Un estudio de la Universidad de las Islas Baleares analizó alrededor de 160 metabolitos en muestras de 52 mujeres y encontró asociaciones con el peso, la alimentación materna y el crecimiento inicial del bebé
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación de la Universidad de las Islas Baleares muestra que la leche materna no posee una composición idéntica en todas las mujeres. El análisis de muestras correspondientes a 52 parejas de madres y bebés identificó diferencias metabólicas relacionadas con el peso materno, la adherencia a la dieta mediterránea y las trayectorias de crecimiento infantil durante el primer mes de vida.
El trabajo, publicado en la revista científica Food Frontiers, estudió alrededor de 160 metabolitos presentes en la leche. Estos compuestos de pequeño tamaño participan en procesos como la obtención de energía, la síntesis celular y la comunicación entre diferentes sistemas del organismo.
Los resultados no implican que exista una leche materna “buena” y otra “mala”. Revelan que este alimento es un fluido biológico dinámico cuya composición refleja, al menos parcialmente, características metabólicas y nutricionales de cada madre. También plantean nuevas preguntas sobre la relación entre esos componentes y el desarrollo temprano del lactante.
Un seguimiento de madres y bebés durante el primer mes
El estudio incluyó a 52 mujeres de entre 18 y 45 años y a sus hijos nacidos a término. Los investigadores recopilaron información antropométrica en el nacimiento y un mes después del parto, junto con muestras de leche materna y datos sobre la alimentación de las participantes.
Para estudiar la dieta se utilizaron cuestionarios sobre los alimentos consumidos antes de tomar las muestras y sobre la frecuencia habitual de consumo. Posteriormente, el equipo aplicó un análisis metabolómico no dirigido, una técnica que permite detectar simultáneamente numerosos compuestos y comparar sus concentraciones entre diferentes grupos.
Este enfoque amplía la comprensión de la leche humana más allá de sus macronutrientes. Además de grasas, proteínas y carbohidratos, contiene hormonas, anticuerpos, microorganismos, enzimas y otros elementos bioactivos. Investigaciones anteriores han explicado cómo la leche materna ayuda a organizar el microbioma intestinal del bebé durante una etapa especialmente sensible del desarrollo.
El peso materno se asoció con varios metabolitos
Las madres con sobrepeso u obesidad presentaron, en promedio, concentraciones más altas de lactosa y niveles inferiores de ácido orótico, sulfato de 3-indoxilo, ácido heneicosanoico y N1-metilguanosina frente a las participantes con normopeso.
La lactosa es el principal carbohidrato de la leche humana y constituye una fuente importante de energía para el recién nacido. El ácido orótico, por su parte, interviene como compuesto intermedio en la formación de nucleótidos, moléculas necesarias para procesos celulares fundamentales.
El hallazgo representa una asociación estadística y no demuestra que el peso materno cause directamente cada diferencia observada. La producción de leche está influida por numerosos factores, entre ellos el momento de la lactancia, la genética, el estado metabólico, la dieta y las características de cada toma.
Además, los autores señalaron una limitación relevante: ninguno de los metabolitos identificados conservó significación estadística después de aplicar la corrección por comparaciones múltiples. Esta circunstancia obliga a interpretar los resultados como indicios que deben confirmarse en poblaciones más amplias.
La dieta mediterránea dejó señales en la leche
El equipo también comparó la composición de la leche según la adherencia de las madres a un patrón mediterráneo de alimentación. Las participantes con menor adherencia presentaron niveles inferiores de ácido cítrico, N6-succiniladenosina, ácido úrico y ácido eicosenoico, además de una concentración más alta de una acilcarnitina.
El ácido cítrico apareció en mayores concentraciones entre quienes seguían con mayor proximidad la dieta mediterránea. Este patrón alimentario suele priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, aunque el estudio no permite atribuir los cambios a un alimento aislado.
El consumo materno de fruta y pescado figuró entre los factores dietéticos más relacionados con una trayectoria de crecimiento infantil considerada adecuada durante el primer mes. Se trata nuevamente de una relación observacional: los datos no prueban que aumentar por sí solo esos alimentos modifique la leche o determine el peso del bebé.
