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Menopausia, embarazo y pubertad remodelan el cerebro de forma distinta

El estudio compara mediante resonancia magnética los cambios en la materia gris asociados a la pubertad, el embarazo y la menopausia. / Adobe Stock

Un análisis longitudinal de resonancias magnéticas de 1.095 participantes identificó patrones específicos de cambio en la materia gris durante tres grandes transiciones hormonales


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz


La pubertad, el embarazo y la menopausia no producen una misma respuesta estructural en el cerebro femenino. Un estudio coordinado por el Amsterdam University Medical Center, con participación de las universidades de Leiden y Erasmus de Róterdam, comparó directamente estas tres transiciones mediante métodos equivalentes y encontró formas compartidas, pero también diferenciadas, de plasticidad cerebral.

La investigación, publicada en Nature Communications, analizó resonancias magnéticas estructurales de 1.095 participantes. Su diseño longitudinal permitió observar a las mujeres en distintos momentos y separar los cambios relacionados con cada transición hormonal de aquellos que acompañan normalmente al desarrollo o al envejecimiento.

Dentro de la muestra, 34 participantes experimentaron su primera menstruación durante el seguimiento, 70 atravesaron un primer o segundo embarazo y 120 pasaron de la premenopausia a la posmenopausia. Las demás integraron grupos de comparación que permanecieron en una misma etapa durante el periodo estudiado.

Pubertad y embarazo reducen materia gris con patrones propios

La llegada de la primera menstruación y el embarazo se asociaron con una reducción acelerada del volumen total y cortical de materia gris frente a sus respectivos grupos de control. Sin embargo, la distribución de esas modificaciones no fue idéntica.

Durante la pubertad, el descenso apareció ampliamente repartido por la corteza cerebral. En el embarazo, las diferencias resultaron especialmente visibles en regiones parietales posteriores y temporales superiores. Ambas etapas compartieron alteraciones en áreas de asociación prefrontales, parietales y temporales, aunque más de la mitad de las regiones corticales examinadas mostraron diferencias entre una transición y otra.

En determinadas zonas sensoriomotoras y del cíngulo, la reducción observada durante la pubertad fue mayor que la registrada en el embarazo. Estos resultados respaldan la idea de que las grandes variaciones de estrógenos y progesterona pueden acompañarse de plasticidad cerebral, pero no demuestran que todas las etapas activen un programa biológico único.

La investigación complementa otros trabajos sobre cómo el embarazo transforma el cuerpo femenino mediante adaptaciones fisiológicas que se extienden más allá de los cambios externos y desaparecen o evolucionan a ritmos diferentes después del parto.

La transición menopáusica mostró una trayectoria inesperada

El patrón correspondiente a la menopausia fue distinto. Las participantes que pasaron de la premenopausia a la posmenopausia entre las dos exploraciones no presentaron una reducción significativa del volumen total o cortical de materia gris.

En cambio, sí se registró una disminución entre las mujeres que permanecieron premenopáusicas y aquellas que ya eran posmenopáusicas en ambos momentos del seguimiento. A partir de esta diferencia, los investigadores plantean que la propia transición menopáusica podría coincidir con una atenuación temporal del descenso cerebral relacionado con la edad.

La interpretación todavía es preliminar. Los datos no permiten atribuir directamente ese comportamiento a la disminución de estrógenos y progesterona ni determinar sus posibles consecuencias clínicas. Por esa razón, el hallazgo tampoco significa que la menopausia proteja al cerebro frente al envejecimiento.

Estudios anteriores ya habían examinado la relación entre menopausia, terapia hormonal y cerebro femenino, pero el nuevo trabajo aporta una comparación directa con la pubertad y el embarazo y extiende la observación a todo el cerebro.

Una comparación longitudinal con los mismos métodos

Una de las principales aportaciones del estudio reside en haber aplicado procedimientos analíticos equivalentes a las tres etapas. Hasta ahora, buena parte de la evidencia procedía de investigaciones independientes, con diseños, equipos y criterios de evaluación diferentes que dificultaban establecer comparaciones.

La inclusión de grupos estables también permitió estimar si una variación correspondía específicamente al paso de una etapa reproductiva a otra. Esta distinción resulta fundamental porque el volumen de materia gris cambia de manera natural durante la adolescencia y el envejecimiento.

En el caso de la pubertad, la primera menstruación se utilizó como referencia para identificar la transición. Ese indicador también ocupa un lugar relevante en investigaciones sobre factores asociados con los cambios en la edad de la primera menstruación, aunque esos trabajos responden a preguntas científicas diferentes.

Los cambios estructurales no equivalen a deterioro cerebral

Una reducción del volumen de materia gris observada mediante resonancia magnética no debe interpretarse automáticamente como pérdida de capacidad o enfermedad. Durante etapas de desarrollo y adaptación, estas diferencias pueden reflejar procesos de reorganización, especialización o ajuste de los circuitos cerebrales.

El trabajo se concentró en la estructura del cerebro y no establece que los patrones encontrados causen síntomas cognitivos, emocionales o neurológicos. Tampoco permite utilizar las resonancias como una prueba clínica para predecir cómo vivirá cada mujer estas transiciones.

Esta cautela es importante ante manifestaciones como los problemas de atención o memoria que algunas mujeres describen durante el climaterio. Una revisión sobre la niebla mental asociada con la menopausia señala la necesidad de valorar su frecuencia, intensidad y repercusión, sin asumir que cualquier olvido responde únicamente a los cambios hormonales.

Limitaciones que obligan a interpretar los resultados con prudencia

Los autores reconocen que el estado menopáusico fue establecido a partir de la información aportada por las participantes. Además, las tres cohortes no contaban con mediciones hormonales comparables que permitieran relacionar directamente las concentraciones de hormonas sexuales con las modificaciones cerebrales.

Las imágenes también procedían de diferentes equipos de resonancia magnética. Aunque el análisis buscó armonizar los procedimientos, esta variabilidad técnica obliga a mantener cautela al comparar la magnitud de los cambios entre grupos.

Para precisar los mecanismos biológicos serán necesarios estudios con exploraciones más frecuentes, protocolos de imagen homogéneos y mediciones hormonales obtenidas en momentos equivalentes. Esos trabajos también deberán examinar cómo se relacionan las modificaciones estructurales con el funcionamiento cognitivo, el estado de ánimo y la salud neurológica a largo plazo.

Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Nature Communications