Gastroenteritis, catarros, gripe, bronquiolitis y enfermedad de mano-pie-boca encuentran en las aulas condiciones favorables para propagarse
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Camila Herrera R.
El comienzo del curso escolar vuelve a reunir en aulas y guarderías a niños pequeños que comparten juguetes, superficies, alimentos y espacios cerrados. Esta convivencia favorece la transmisión de virus, bacterias y parásitos capaces de provocar desde diarrea y vómitos hasta resfriados, gripe, bronquiolitis o enfermedad de mano-pie-boca.
Las infecciones forman parte habitual de los primeros años de escolarización, pero su frecuencia no significa que carezcan de riesgos. La deshidratación asociada con una gastroenteritis y las dificultades respiratorias en bebés pueden requerir atención médica, mientras que la higiene, la ventilación, la vacunación y el aislamiento temporal durante los síntomas más transmisibles ayudan a reducir los contagios.
El contacto estrecho facilita la circulación de microorganismos
Los niños de preescolar mantienen una proximidad física constante y todavía están aprendiendo prácticas básicas como lavarse correctamente las manos, cubrirse al toser o evitar llevarse objetos a la boca. Estas circunstancias permiten que los microorganismos pasen directamente entre personas o mediante juguetes, mesas, baños y alimentos contaminados.
Las vías de transmisión dependen del agente. Los virus respiratorios se propagan mediante partículas expulsadas al hablar, toser o estornudar y por el contacto con secreciones. Los patógenos gastrointestinales pueden circular por la ruta fecal-oral cuando una higiene deficiente permite que restos microscópicos contaminen manos, superficies, comida o agua.
La entrada en la escuela también supone para muchos niños la exposición simultánea a microorganismos procedentes de numerosos hogares. Aunque el sistema inmunitario dispone de defensas frente a ellos, la edad, los antecedentes médicos y el estado de vacunación influyen en la evolución de cada infección.
El norovirus destaca entre las causas de gastroenteritis escolar
Un estudio del Instituto de Salud Carlos III realizado durante la pandemia de covid-19 en tres hospitales españoles examinó los patógenos presentes en menores con diarrea. Entre los parásitos aparecieron con mayor frecuencia Giardia y Cryptosporidium, mientras que Escherichia coli y Campylobacter destacaron entre las bacterias.
Sin embargo, las aulas son especialmente favorables para la propagación de virus. María Dolores Fernández-García, responsable del grupo de Gastroenteritis Víricas del Centro Nacional de Microbiología, explicó que el norovirus fue el agente gastrointestinal detectado con mayor frecuencia en los niños con diarrea analizados.
El norovirus puede transmitirse mediante el contacto entre personas, alimentos y superficies contaminadas. Su facilidad para producir brotes en lugares concurridos también queda reflejada en el análisis sobre las características y formas de transmisión del norovirus.
Otros virus relacionados con gastroenteritis escolares son los sapovirus, los adenovirus entéricos y los astrovirus. La prioridad durante los cuadros con diarrea y vómitos es evitar la pérdida excesiva de líquidos y vigilar señales de deshidratación, especialmente en bebés y niños de corta edad.
El rotavirus mantiene una elevada carga mundial
El rotavirus es la causa más común de enfermedad diarreica grave en bebés y niños pequeños a escala mundial, según la Organización Mundial de la Salud. Se transmite con facilidad por la ruta fecal-oral y puede permanecer sobre superficies, una combinación que favorece su circulación en guarderías y centros educativos.
Una investigación del Instituto de Salud Carlos III sobre rotavirus detectados en la Comunidad de Madrid entre 2021 y 2023 analizó su diversidad genética y los factores relacionados con la hospitalización. El estudio no encontró que las diferencias entre las variantes determinaran por sí solas la gravedad de los cuadros.
El factor más destacado fue la vacunación. El riesgo de hospitalización resultó casi cuatro veces mayor entre los niños que no habían completado la pauta frente al rotavirus. La inmunización no evita todas las infecciones, pero reduce de forma importante los cuadros graves, las complicaciones y los ingresos hospitalarios.
En España existen dos vacunas orales contra el rotavirus autorizadas desde 2006. Su incorporación al calendario oficial financiado por el sistema público comenzó en 2024 y se ha desarrollado progresivamente en las comunidades autónomas.
