Estado de la Salud Global

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RespiratoriasVigilancia estacional activaLa circulación de influenza, COVID-19 y otros virus respiratorios continúa bajo seguimiento internacional.
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VacunaciónBrechas persistentesLa recuperación de las coberturas avanza de forma desigual y mantiene comunidades expuestas a enfermedades prevenibles.
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Salud mentalDemanda asistencial elevadaLos sistemas sanitarios refuerzan la integración de apoyo psicológico y atención comunitaria en servicios generales.
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NutriciónDoble carga nutricionalDesnutrición, anemia, obesidad y dietas de baja calidad continúan coexistiendo en numerosos países.
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CrónicasMayor acceso, cobertura insuficienteSe amplía la atención de enfermedades no transmisibles, aunque persisten desigualdades diagnósticas y terapéuticas.
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AlertasBrotes bajo seguimientoÉbola, sarampión, dengue, cólera, hantavirus e influenza aviar concentran parte de la vigilancia epidemiológica.
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InvestigaciónInnovación con evaluación reforzadaLa inteligencia artificial médica avanza junto con mayores exigencias de validación, transparencia y seguimiento real.

Seis mitos sobre la demencia que retrasan su detección


Creencias sobre la edad, la memoria, la genética y la prevención pueden dificultar el reconocimiento temprano de este trastorno neurocognitivo


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.


La demencia afecta actualmente a más de 55 millones de personas en el mundo y cada año se diagnostican cerca de 10 millones de nuevos casos. Las proyecciones citadas por Science Focus indican que la cifra global podría alcanzar los 139 millones en 2050, impulsada en parte por el envejecimiento de la población.

A pesar de los avances logrados en la comprensión de los trastornos neurocognitivos, persisten creencias que pueden retrasar la identificación de sus primeras manifestaciones y la búsqueda de atención médica. La neurocientífica Antonella Santuccione Chadha, directora ejecutiva de la Fundación para el Cerebro de la Mujer, explicó que reconocer la diversidad de síntomas y factores de riesgo permite actuar con mayor anticipación.

La detección temprana no depende exclusivamente de observar pérdidas graves de memoria. Algunos cambios cerebrales pueden desarrollarse durante años antes de que el deterioro resulte evidente, una realidad que también impulsa investigaciones sobre indicadores cerebrales tempranos de demencia.

Mito 1: la demencia aparece únicamente durante la vejez

La edad avanzada constituye un factor de riesgo importante, pero la demencia no afecta exclusivamente a personas mayores. Algunos tipos pueden comenzar en etapas más tempranas de la vida y manifestarse antes de los 65 años.

La demencia frontotemporal suele diagnosticarse entre los 45 y los 65 años, mientras que determinados casos de Alzheimer de inicio temprano también aparecen antes de esa edad. Chadha señaló que los procesos cerebrales vinculados con la enfermedad pueden comenzar hasta dos décadas antes de que los síntomas sean reconocibles.

En el Alzheimer, proteínas como el amiloide y la tau pueden acumularse progresivamente e interferir con el funcionamiento de las células nerviosas. Estas alteraciones no siempre se expresan primero mediante olvidos, sino que pueden provocar cambios persistentes en la motivación, el estado de ánimo, la energía o la conducta.

La investigación médica busca reconocer estas modificaciones antes del deterioro avanzado. Algunos estudios ya han identificado factores asociados con la cognición desde la adultez joven, lo que refuerza la importancia de observar la salud cerebral a lo largo de toda la vida.

Mito 2: la demencia solo provoca pérdida de memoria

Los problemas de memoria son una de las manifestaciones más conocidas, pero la demencia puede afectar múltiples capacidades. El tipo de alteración y el orden en que aparecen los síntomas dependen de la enfermedad neurocognitiva involucrada.

En el Alzheimer pueden surgir dificultades para realizar actividades habituales, completar tareas automáticas, organizar acciones o desenvolverse de manera independiente. También pueden presentarse alteraciones en la movilidad, la orientación, el lenguaje y el comportamiento.

En la demencia vascular, las primeras señales pueden estar vinculadas con funciones ejecutivas como la planificación, la concentración, la toma de decisiones y la velocidad para procesar información. Una persona puede conservar ciertos recuerdos y, al mismo tiempo, experimentar problemas relevantes en otras áreas cognitivas.

Esta variedad explica por qué una evaluación clínica no debe limitarse a una sola prueba de memoria. Los especialistas consideran la historia médica, los cambios funcionales, la conducta, las capacidades cognitivas y, cuando corresponde, estudios de imagen o biomarcadores.

Mito 3: la predisposición genética vuelve inevitable la demencia

La genética puede modificar la probabilidad de desarrollar determinados trastornos, pero no permite afirmar que una persona necesariamente padecerá demencia. Variantes como APOE4 están asociadas con un mayor riesgo de Alzheimer, aunque su presencia no equivale a un diagnóstico.

Investigaciones citadas por Science Focus estimaron que cerca del 45% de los casos de demencia podrían retrasarse o reducirse mediante la modificación de factores relacionados con el estilo de vida y el entorno.

