Un seguimiento de 506 niñas relacionó determinados fungicidas con una menarquia más temprana y un metabolito del clorpirifós con su retraso
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
La exposición a determinados pesticidas se asoció con cambios en la edad de la primera menstruación en un estudio realizado con 506 niñas de cuatro regiones de España, según una investigación coordinada por la Universidad de Granada y el Instituto de Investigación Biosanitaria ibs.GRANADA.
El trabajo encontró que concentraciones urinarias más elevadas de un residuo de fungicidas se relacionaron con una menarquia más temprana, mientras que la detección de un metabolito del insecticida clorpirifós se vinculó con un retraso en la llegada de la primera regla.
Los resultados, publicados en la revista Environmental Research, proceden del Proyecto INMA, una iniciativa que estudia cómo las exposiciones ambientales durante la infancia pueden influir en el crecimiento y la salud posterior.
El estudio siguió a las niñas hasta la adolescencia
La investigación incluyó participantes de Asturias, Guipúzcoa, Sabadell y Valencia. Las muestras de orina fueron recogidas entre 2013 y 2016, cuando las niñas tenían entre 7 y 10 años.
Posteriormente, el equipo realizó un seguimiento hasta que las participantes alcanzaron entre 14 y 16 años, con el objetivo de registrar la edad exacta de su primera menstruación y compararla con los niveles de exposición previamente detectados.
Este diseño longitudinal permitió analizar la exposición antes del inicio de la menstruación, en lugar de basarse exclusivamente en mediciones realizadas después de la pubertad.
Los resultados muestran asociaciones estadísticas, pero no demuestran por sí solos que los pesticidas analizados sean la causa directa de los adelantos o retrasos observados. La edad de la menarquia depende también de factores genéticos, nutricionales, metabólicos, sociales y ambientales.
Un residuo de fungicidas se vinculó con menarquia precoz
La primera asociación significativa correspondió a la etilenotiourea, conocida como ETU, un producto de degradación relacionado con fungicidas del grupo de los ditiocarbamatos.
Las niñas con concentraciones más altas de ETU en la orina tendieron a presentar su primera menstruación a una edad más temprana que aquellas con niveles inferiores.
La ETU posee actividad antitiroidea, por lo que los investigadores plantean que una posible alteración de las hormonas tiroideas podría participar en el cambio de la cronología puberal. Este mecanismo todavía requiere nuevas investigaciones para ser confirmado.
La glándula tiroides interviene en el metabolismo, el crecimiento y el desarrollo. La exposición a sustancias capaces de alterar su funcionamiento forma parte de la preocupación sanitaria sobre los efectos de los disruptores endocrinos sobre la salud tiroidea.
El clorpirifós se asoció con un retraso menstrual
La segunda relación observada involucró al TCPy, un metabolito que se utiliza como indicador de exposición al clorpirifós, un insecticida organofosforado.
La presencia de este compuesto se vinculó con una llegada más tardía de la primera menstruación. La asociación fue más marcada entre las niñas con sobrepeso u obesidad.
Este resultado apunta a una posible interacción entre la exposición química y el estado nutricional. El tejido adiposo participa en la regulación hormonal y puede modificar la forma en que el organismo responde a ciertos contaminantes.
La obesidad durante la infancia también se relaciona con cambios metabólicos y biológicos durante la pubertad. Investigaciones recientes han identificado huellas epigenéticas asociadas con la obesidad infantil y la resistencia a la insulina, aunque esos hallazgos corresponden a mecanismos diferentes de los evaluados en este trabajo.
Los pesticidas pueden interferir con las hormonas
Algunos pesticidas o sus productos de degradación actúan como disruptores endocrinos, sustancias capaces de imitar, bloquear o modificar las señales hormonales del organismo.
La infancia y la pubertad son periodos especialmente sensibles porque durante esas etapas se producen cambios coordinados en el cerebro, las glándulas endocrinas y los órganos reproductivos.
Una interferencia hormonal no tiene necesariamente el mismo efecto en todas las personas. La respuesta puede depender de la dosis, el momento de exposición, la combinación de compuestos, la genética, el estado nutricional y otras condiciones individuales.
Los investigadores destacan que la población general puede entrar en contacto con residuos de pesticidas a través de los alimentos, el ambiente doméstico o determinadas exposiciones laborales y residenciales.
La edad de la menarquia influye en la salud posterior
La primera menstruación es uno de los principales indicadores del desarrollo puberal femenino. Su aparición demasiado temprana o tardía puede reflejar cambios en la maduración hormonal y corporal.
Una pubertad adelantada se ha asociado en estudios epidemiológicos con mayor vulnerabilidad psicológica durante la adolescencia y con un aumento del riesgo de algunas enfermedades hormonodependientes en la edad adulta.