Gripe, catarros y bronquiolitis también llegan a las aulas
La convivencia escolar favorece igualmente la circulación de rinovirus responsables del resfriado común, virus de la gripe, coronavirus y virus respiratorio sincitial. En la mayoría de los casos causan síntomas leves, pero algunos pueden producir complicaciones en bebés, menores con enfermedades previas o niños inmunodeprimidos.
El virus respiratorio sincitial es una causa frecuente de bronquiolitis en lactantes. La infección puede comenzar con congestión, tos o fiebre y avanzar hacia sibilancias o dificultad para respirar. Aunque la mayoría de los casos evoluciona favorablemente, los problemas respiratorios, el rechazo persistente de líquidos o un deterioro evidente requieren valoración sanitaria.
La prevención de las formas graves de gripe también cuenta con herramientas específicas. Un estudio sobre la eficacia de la vacuna antigripal en la población infantil encontró protección frente a resultados que exigían atención médica, lo que refuerza la importancia de seguir las recomendaciones de vacunación correspondientes a cada edad y situación clínica.
La enfermedad de mano-pie-boca es común en preescolar
Los enterovirus ocasionan otra infección habitual en guarderías y aulas infantiles: la enfermedad de mano-pie-boca. Suele manifestarse con fiebre, lesiones dentro de la boca y erupciones o pequeñas ampollas en manos y pies.
Generalmente se trata de una enfermedad leve y autolimitada. No obstante, las molestias bucales pueden dificultar que el niño beba, por lo que las familias deben vigilar la hidratación y consultar con profesionales sanitarios cuando los síntomas sean intensos, persistan o se acompañen de un empeoramiento general.
Los enterovirus se transmiten mediante secreciones respiratorias, líquido de las ampollas y restos fecales. Por esta razón, el lavado de manos después de cambiar pañales o utilizar el baño conserva su importancia incluso cuando las lesiones visibles ya comienzan a mejorar.
Las vacunas reducen la enfermedad grave y la circulación comunitaria
Las vacunas disponibles contra infecciones como rotavirus, gripe, sarampión, varicela o tosferina no actúan todas de la misma manera, pero comparten el objetivo de reducir la enfermedad y sus complicaciones. Mantener las pautas actualizadas protege al niño vacunado y contribuye a limitar la circulación de los microorganismos.
Las coberturas altas son especialmente relevantes para proteger a bebés que todavía no han recibido todas sus dosis y a menores que no pueden vacunarse por determinadas condiciones médicas. El análisis de la respuesta sanitaria frente al aumento del sarampión muestra cómo las brechas de inmunización pueden facilitar nuevos brotes de enfermedades muy contagiosas.
La vigilancia genética también permite comprobar si los virus cambian de una forma que pueda afectar la protección disponible. En el estudio madrileño, las variantes de rotavirus examinadas no habían acumulado mutaciones suficientes para escapar de la respuesta proporcionada por las vacunas.
Lavado de manos, ventilación y permanencia en casa
Las medidas más eficaces para disminuir los contagios escolares son sencillas: lavarse las manos después de ir al baño o cambiar pañales y antes de comer, limpiar las superficies de uso frecuente y mantener ventilados los espacios cerrados.
Los niños con diarrea, vómitos o fiebre no deben acudir al centro educativo mientras atraviesan la fase de mayor transmisión. Esta decisión reduce la exposición de sus compañeros y permite que el menor descanse y reciba los cuidados necesarios.
El estudio del Instituto de Salud Carlos III constató que las medidas preventivas aplicadas durante la pandemia redujeron notablemente las gastroenteritis transmitidas entre personas. El descenso fue menor en las infecciones adquiridas habitualmente desde animales, una diferencia que respalda el efecto específico de la higiene y la reducción del contacto sobre el contagio interpersonal.
Los antibióticos no curan las infecciones causadas por virus y no deben administrarse sin indicación médica. La identificación del agente, la edad del niño, la gravedad de los síntomas y el riesgo de deshidratación o dificultad respiratoria orientan la necesidad de evaluación y tratamiento.
Fuente referencial:
Agencia SINC
