Un estudio con ratas detectó cambios mensurables en la viscosidad y rigidez de la región cerebral vinculada con la memoria, un hallazgo que abre nuevas vías para investigar la menopausia
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de la Universidad de Delaware, en Estados Unidos, demostraron que las fluctuaciones del estrógeno pueden modificar las propiedades mecánicas del hipocampo, una región cerebral esencial para la memoria y el aprendizaje. El descubrimiento fue obtenido en ratas mediante una modalidad especializada de resonancia magnética capaz de medir la rigidez y la viscosidad de los tejidos.
Los resultados revelan una dimensión hasta ahora poco estudiada de la relación entre las hormonas y el cerebro. Aunque desde hace décadas se sabe que el estrógeno interviene en la reorganización de las conexiones neuronales, el nuevo trabajo permitió observar que sus variaciones también producen cambios físicos mensurables en el tejido cerebral.
La investigación, publicada en la revista científica Brain Communications, ofrece una posible herramienta para seguir la salud neurológica durante etapas caracterizadas por importantes transiciones hormonales. Entre ellas se encuentran la pubertad, el embarazo, la perimenopausia y la menopausia, aunque los resultados todavía deben comprobarse en seres humanos.
La viscosidad del hipocampo aumentó al caer el estrógeno
El equipo examinó repetidamente a ratas hembras durante las cuatro fases de su ciclo estral. Este ciclo no equivale a la menstruación humana, pero presenta oscilaciones hormonales que permiten estudiar en poco tiempo cómo responde el cerebro a las subidas y bajadas del estrógeno.
La principal variación se produjo entre el proestro, fase en la cual el estrógeno alcanza niveles elevados antes de la ovulación, y el estro, cuando su concentración desciende con rapidez. Durante esa transición, el cociente de amortiguamiento del hipocampo aumentó un 38%, lo que indica que el tejido se volvió más viscoso y menos elástico.
Los científicos también registraron una reducción del 10% en la rigidez hipocampal durante el paso del diestro al proestro. En cambio, no encontraron modificaciones relevantes en las propiedades mecánicas del resto del cerebro, lo que apunta a una respuesta especialmente localizada en el hipocampo.
Estos resultados amplían el conocimiento sobre la influencia hormonal en la memoria y se relacionan con investigaciones que examinan la niebla mental durante la menopausia. Sin embargo, el estudio no demuestra todavía que las alteraciones mecánicas observadas causen problemas de memoria o deterioro cognitivo.
Una resonancia mide cómo se comporta el tejido cerebral
Para realizar las mediciones, los investigadores emplearon elastografía por resonancia magnética. A diferencia de una resonancia convencional, destinada principalmente a mostrar la anatomía y determinadas funciones del organismo, esta técnica introduce vibraciones suaves y analiza la propagación de las ondas a través del tejido.
La forma en que esas ondas avanzan permite calcular características como la rigidez, la elasticidad y la viscosidad. Según los autores, esta capacidad podría ayudar a detectar variaciones que no resultan visibles mediante los estudios convencionales de imágenes cerebrales.
El equipo administró posteriormente un medicamento que bloquea los receptores de estrógeno alfa. Al impedir que las células recibieran la señal hormonal, desapareció la variación mecánica asociada al ciclo y el hipocampo permaneció en un estado de viscosidad elevada, comparable al observado durante la fase de menor concentración de estrógeno.
Esta parte del experimento respaldó la relación directa entre la señalización estrogénica y los cambios registrados. No obstante, los autores subrayan que se trata de un modelo animal experimental y que sus conclusiones no deben interpretarse como una indicación para iniciar, suspender o modificar tratamientos hormonales.
Los astrocitos aparecen como mediadores del cambio
Después de obtener las imágenes, los científicos analizaron muestras de la región CA1 del hipocampo, especialmente sensible a las hormonas gonadales. El bloqueo prolongado de los receptores produjo una disminución significativa del número de neuronas y astrocitos, además de una reducción de las espinas dendríticas que participan en la comunicación neuronal.
Los astrocitos, células que sostienen y regulan el entorno de las neuronas, mostraron la respuesta más marcada. En las células que permanecieron después del tratamiento, la expresión de receptores de estrógeno alfa aumentó un 48%, interpretado por los investigadores como una reacción compensatoria ante la pérdida de señal hormonal.
Los cambios en estas poblaciones celulares podrían contribuir a explicar por qué el tejido se vuelve más viscoso cuando disminuye el estrógeno. Esta hipótesis deberá investigarse con nuevos experimentos, pues las mediciones actuales no establecen por sí solas cómo se traducen esas propiedades físicas en el funcionamiento cotidiano del cerebro.
El hallazgo aporta un nuevo ángulo a la investigación sobre envejecimiento cerebral femenino. Otros trabajos han explorado la relación entre factores hormonales y neurológicos, incluido el vínculo del cortisol con el riesgo de Alzheimer en mujeres posmenopáusicas y las preguntas aún abiertas sobre estrógeno, menopausia y prevención de la demencia.
La posible aplicación en la menopausia aún debe comprobarse
El equipo trabaja ahora con modelos animales de menopausia para determinar qué ocurre cuando la producción de estrógeno se mantiene baja de forma prolongada, en lugar de fluctuar durante un ciclo. Una de las hipótesis es que el hipocampo podría quedar temporalmente en un estado mecánico alterado y que ese fenómeno contribuyera a síntomas como la niebla mental.
Para comprobarlo será necesario relacionar las mediciones obtenidas mediante elastografía con pruebas específicas de memoria y aprendizaje. Los investigadores también proyectan estudios paralelos en animales y personas que permitan establecer si el fenómeno observado puede trasladarse a la salud humana.
A largo plazo, la intención es incorporar la elastografía a exploraciones cerebrales rutinarias con menos de un minuto adicional de escaneo. Si futuros estudios validan su utilidad clínica, las propiedades mecánicas del hipocampo podrían convertirse en un indicador no invasivo para observar cómo responde el cerebro a las transiciones hormonales a lo largo de la vida.
Por ahora, el estudio identifica un mecanismo biológico y una herramienta para investigarlo, pero no constituye una prueba diagnóstica ni demuestra que la disminución del estrógeno provoque directamente demencia. La distinción resulta importante porque los problemas cognitivos pueden tener múltiples causas y requieren una evaluación médica individual.
Fuentes referenciales:
Infobae
Universidad de Delaware
Brain Communications
