Un seguimiento de 217 adultos identificó patrones de descanso, rasgos cognitivos, edad e interferencias al despertar como factores asociados con el recuerdo onírico
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación coordinada por la Escuela IMT de Estudios Avanzados de Lucca, en Italia, identificó varios factores asociados con la capacidad de recordar los sueños al despertar. El trabajo siguió durante 15 días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años y analizó sus experiencias oníricas junto con información sobre el descanso, la memoria y distintas características psicológicas.
Los resultados indican que recordar un sueño no depende exclusivamente del azar ni puede explicarse mediante una sola característica personal. La actitud hacia los sueños, la tendencia de la mente a divagar y determinados patrones del sueño nocturno se relacionaron con una mayor probabilidad de despertar sabiendo que se había soñado.
La edad y la vulnerabilidad a las interferencias, por su parte, ayudaron a explicar si los participantes podían recuperar el contenido de la experiencia y no solamente la sensación de haber tenido un sueño. Los hallazgos fueron publicados en la revista científica Communications Psychology.
Los voluntarios registraron sus sueños durante dos semanas
El estudio reunió a 116 mujeres y 101 hombres dentro de una muestra de adultos sanos. Los datos fueron recopilados entre 2020 y 2024 mediante informes diarios, cuestionarios, pruebas cognitivas y psicométricas, electroencefalografía y dispositivos portátiles para observar los patrones de descanso.
Al despertar cada mañana, los participantes debían indicar si habían tenido una experiencia onírica. También informaban si podían reconstruir escenas o detalles concretos, o si únicamente conservaban la impresión de haber soñado sin recordar su contenido. Esta última experiencia se conoce como sueño blanco.
La distinción permitió separar dos fenómenos que a menudo se consideran equivalentes: reconocer que se ha soñado y recuperar información específica del sueño. Los factores asociados con cada uno no fueron exactamente los mismos.
El diseño prospectivo redujo la dependencia de recuerdos generales sobre la frecuencia con que cada persona suele soñar. En lugar de pedir una estimación retrospectiva, los investigadores registraron lo que ocurría cada mañana durante aproximadamente dos semanas.
El interés por los sueños no garantiza recordar sus detalles
Las personas que atribuían mayor importancia a sus sueños tenían más probabilidades de informar que habían soñado. Sin embargo, esa actitud no predijo de manera significativa cuántos detalles concretos podían recuperar.
El resultado cuestiona la explicación según la cual prestar atención a los sueños mejora necesariamente la memoria de su contenido. El interés podría aumentar la disposición a reconocer y comunicar la experiencia, pero no basta para proteger las imágenes, emociones o secuencias frente al olvido.
Los autores tampoco pudieron establecer la dirección de esa relación. Interesarse por los sueños podría favorecer su reconocimiento, pero recordar sueños con frecuencia también puede hacer que una persona les conceda mayor relevancia.
Esta diferencia amplía el enfoque expuesto en el análisis sobre la memoria onírica y el olvido de los sueños: soñar, saber que se soñó y conservar el contenido en la memoria consciente son procesos relacionados, pero no idénticos.
La divagación mental se asoció con mayor recuerdo onírico
La tendencia a la divagación mental apareció como otro predictor relevante. Las personas cuya atención suele apartarse de la tarea inmediata para generar pensamientos espontáneos mostraron una mayor probabilidad de recordar que habían soñado.
Los investigadores plantean que los sueños y la divagación durante la vigilia podrían formar parte de un continuo. Ambos fenómenos incluyen experiencias mentales generadas con relativa independencia de los estímulos externos y comparten la participación de redes cerebrales como la denominada red neuronal por defecto.
Esta asociación no significa que distraerse durante el día mejore deliberadamente la memoria. El estudio observó una relación entre rasgos individuales, pero no probó que provocar pensamientos errantes permita recordar más sueños.
