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La leche materna limita genes de resistencia en bebés


Un estudio vincula la lactancia exclusiva y determinados oligosacáridos humanos con una menor abundancia y diversidad de genes de resistencia a los antibióticos en el intestino infantil


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.


La composición de la leche materna podría influir en la formación del conjunto de genes de resistencia a los antibióticos presente en el intestino de los bebés. Un estudio internacional encontró que la lactancia materna exclusiva se asocia con una menor abundancia y diversidad de estos genes durante una etapa decisiva para el establecimiento de la microbiota intestinal.

La investigación, publicada en Cell Reports Medicine, examinó la relación entre la alimentación infantil, el tipo de parto, la composición de la leche y el denominado resistoma intestinal. Este término engloba los genes que permiten a determinadas bacterias resistir la acción de uno o varios antibióticos, aunque su detección no significa que el niño padezca una infección resistente.

El trabajo fue encabezado por Anna Samarra y María Carmen Collado, investigadoras vinculadas al Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universitat Politècnica de València. El equipo contó con participación de especialistas de varias instituciones internacionales.

El resistoma comienza a formarse desde los primeros meses

Durante el inicio de la vida, miles de millones de microorganismos colonizan progresivamente el intestino. Al mismo tiempo maduran el sistema inmunitario, el metabolismo y distintos procesos relacionados con el neurodesarrollo, por lo que las alteraciones ocurridas en esta etapa pueden dejar efectos prolongados.

Las bacterias intestinales pueden portar genes de resistencia sin causar enfermedad. El problema aparece cuando esos elementos se acumulan, circulan entre microorganismos o llegan a patógenos capaces de provocar infecciones. Comprender cómo se establece este reservorio temprano resulta relevante para las estrategias de salud pública frente a la resistencia antimicrobiana.

Los resultados indican que los bebés alimentados exclusivamente con leche materna presentaron, en promedio, una menor carga y variedad de genes de resistencia que aquellos expuestos a otras formas de alimentación. La relación se mantuvo dentro de un escenario biológico complejo, condicionado también por el parto, el uso de antibióticos y las comunidades bacterianas que colonizan inicialmente el intestino.

La investigación amplía los conocimientos sobre cómo la composición de la leche materna varía entre mujeres y puede relacionarse con diferentes aspectos del crecimiento y el desarrollo durante los primeros meses.

Los oligosacáridos favorecen a bacterias intestinales específicas

Uno de los focos del trabajo fueron los oligosacáridos de la leche humana, conocidos como HMO por sus siglas en inglés. Estos carbohidratos complejos no se destinan principalmente a nutrir al bebé de manera directa, sino que sirven como sustrato para determinados microorganismos beneficiosos, especialmente varias especies de Bifidobacterium.

Algunas de estas bacterias están adaptadas para utilizar los oligosacáridos y pueden ganar espacio frente a otros microorganismos menos favorables. El estudio identificó asociaciones entre HMO específicos, una mayor presencia de bifidobacterias y una reducción de determinados genes de resistencia en la microbiota infantil.

La leche humana contiene, además, proteínas, anticuerpos, células, microorganismos, grasas, hormonas y metabolitos que actúan de manera coordinada. Una investigación anterior sobre la osteopontina y la inmunidad neonatal mostró otro mecanismo mediante el cual un componente lácteo puede modificar la microbiota y enviar señales relacionadas con la maduración de las defensas.

La composición de los oligosacáridos no es idéntica en todas las madres. Una diferencia importante depende del llamado estado secretor materno, determinado por la actividad del gen FUT2. Esta característica modifica la presencia de ciertos HMO fucosilados y, según los resultados, también se relaciona con la configuración del resistoma del bebé.

El parto por cesárea se asoció con una mayor diversidad

El análisis encontró que el nacimiento por cesárea se asociaba con una mayor diversidad de genes de resistencia a los antibióticos. Los bebés nacidos de esta forma encuentran inicialmente comunidades microbianas diferentes a las de quienes atraviesan el canal del parto, aunque la alimentación y el entorno continúan modificando la microbiota después del nacimiento.

Esta asociación no permite afirmar que una cesárea cause por sí sola resistencia antimicrobiana ni cuestiona su utilización cuando existe una indicación médica. El tipo de parto se integra con numerosos factores, entre ellos la hospitalización, la exposición a medicamentos, la edad gestacional y la alimentación posterior.

Los autores observaron que la lactancia exclusiva podía actuar en sentido contrario, al favorecer una comunidad microbiana con menor abundancia y diversidad de genes de resistencia. La investigación plantea así que la leche materna podría contribuir a modular parte de los efectos asociados con las exposiciones ocurridas alrededor del nacimiento.

Una asociación biológica que no equivale a protección absoluta

Los hallazgos no demuestran que la lactancia impida que un bebé contraiga una infección resistente ni garantizan que los antibióticos funcionarán siempre. El estudio describe asociaciones entre alimentación, componentes de la leche, bacterias intestinales y genes de resistencia; no establece una protección clínica absoluta para cada niño.

El resistoma también cambia con el tiempo. La utilización de antibióticos puede reducir microorganismos sensibles y favorecer la permanencia de aquellos que poseen mecanismos de resistencia. Por esta razón, estos medicamentos deben emplearse únicamente cuando exista una indicación profesional y siguiendo la dosis y duración prescritas.

La relevancia sanitaria de este principio también aparece en otros contextos. Al tratar infecciones como la causada por la bacteria Helicobacter pylori, la selección adecuada de antibióticos resulta esencial para evitar tratamientos innecesarios y limitar la expansión de la resistencia antimicrobiana.

Los resultados no deben utilizarse para culpabilizar a las madres

La investigación aporta evidencia sobre los beneficios biológicos de la lactancia, pero no convierte la forma de alimentar al bebé en una decisión aislada de las circunstancias médicas, familiares y sociales. Algunas mujeres no pueden amamantar, producen una cantidad insuficiente, necesitan determinados tratamientos o eligen otra alternativa por razones personales.

Cuando la lactancia materna no es posible o no cubre las necesidades del niño, las fórmulas infantiles reguladas permiten proporcionar una alimentación segura. Los resultados tampoco justifican añadir oligosacáridos, probióticos u otros suplementos por cuenta propia ni modificar la preparación recomendada por el fabricante y el equipo pediátrico.

Los investigadores consideran que conocer qué componentes de la leche se relacionan con un resistoma más reducido podría orientar futuros estudios sobre nutrición infantil y prevención. Sin embargo, desarrollar intervenciones específicas requerirá confirmar los mecanismos, identificar las cantidades relevantes y evaluar su seguridad en poblaciones diversas.

El trabajo refuerza una visión de la leche materna como un sistema biológico activo que ayuda a organizar las primeras comunidades intestinales. También muestra que la respuesta mundial frente a la resistencia antimicrobiana comienza antes de que aparezca una infección: incluye el uso responsable de antibióticos, la vigilancia de los genes de resistencia y el estudio de los factores que moldean la microbiota desde el nacimiento.

Fuentes referenciales:
The Conversation
Proyecto Mainbiotics del IATA-CSIC