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Un riñón de cerdo libera de la diálisis a un paciente durante nueve meses

Un paciente en una clínica de diálisis en Quito (Ecuador), en una imagen de archivo de 2025. EFE/ José Jácome

El xenotrasplante funcionó como puente hasta la llegada de un órgano humano, aunque el deterioro vascular del injerto obligó a retirarlo


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Santiago Duarte


Un hombre de 66 años con insuficiencia renal terminal permaneció 271 días sin diálisis después de recibir un riñón de cerdo modificado genéticamente en el Mass General Brigham, en Estados Unidos. Tras el fallo del órgano porcino y un periodo de regreso al tratamiento sustitutivo, el paciente recibió un riñón procedente de un donante humano fallecido.

El caso, descrito en la revista médica The Lancet, constituye la primera experiencia documentada en la que un xenotrasplante renal se utilizó como puente temporal hasta disponer de un órgano humano. También representa el periodo más prolongado sin diálisis comunicado hasta ahora en una persona viva tras recibir un riñón porcino.

Un paciente con pocas probabilidades de recibir un riñón humano

El receptor padecía una enfermedad renal terminal causada por diabetes tipo 2. De acuerdo con la evaluación clínica, tenía un 9 % de probabilidades de recibir un riñón humano durante los cinco años siguientes, mientras que el riesgo de morir o ser retirado de la lista de espera superaba el 40 %.

El trasplante se realizó en enero de 2025. El órgano procedía de un cerdo miniatura de Yucatán cuyo material genético había sido modificado para mejorar la compatibilidad con el sistema inmunitario humano. Este tipo de intervención intenta reducir las barreras biológicas que históricamente han provocado el rechazo rápido de órganos animales.

La experiencia se suma a los avances que han llevado al inicio de estudios clínicos con riñones porcinos modificados genéticamente, una línea de investigación destinada a evaluar su seguridad, eficacia y posible utilidad ante la escasez de donantes.

El órgano funcionó de inmediato y permitió abandonar la diálisis

El riñón porcino comenzó a producir orina y desempeñar su función poco después de la intervención. Aunque el paciente experimentó un episodio temprano de rechazo, la complicación respondió al tratamiento administrado por el equipo médico.

Durante los 271 días siguientes no necesitó diálisis. Los controles tampoco encontraron evidencias de transmisión de patógenos porcinos, uno de los riesgos que deben vigilarse en cualquier trasplante de órganos entre especies.

La evaluación del rechazo resulta especialmente importante en estos procedimientos. Incluso en los trasplantes entre seres humanos, la compatibilidad inmunológica entre el donante y el receptor influye en la inflamación, la cicatrización y la duración del injerto, además de determinar las necesidades de inmunosupresión.

Las lesiones vasculares marcaron el límite del xenotrasplante

Alrededor de seis meses después de la operación comenzaron a detectarse lesiones en los vasos sanguíneos del riñón porcino. El daño avanzó hasta comprometer de forma irreversible el funcionamiento del órgano, por lo que fue necesario retirarlo y restablecer la diálisis.

Los análisis no detectaron anticuerpos dirigidos contra el injerto porcino. Este resultado indica que el deterioro pudo responder a un mecanismo diferente del rechazo mediado por anticuerpos observado habitualmente y señala la protección de los vasos sanguíneos como una de las cuestiones que deberán estudiar futuras investigaciones.

Después de varios meses en diálisis, el paciente recibió un riñón humano de un donante fallecido. El órgano funcionaba adecuadamente durante los seis meses de seguimiento incluidos en el informe clínico.

Una opción experimental que todavía exige cautela

El caso muestra que un riñón porcino modificado puede sustituir temporalmente parte de la función renal y evitar la diálisis durante meses. Sin embargo, no demuestra que la estrategia sea segura o eficaz para otros pacientes: el informe describe a una sola persona, carece de grupo de comparación y se desarrolló bajo seguimiento especializado intensivo.

También quedan por resolver la duración de los injertos, las complicaciones vasculares, el control del rechazo y los efectos de la inmunosupresión. La investigación sobre la evolución de receptores renales con diabetes tipo 2 refleja la importancia de vigilar conjuntamente la función del órgano, la enfermedad metabólica y los riesgos asociados al tratamiento.

La diálisis continúa siendo una terapia disponible cuando los riñones dejan de filtrar adecuadamente la sangre. Nuevos métodos para medir urea y creatinina, como las pruebas no invasivas estudiadas en pacientes con insuficiencia renal, también buscan mejorar el seguimiento de quienes dependen de este tratamiento.

Los autores consideran que los xenotrasplantes podrían investigarse inicialmente como una solución puente para pacientes con escasas posibilidades de recibir a tiempo un órgano humano. Para determinar su papel clínico serán necesarios estudios con más participantes, protocolos comparables y seguimientos prolongados.

Fuente referencial:
Agencia SINC