Entre las medidas mencionadas se encuentran la actividad física regular, el mantenimiento de relaciones sociales, el descanso adecuado, la actividad intelectual y el control de aspectos vinculados con la nutrición y la salud general.

El aprendizaje permanente también puede contribuir a fortalecer la reserva cognitiva. Actividades como estudiar una nueva habilidad, tocar un instrumento, leer, conversar y ejercitar la orientación estimulan distintas redes cerebrales, una estrategia abordada en las recomendaciones sobre hábitos que fortalecen el cerebro.

Estas prácticas no garantizan que la enfermedad pueda evitarse, pero contradicen la idea de que el riesgo genético elimina cualquier posibilidad de prevención. La susceptibilidad hereditaria interactúa con factores cardiovasculares, metabólicos, sociales y ambientales.

Mito 4: los síntomas son iguales en hombres y mujeres

La demencia no necesariamente se manifiesta de la misma manera en ambos sexos. Algunas diferencias pueden retrasar el reconocimiento del Alzheimer, especialmente cuando las pruebas habituales no reflejan con precisión los cambios que ya están ocurriendo.

Un estudio citado por Science Focus indicó que las mujeres con Alzheimer pueden conservar la memoria verbal durante aproximadamente 2,7 años más que los hombres. Esta ventaja podría hacer que aparenten un mejor funcionamiento durante más tiempo, pese a la existencia de alteraciones cerebrales.

Cuando el deterioro comienza a hacerse visible, algunas investigaciones han observado que la progresión cognitiva podría ser entre un 25% y un 50% más rápida en las mujeres.

Las primeras manifestaciones también pueden diferir. En ellas pueden aparecer ansiedad, depresión, aislamiento social o problemas de sueño, mientras que en los hombres se observan con mayor frecuencia agresividad, impulsividad o comportamientos inapropiados.

Estas diferencias no constituyen reglas aplicables a todas las personas, pero muestran la necesidad de valorar cambios emocionales, conductuales y funcionales además de los resultados de las pruebas tradicionales de memoria.

Mito 5: la terapia hormonal previene el deterioro cognitivo

La relación entre menopausia, estrógeno y cerebro llevó a estudiar si la terapia de reemplazo hormonal podía prevenir la demencia o retrasar el deterioro cognitivo.

El estrógeno interviene en distintos procesos vinculados con la salud cerebral y con mecanismos relacionados con la eliminación del amiloide. Sin embargo, Chadha explicó que la evidencia disponible no permite afirmar que la terapia hormonal reduzca el riesgo de demencia.

Tampoco se ha demostrado de manera suficiente que este tratamiento ralentice la evolución del deterioro cognitivo. Su uso continúa orientado principalmente al manejo de síntomas de la menopausia, entre ellos los sofocos y los sudores nocturnos.

La indicación de una terapia hormonal debe evaluarse individualmente con profesionales sanitarios, considerando síntomas, antecedentes y riesgos. No debe utilizarse como una estrategia preventiva específica contra la demencia sin una indicación médica adecuada.

Mito 6: la salud cardiovascular no influye en el cerebro

El cerebro depende de la circulación sanguínea para recibir oxígeno y nutrientes. Por esa razón, la salud cardiovascular y la función cognitiva mantienen una relación directa y no deben considerarse sistemas independientes.

El daño en los vasos sanguíneos puede aumentar la probabilidad de accidentes cerebrovasculares y contribuir al desarrollo de demencia vascular. Una circulación deficiente también podría intervenir en procesos relacionados con la acumulación de proteínas como el amiloide y la tau.

La hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad, el tabaquismo y la inactividad física son factores que pueden afectar tanto al corazón como al cerebro. Esta conexión explica por qué muchas medidas preventivas se centran en mantener una buena salud vascular.

La evidencia sobre hábitos saludables y riesgo de demencia destaca el valor de combinar actividad física, alimentación equilibrada, sueño suficiente, atención médica y control de enfermedades crónicas, aunque ninguna intervención aislada garantiza evitar la enfermedad.

Reconocer cambios persistentes favorece la consulta temprana

Un olvido ocasional no implica por sí solo la presencia de demencia. La señal de alerta aparece cuando los cambios se vuelven persistentes, progresivos o comienzan a interferir con la vida cotidiana, la organización, el lenguaje, la movilidad, la conducta o la capacidad para realizar tareas habituales.

El diagnóstico requiere una evaluación profesional porque diversos problemas médicos, psicológicos, metabólicos o farmacológicos pueden generar síntomas cognitivos. La valoración temprana permite investigar causas tratables, establecer un seguimiento y ofrecer orientación a la persona afectada y a su entorno.

Los avances en neuroimagen y biomarcadores también buscan mejorar la precisión diagnóstica. Investigaciones recientes han evaluado herramientas capaces de detectar antes la proteína tau del Alzheimer, aunque estos recursos deben interpretarse junto con la historia clínica y las pruebas cognitivas.

Comprender que la demencia puede comenzar antes de la vejez, afectar funciones distintas de la memoria y presentar diferencias entre personas ayuda a reconocer señales que de otro modo podrían atribuirse únicamente al envejecimiento, el estrés o cambios emocionales.

Fuente(s) referenciales

Infobae