Un análisis de más de 50.000 personas detectó mayor desconexión social entre fumadores y un aumento de esa sensación durante dos años
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación basada en datos de más de 50.000 adultos mayores de 15 países europeos encontró que las personas que fumaban presentaban niveles más altos de soledad que quienes no consumían tabaco. La asociación también se observó al revisar la evolución de los participantes dos años después.
Los resultados fueron presentados el 7 de septiembre de 2026 durante el Congreso de la Sociedad Respiratoria Europea, celebrado en Barcelona, España. El estudio estuvo encabezado por Keir Philip, profesor clínico de medicina respiratoria del National Heart and Lung Institute del Imperial College de Londres.
Más de 50.000 adultos evaluados en 15 países
Los investigadores utilizaron información de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa, conocida como SHARE. Esta base de datos permite seguir a personas mayores a lo largo del tiempo y comparar aspectos sanitarios, económicos y sociales entre distintos países.
La muestra tenía una edad media de 67 años. Al inicio del estudio, el 22% de los participantes fumaba y el 48,5% convivía con más de dos enfermedades crónicas, dos características consideradas al analizar los resultados.
La soledad fue evaluada mediante una escala desarrollada por la Universidad de California en Los Ángeles. El instrumento pregunta con qué frecuencia una persona siente que carece de compañía, queda excluida o se encuentra aislada de los demás.
Los fumadores actuales registraron puntuaciones iniciales de soledad superiores a las de los no fumadores. Además, durante los dos años siguientes experimentaron un incremento mayor de esa sensación, incluso después de ajustar el análisis por edad, género y otras variables que podían influir.
El patrón mostró pocas diferencias entre regiones europeas
El equipo también examinó si la asociación podía depender de las costumbres o normas sociales de cada país. Los resultados mostraron pocas variaciones regionales, lo que sugiere que el vínculo observado no se limita a una cultura específica.
El nuevo análisis amplía una investigación anterior realizada con 8.780 adultos mayores de Inglaterra, seguidos durante 12 años. Ese trabajo también había relacionado el tabaquismo con un aumento posterior de la soledad y el aislamiento social.
La coincidencia entre ambos estudios cuestiona la percepción del cigarrillo como una herramienta de socialización. Aunque fumar puede formar parte de encuentros o pausas compartidas, los datos indican que su consumo no protege frente a la desconexión social y podría acompañar un deterioro progresivo de las relaciones.
Enfermedades y restricciones podrían favorecer el aislamiento
Los investigadores plantearon varios mecanismos posibles. Las enfermedades vinculadas al consumo prolongado de tabaco pueden limitar la movilidad y dificultar la participación en reuniones, actividades comunitarias o encuentros fuera del hogar.
También señalaron que las restricciones para fumar en espacios públicos y la expansión de los hogares libres de humo han reducido los lugares donde se acepta el consumo. Este cambio protege a la población frente al humo ajeno, pero podría disminuir determinadas oportunidades de interacción para quienes continúan fumando.
Estas explicaciones son hipótesis y no demuestran por sí mismas cómo se origina la asociación. La relación también podría ser bidireccional: la soledad puede influir en el consumo de tabaco y, al mismo tiempo, las consecuencias sanitarias y sociales de fumar pueden intensificar el aislamiento.
Una asociación que no demuestra causalidad
El estudio es observacional, por lo que no permite afirmar que fumar sea la causa directa de la soledad. Aunque los autores ajustaron los resultados por diferentes características personales y clínicas, podrían existir factores no medidos que expliquen parte de la relación.
La edad media de la muestra también limita la extrapolación de los hallazgos a adolescentes y adultos jóvenes. Serán necesarios nuevos estudios para determinar si el mismo patrón aparece en otros grupos de edad y para aclarar la dirección del vínculo.
Des Cox, integrante del Consejo de Defensa de la Sociedad Respiratoria Europea y docente clínico del University College Dublin, destacó que los resultados aportan una razón adicional para abandonar el tabaco. También advirtió que las intervenciones deben ofrecer apoyo sin estigmatizar a quienes fuman.
El apoyo social puede incorporarse al abandono del tabaco
Los hallazgos respaldan un enfoque que combine el tratamiento de la dependencia de la nicotina con la evaluación del bienestar emocional y las redes de apoyo. Preguntar por la soledad, las relaciones personales y la participación comunitaria podría ayudar a identificar barreras que dificultan dejar de fumar.
Los tratamientos para el tabaquismo pueden incluir asesoramiento profesional, apoyo psicológico y medicamentos autorizados, según las necesidades y condiciones clínicas de cada persona. La elección debe realizarse con acompañamiento sanitario, especialmente cuando existen enfermedades crónicas o antecedentes de ansiedad y depresión.
Incorporar actividades sociales saludables durante el proceso también puede ayudar a sustituir las rutinas asociadas al cigarrillo. El objetivo no consiste únicamente en interrumpir el consumo, sino en evitar que la persona pierda espacios de convivencia o afronte la abstinencia en aislamiento.
Fuentes referenciales:
Infobae
Sociedad Respiratoria Europea