La investigación respalda la idea de que la nutrición durante la lactancia merece atención sanitaria, pero no justifica dietas restrictivas, suplementos sin indicación profesional ni mensajes que culpabilicen a las madres. La alimentación debe valorarse de forma integral, considerando la salud, las necesidades energéticas, las preferencias y las circunstancias de cada mujer.
El ácido orótico apareció vinculado al crecimiento
Uno de los resultados más destacados fue la relación entre el ácido orótico y la evolución del peso infantil. Los bebés que recibían leche con concentraciones menores de este metabolito mostraron una trayectoria de crecimiento más acelerada durante el primer mes.
El análisis también encontró diferencias en otros compuestos —entre ellos urea, lisina, determinados ácidos grasos y una acilcarnitina— según los bebés descendieran, mantuvieran o aumentaran su percentil de peso.
Estos resultados no indican que crecer más rápidamente sea siempre mejor. La interpretación del desarrollo infantil requiere observar el peso, la longitud, la edad gestacional, la alimentación, los antecedentes médicos y la trayectoria individual. Un único metabolito tampoco puede explicar por sí mismo un proceso tan complejo.
El tamaño reducido de la muestra, el seguimiento limitado a un mes y el carácter observacional del estudio impiden establecer causalidad o anticipar consecuencias a largo plazo. Será necesario repetir el análisis en grupos más numerosos y diversos, con varias muestras a lo largo de la lactancia y un seguimiento prolongado de los niños.
La leche humana cambia durante toda la lactancia
La variabilidad entre madres se suma a los cambios que ocurren dentro de una misma mujer. La composición evoluciona desde el calostro hasta la leche de transición y madura, se modifica a lo largo del día e incluso puede variar entre el comienzo y el final de una toma.
Esta complejidad ayuda a explicar por qué resulta difícil reproducir todos sus componentes en los preparados infantiles. Un análisis sobre la composición y regulación de las fórmulas para lactantes destaca que estos productos cubren necesidades nutricionales esenciales cuando la lactancia materna no es posible o resulta insuficiente, aunque no contienen necesariamente todos los compuestos bioactivos de la leche humana.
Otros estudios examinan funciones específicas de esas sustancias. La osteopontina presente en la leche materna, por ejemplo, ha mostrado en modelos preclínicos una interacción con la microbiota y con señales relacionadas con la maduración de las defensas. Estos resultados todavía no deben trasladarse automáticamente a recomendaciones clínicas.
También se ha investigado cómo los anticuerpos maternos calibran la respuesta inmunitaria neonatal frente a los microorganismos intestinales. En conjunto, estos trabajos presentan la leche como un sistema biológico activo y no únicamente como una combinación de calorías y nutrientes.
Los hallazgos no deben aumentar la presión sobre las madres
La diversidad metabólica observada no significa que una madre con sobrepeso, una dieta imperfecta o dificultades durante la lactancia esté ofreciendo una alimentación inadecuada. El estudio identifica patrones poblacionales y no proporciona una prueba para calificar la leche de una mujer ni predecir individualmente el crecimiento de su bebé.
Las dudas sobre la cantidad producida, el agarre, el dolor o la evolución del peso deben abordarse con profesionales de pediatría, obstetricia, enfermería o asesoría en lactancia. La valoración clínica permite diferenciar las variaciones normales de los problemas que requieren intervención.
Cuando amamantar no es posible, no es suficiente o no forma parte de la decisión familiar, los preparados para lactantes constituyen una alternativa regulada. La prioridad sanitaria debe ser que el bebé reciba una nutrición segura y que la madre tenga información rigurosa, acompañamiento y libertad frente a la culpabilización.
El principal aporte de la investigación es mostrar que estudiar la leche de forma individualizada puede ayudar a comprender mejor la nutrición temprana. Confirmar qué metabolitos participan directamente en el crecimiento requerirá nuevas investigaciones capaces de separar el efecto de la leche de otros factores biológicos, familiares y ambientales.
Fuentes referenciales:
The Conversation
Food Frontiers
