favorables del metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina.
El cardiólogo planteó que dormir en ambientes frescos podría contribuir a conservar una mayor cantidad de este tejido durante el envejecimiento. Sin embargo, aclaró que las observaciones disponibles no convierten el frío en un tratamiento ni justifican exposiciones extremas. Las personas con enfermedades cardíacas no deberían recurrir a inmersiones en agua fría u otras prácticas intensas sin evaluación médica.
La información sobre la grasa marrón y el calor nocturno procede en buena medida de estudios observacionales. Esto significa que permite identificar asociaciones, pero no demostrar que la temperatura del dormitorio sea la única responsable de los resultados metabólicos o cardiovasculares. El acceso a refrigeración, las características de la vivienda, la alimentación, la actividad física y las enfermedades previas también pueden influir.
Medidas para reducir el calor en el dormitorio
Mantener el espacio dentro de un rango confortable puede requerir ventilar cuando la temperatura exterior sea menor, cerrar cortinas o persianas durante las horas de mayor radiación, utilizar ropa de cama ligera y evitar fuentes innecesarias de calor. La circulación de aire puede mejorar la sensación térmica, aunque un ventilador no reduce por sí mismo la temperatura ambiental.
La hidratación adecuada es importante cuando existe sudoración, pero el consumo excesivo de alcohol antes de acostarse puede empeorar la calidad del sueño y favorecer la deshidratación. También conviene prestar atención a niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades cardíacas, respiratorias o renales durante episodios de calor persistente.
Confusión, desmayo, dificultad respiratoria, dolor en el pecho o una temperatura corporal elevada requieren atención médica inmediata. Para molestias persistentes, despertares frecuentes o cansancio cotidiano, la evaluación profesional permite descartar apnea del sueño y otras causas que pueden coexistir con un ambiente térmico inadecuado.
Fuente referencial:
Infobae