El sueño ligero favoreció el recuerdo al despertar
Los patrones nocturnos tuvieron un peso importante. Los participantes con periodos de sueño más prolongados y una mayor presencia relativa de sueño ligero mostraron más posibilidades de despertar con el recuerdo de una experiencia onírica.
Durante el sueño ligero, el cerebro se encuentra más cerca del estado de vigilia que durante las fases profundas. Esa condición podría facilitar la transición de la experiencia soñada hacia la conciencia y permitir que el contenido permanezca disponible durante los primeros instantes del despertar.
Los resultados ponen en duda la idea extendida de que el recuerdo de los sueños depende principalmente de haber despertado durante la fase de movimientos oculares rápidos, conocida como sueño REM. Aunque esta etapa se vincula con sueños vívidos, las experiencias oníricas también pueden aparecer en otras fases y el estudio no encontró que el REM explicara por sí solo las diferencias entre participantes.
La investigación identificó además variaciones de una noche a otra. Una misma persona podía recordar sus sueños en algunas mañanas y olvidarlos en otras según cómo hubiera transcurrido el descanso, lo que muestra que no se trata únicamente de una capacidad personal estable.
Las interferencias pueden borrar rápidamente el contenido
La vulnerabilidad a la interferencia predijo la capacidad de recuperar detalles. Al despertar, el recuerdo onírico todavía puede ser frágil y quedar desplazado por estímulos nuevos, pensamientos relacionados con las obligaciones del día o acciones inmediatas como levantarse y consultar el teléfono.
La luz, los sonidos, una alarma, una conversación o el simple esfuerzo de orientarse en el entorno compiten con la información que acaba de surgir del sueño. Las personas menos vulnerables a esa interferencia conservaron más contenido que quienes perdían rápidamente la huella inicial.
La edad también influyó en esta fase. Los participantes mayores tuvieron una mayor probabilidad de informar sueños blancos: sabían que habían soñado, pero no podían recuperar escenas ni otros elementos específicos.
Los autores consideran que la relación con la edad puede estar mediada parcialmente por cambios en los patrones de sueño, especialmente por la reducción de periodos largos de sueño ligero. El estudio no atribuye el resultado a una pérdida patológica de memoria ni propone el recuerdo de los sueños como prueba diagnóstica.
El recuerdo mostró diferencias entre estaciones
La frecuencia del recuerdo onírico también presentó una variación estacional. Los informes fueron menos frecuentes durante el invierno que en primavera y otoño, después de ajustar el análisis por edad, sexo, actitud hacia los sueños, tendencia a la divagación y características del sueño ligero.
Los cambios estacionales en los patrones de descanso no reprodujeron por completo esta diferencia. Por ello, los investigadores consideran que pueden intervenir otros factores ambientales o conductuales que todavía no han sido identificados.
El sexo no mostró un efecto independiente significativo sobre la frecuencia del recuerdo después de controlar las demás variables. Las mujeres de la muestra manifestaron una actitud más favorable hacia los sueños, circunstancia que podría explicar parte de las diferencias atribuidas al sexo en estudios anteriores.
Una asociación que no permite establecer causas
El estudio combinó mediciones objetivas y subjetivas, pero dependió de que cada participante informara lo que recordaba. No existe una herramienta capaz de verificar directamente todo el contenido experimentado durante un sueño, por lo que los registros describen la memoria disponible al despertar.
Los hallazgos son asociaciones y no prueban que el sueño ligero, la divagación mental o una actitud favorable causen un mayor recuerdo. Tampoco permiten interpretar el olvido frecuente como señal de un trastorno neurológico o psicológico.
La capacidad de recordar sueños varía entre personas y dentro de una misma persona. El trabajo muestra que esa variabilidad surge de la interacción entre las características cognitivas, la arquitectura del sueño y las condiciones presentes durante los primeros momentos de la mañana.
Fuentes referenciales:
Infobae
Communications Psychology
Fundación BIAL
