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El corazón y la respiración ayudan al cerebro a procesar la realidad

Asa Young explicó que los latidos del corazón, la respiración y el ritmo gástrico organizan grupos de neuronas y modulan su receptividad a la información. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una revisión científica de la Universidad de California en Santa Bárbara explica cómo los ritmos corporales sincronizan la actividad neuronal e influyen en la memoria, el miedo y las emociones


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.


Los latidos del corazón, la respiración y la actividad rítmica del estómago pueden organizar la respuesta de las neuronas e influir en procesos como la memoria, la percepción del miedo y la conciencia corporal. Así lo plantea una revisión científica encabezada por investigadores de la Universidad de California en Santa Bárbara, Estados Unidos.

El trabajo, publicado en Neuroscience of Consciousness, propone que la experiencia consciente no se origina exclusivamente en el cerebro. Según sus autores, surge de una comunicación continua entre la actividad neuronal y las señales procedentes de los órganos internos.

La investigación fue realizada por Asa Young, del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la Universidad de California en Santa Bárbara; Marissa Ericson, de la Universidad del Sur de California; y Jonathan W. Schooler, profesor de Psicología y Neurociencia en la primera institución.

Los autores revisaron evidencia previa sobre la sincronización entre los ritmos corporales y cerebrales. Por tanto, el artículo no describe un único experimento clínico ni demuestra que modificar voluntariamente los latidos o la respiración permita controlar recuerdos y emociones. Su aporte consiste en integrar distintos hallazgos dentro de un marco teórico sobre la relación entre cuerpo, cerebro y conciencia.

Los ritmos corporales marcan ventanas de actividad neuronal

El corazón, los pulmones y el aparato digestivo mantienen ciclos relativamente regulares. Esas señales llegan al sistema nervioso y pueden sincronizarse con oscilaciones cerebrales más rápidas, creando momentos en los que determinados grupos de neuronas se muestran más o menos receptivos a la información.

Young explicó que el cerebro no actúa como un receptor pasivo de mensajes corporales. Los latidos, la respiración y el ritmo gástrico proporcionan patrones previsibles alrededor de los cuales puede organizarse la actividad neuronal.

Esta coordinación ayuda a comprender por qué el estado del organismo interviene en la manera de percibir el entorno. El cerebro interpreta estímulos externos mientras recibe información continua sobre la presión arterial, la expansión de los pulmones, el ritmo cardíaco y la actividad de los órganos internos.

La interacción también complementa investigaciones sobre el funcionamiento autónomo del sistema cardiovascular, como el descubrimiento de neuronas cardíacas que regulan la respuesta del corazón al estrés. Ambos enfoques muestran que la comunicación entre cerebro y órganos es bidireccional y más compleja que una cadena de órdenes en un solo sentido.

La inhalación puede favorecer determinados recuerdos

La revisión recoge estudios según los cuales una imagen puede recordarse mejor cuando se presenta durante la inhalación que durante la exhalación. También señala que las personas suelen inspirar antes de comenzar una tarea que exige atención y expulsar el aire cuando emiten una respuesta.

Estos patrones sugieren que las fases respiratorias pueden coincidir con momentos de mayor disponibilidad para captar o recuperar información. La respiración no crearía el recuerdo por sí misma, pero podría modular el estado neuronal en el instante en que el cerebro procesa un estímulo.

El mecanismo encaja con una visión en la cual la memoria depende no solo del contenido observado, sino también del estado fisiológico existente cuando se registra la experiencia. Factores como la atención, el estrés y el descanso igualmente intervienen, tal como muestran las investigaciones sobre los cambios de atención y memoria asociados con la salud cerebral.

Los resultados citados tampoco significan que respirar de una forma concreta garantice una mejor memoria en todas las situaciones. La relación puede variar según la tarea, el estímulo, la persona y el grado de sincronización entre su actividad cerebral y las señales respiratorias.

El latido modifica la percepción de amenazas

La contracción cardíaca constituye otra señal interna capaz de modular la percepción. La evidencia examinada indica que las imágenes amenazantes pueden identificarse con mayor rapidez cuando aparecen durante la sístole, el momento en que el corazón se contrae y bombea la sangre.

En esa misma fase, determinados estímulos neutros, como sonidos, imágenes comunes, sensaciones táctiles o dolorosas, pueden percibirse con menor intensidad. Esta diferencia sugiere que el organismo no procesa de manera uniforme todo lo que sucede entre un latido y el siguiente.

La respuesta tendría una posible función adaptativa: durante un estado de alerta, las señales vinculadas con una amenaza podrían recibir prioridad sobre información menos relevante. Sin embargo, el modelo no establece que cada aceleración cardíaca provoque miedo ni que todas las personas respondan de la misma manera.

Dos individuos con una frecuencia cardíaca semejante pueden mostrar niveles diferentes de acoplamiento entre el pulso y la actividad neuronal. Para los investigadores, la intensidad, el momento y la flexibilidad de esa sincronización resultan más informativos que el número aislado de latidos por minuto.

Un equilibrio relevante para la salud mental

La conexión entre el organismo y el cerebro no necesariamente mejora cuanto más intensa se vuelve. Los autores plantean que el bienestar requiere una influencia suficiente para mantener la conciencia del estado corporal, pero no tan fuerte que todas las sensaciones internas ocupen la atención.

En algunos trastornos de ansiedad, las señales procedentes del cuerpo pueden adquirir una presencia excesiva. Las palpitaciones, los cambios respiratorios u otras sensaciones reciben entonces una atención intensa y pueden alimentar la percepción de amenaza. En la depresión, por el contrario, ciertos estudios han observado una menor sensibilidad hacia el estado interno del organismo.

Esta propuesta no reduce los trastornos mentales a un problema respiratorio o cardíaco. La ansiedad y la depresión presentan causas y manifestaciones diversas que requieren evaluación profesional. El marco científico apunta a que algunas alteraciones podrían involucrar el momento, la intensidad o la flexibilidad con que se comunican el cerebro y el cuerpo.

Las prácticas que actúan sobre la regulación fisiológica también son objeto de investigación. El análisis sobre cómo regular el sistema nervioso frente al estrés aborda ejercicios de respiración y atención plena, mientras que los estudios sobre yoga, meditación y actividad cerebral examinan posibles efectos sobre la respuesta al estrés. Estas estrategias pueden complementar el bienestar, pero no sustituyen el diagnóstico ni el tratamiento médico.

La conciencia depende del intercambio entre cuerpo y cerebro

La revisión cuestiona la imagen del cerebro como una estructura aislada que produce por sí sola la experiencia humana. La percepción, las emociones, la conciencia corporal y el sentido de identidad se forman, al menos parcialmente, mediante la información que asciende desde el corazón, los pulmones y el sistema digestivo.

Los investigadores sostienen que separar la mente del cuerpo conduce a una falsa dicotomía. Aunque un cerebro aislado pudiera conservar alguna actividad neuronal, carecería de los ritmos internos que acompañan y organizan las experiencias de un organismo vivo.

El marco propuesto deberá evaluarse mediante nuevas investigaciones que comparen la sincronización cerebro-cuerpo en personas sanas y en pacientes con alteraciones neurológicas o psiquiátricas. También será necesario establecer qué patrones representan diferencias normales y cuáles podrían convertirse en indicadores clínicos.

Fuentes referenciales:
Infobae
Universidad de California en Santa Bárbara
Neuroscience of Consciousness