Una menarquia tardía también puede estar relacionada con factores nutricionales, alteraciones hormonales, actividad física intensa, bajo peso o determinadas exposiciones ambientales.
Estas asociaciones no significan que una variación individual en la edad de la primera regla determine por sí sola la aparición de una enfermedad. Su valor clínico y epidemiológico reside en que puede servir como señal del desarrollo hormonal y de las condiciones vividas durante la infancia.
El sobrepeso modificó la asociación observada
El efecto más pronunciado del metabolito del clorpirifós entre las niñas con sobrepeso u obesidad refuerza la necesidad de analizar conjuntamente las exposiciones ambientales y el estado metabólico.
La grasa corporal interviene en la producción y transformación de hormonas sexuales. También puede almacenar algunas sustancias químicas y modificar su distribución o eliminación dentro del organismo.
La pubertad constituye una etapa de cambios metabólicos intensos, por lo que el seguimiento de la alimentación, el peso, la actividad física y los indicadores hormonales puede ayudar a identificar alteraciones de manera temprana.
La relación entre desarrollo, hormonas y características corporales también explica por qué el desarrollo mamario y otros cambios físicos presentan ritmos diferentes durante la pubertad.
Clorpirifós y varios fungicidas están prohibidos en la Unión Europea
El clorpirifós dejó de estar autorizado en la Unión Europea debido a preocupaciones sobre sus posibles efectos adversos, especialmente durante el desarrollo neurológico.
También fueron retiradas las autorizaciones de varios fungicidas ditiocarbamatos, entre ellos el mancozeb y el maneb, por riesgos relacionados con la salud y el medioambiente.
La detección de metabolitos en muestras humanas puede reflejar exposiciones ocurridas antes de esas prohibiciones, residuos presentes en productos importados, persistencia ambiental o contacto con compuestos que comparten productos de degradación.
En otros países continúa el debate sobre sustancias agrícolas de riesgo. En El Salvador, por ejemplo, organizaciones sociales han propuesto prohibir el clorpirifós y otros agrotóxicos por sus posibles impactos sanitarios.
Una sola muestra no representa toda la exposición
Los pesticidas analizados son considerados no persistentes porque el organismo suele metabolizarlos y eliminarlos con relativa rapidez. Por esta razón, una muestra de orina refleja principalmente una exposición reciente y puede no representar con precisión el contacto acumulado durante meses o años.
Esta característica constituye una de las limitaciones del estudio. Las concentraciones pueden variar según la alimentación, el lugar de residencia, la estación del año y las actividades realizadas antes de recoger la muestra.
Los investigadores ajustaron sus análisis para considerar distintos factores que podían influir en la pubertad, pero reconocen que no es posible descartar por completo la intervención de otras exposiciones o características no medidas.
El trabajo tampoco permite establecer que todas las niñas expuestas a ETU o TCPy experimentarán cambios en la menarquia. Las asociaciones se observaron a escala poblacional y deben confirmarse mediante nuevos estudios.
Los autores piden ampliar la investigación
El equipo considera necesario repetir el análisis en otras poblaciones, incorporar mediciones realizadas en diferentes momentos y estudiar mezclas de pesticidas en lugar de evaluar los compuestos de forma aislada.
También será importante investigar los mecanismos biológicos que podrían explicar por qué algunos residuos se relacionan con un adelanto de la menstruación y otros con un retraso.
El seguimiento prolongado permitirá comprobar si las diferencias observadas en la edad de la menarquia se acompañan de cambios posteriores en la salud reproductiva, metabólica o psicológica.
Los resultados respaldan la vigilancia de los contaminantes ambientales durante la infancia y la necesidad de reducir exposiciones evitables, sin trasladar toda la responsabilidad a las familias ni generar alarma sobre alimentos concretos.
La pubertad depende de múltiples factores
La cronología de la pubertad surge de la interacción entre herencia genética, alimentación, composición corporal, actividad física, condiciones sociales, salud general y ambiente químico.
Los pesticidas representan una pieza dentro de ese conjunto. El estudio español aporta evidencia prospectiva de que determinados residuos medidos antes de la adolescencia pueden asociarse con cambios posteriores en la primera menstruación.
La interpretación debe mantenerse dentro de los límites del diseño científico: se identificaron asociaciones relevantes, pero todavía no se ha demostrado una relación causal ni se ha definido una dosis individual a partir de la cual aparezca una alteración.
La investigación fue coordinada por Carmen Freire, del Departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología Física de la Universidad de Granada, junto con especialistas del Proyecto INMA y distintos centros españoles de investigación en salud y medioambiente.
Fuentes referenciales:
Universidad de Granada
Environmental Research
